Recursos naturales ¿Una maldición?
Es algo así como creer que un individuo posee una mansión y que, sólo por el hecho de tenerla, está condenado a ser pobre. ¿Será esto cierto? ¿Puede alguien ser tan irracional para quemar la mansión y pasar el invierno? Teorías así no son nuevas, de hecho, rinden tributo al reverendo...
Es algo así como creer que un individuo posee una mansión y que, sólo por el hecho de tenerla, está condenado a ser pobre. ¿Será esto cierto? ¿Puede alguien ser tan irracional para quemar la mansión y pasar el invierno? Teorías así no son nuevas, de hecho, rinden tributo al reverendo Thomas Robert Malthus (1766-1834) quien en su época planteó que la humanidad estaba condenada a padecer hambrunas porque crecía a un ritmo desenfrenado. Quien haya leído “Los Miserables” de Víctor Hugo (1862) puede observar que en aquellas épocas el hambre era cosa de todos los días. Muchas bocas para poco pan, decía el clérigo, y la realidad parecía darle la razón. Frente a esta visión determinista de la realidad están los postulados de Adam Smith (1723-1790) que en “La riqueza de las naciones” plantea que se puede generar riqueza de manera permanente y creciente. Fue Karl Heinrich Marx (1818-1883) quien derrotó la teoría malthusiana realizando una proposición atrevida para su época: Los alimentos que producía el mundo eran suficientes no sólo para alimentar a la población existente, sino a tres veces ella. Su razonamiento era sencillo. Dado el avance tecnológico la producción crecía a pasos gigantescos (lo que él llamaba las fuerzas productivas). Su ritmo de expansión era tan grande que en poco tiempo se produciría más de lo necesario, con lo que vaticinó las crisis de sobre producción tan frecuentes en el siglo XX.La existencia de hambrunas no se explicaba por el rápido crecimiento de la población, sino por la forma en la que se distribuía el producto; en tal sentido, Marx cuestionaba la apropiación privada del mismo que dejaba a millones de hambrientos, por tanto, era el tipo de organización económica la que producía el hambre y no las personas. Pero además, Marx llamaba la atención sobre el contenido político de la teoría malthusiana, si se convencía a las masas de que el problema eran ellas entonces no criticarían el orden social y con ello los privilegios de los poderosos se mantendrían.La “maldición de los recursos naturales” tiene una lógica similar. El problema no está en los recursos en sí mismos, sino en la forma en que se los usa y se los distribuye. En Bolivia, en los noventa, el gas se encontraba en manos de las transnacionales. Curiosamente es la época en que la pobreza aumentó, el desempleo cundió y la desazón social era total. Estos factores explican la eclosión social que se presentó a inicios del siglo XXI.Tras la nacionalización las cosas cambiaron, el dinero que antes se iba para fuera ahora se queda dentro del país. Ello ha permitido, como nunca antes, que la inversión pública crezca (de hecho ya triplicó a los mejores años de la capitalización), que la pobreza se reduzca y el empleo se incremente. Pero fundamentalmente ha permitido la dinamización del mercado interno que se constituye en la actual base del crecimiento en el país.Los teóricos de la “maldición” no sólo rinden tributo a la economía de Malthus, lo hacen también a su vocación religiosa. Expresan que Bolivia creció en los últimos años merced a precios altos de materias primas, pero olvidan decir que sin la recuperación de los recursos naturales aún con precios en las nubes, todo ese dinero se iría para las transnacionales. La religión obra de esa manera, selecciona sólo aquellas pruebas que confirman el dogma, el resto simple y sencillamente no existe.La profesión de fe no sólo se queda ahí, ahora esperan que Bolivia se derrumbe tras la caída de los precios de materias primas, algo que no ocurrirá pues el nivel de ahorro del país supera el 30% del producto. Pero aún cuando esto sea así ¿seguirán pensando así?El Estado bajo la nueva forma de organización económica debe asegurar el desarrollo mediante la redistribución equitativa de los excedentes económicos en políticas sociales y en la reinversión en desarrollo económico y productivo. En este contexto ¿son los recursos naturales una “maldición” o una “ventaja”? (*) Es ciudadana del Estado Plurinacional de Bolivia


