Sobre parques y plantas

Nosotros pensaríamos en un “realista” que, seguramente, comenzará preguntando: ¿Cuál vaso?Como cada día trae su afán, parece que octubre comenzó el con el afán de los parques industriales, que no es un afán nuevo, pero del cual se tiene todavía que definir mucho más que la...

Nosotros pensaríamos en un “realista” que, seguramente, comenzará preguntando: ¿Cuál vaso?Como cada día trae su afán, parece que octubre comenzó el con el afán de los parques industriales, que no es un afán nuevo, pero del cual se tiene todavía que definir mucho más que la ubicación, antes de ponerse a discutir el nombre. Sabemos que el principio de la industria, de cualquier industria, es la transformación de materia prima y que en el proceso se genera valor agregado. El principio es el mismo cuando se trata de convertir harina en pan o cuando se trata de obtener plásticos a partir del gas de petróleo. Y por supuesto que a todos nos agradaría que en Tarija aparezcan y prosperen muchas industrias.Pero ahí termina lo sencillo, porque ya hemos visto personas enfrascadas en definir dónde estarán el parque industrial o los parques industriales y eso nos recuerda algo: ¿Dónde quedará finalmente la planta procesadora de aguas residuales? ¿Se hará esa planta? ¿Cuándo?Porque si de aguas residuales hablamos, no es lo mismo la que produce un inodoro doméstico que la que produce una industria. Cualquier industria, o mejor dicho todas las industrias. Eso s lo único concreto, irrefutable y todavía no resuelto en Tarija.Pero no seamos pesimistas. En algún momento transformaremos materias primas y generaremos valor agregado. Algo se ha avanzado para eso, aunque todavía nadie tenga claro si se necesitarán mil hectáreas de terreno, cien hectáreas o diez mil hectáreas.Para el funcionamiento de industrias se necesita, también, como elementos indispensables, trabajo y capital, en ese orden, aunque muchos lo pongan al contrario, o sea capital y trabajo. Supongamos que gracias a la acuciosidad de sus congresistas en la Pluri, Tarija consigue que el Estado canalice hacia las industrias algo de capital viable, es decir, no especulativo, usurero ni agiotista. Estamos pensando como optimistas.Pero tenemos que pensar también en el trabajo. En la “mano de obra” calificada para la industria, que no se limita a unos cuantos ingenieros, sino que exige operarios con diferentes niveles de capacitación y en campos también muy disímiles. Es muy difícil que un plomero reemplace con éxito a un electricista, o a un tornero, para citar sólo un ejemplo.Bolivia hace más de veinte años (es decir mucho antes de que rebalsara la laguna de oxidación en San Luis) había creado una institución especializada en esa “Formación de Mano de Obra”. FOMO, se llamaba. Los políticos la acabaron.No es que nos estemos portando pesimistas. Nosotros también deseamos, anhelamos que en Tarija existan industrias y alguna vez hemos elogiado el “cluster” vitivinícola y hemos invitado a imitarlo. Pero preferimos ser realistas y como la frustración no es sino el resultado de expectativas no satisfechas, preferimos por ahora comenzar preguntando: ¿De cuál vaso están hablando?

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