Por dignidad

En la construcción del respeto existen varios elementos que pueden parecer sinónimos, pero tienen significativas diferencias. Palabras como “reconocimiento”, “honor”, “identidad”, “estatus” y principalmente “dignidad”.En los últimos meses, precisamente, “dignidad” debe...

En la construcción del respeto existen varios elementos que pueden parecer sinónimos, pero tienen significativas diferencias. Palabras como “reconocimiento”, “honor”, “identidad”, “estatus” y principalmente “dignidad”.En los últimos meses, precisamente, “dignidad” debe haber sido la palabra más mencionada, aunque no directamente, porque de lo que se hablado mucho es de la pérdida de dignidad, o sea de lo que tiene a millones de personas del mundo actual “indignadas”.Vamos en orden y con buena letra: Dignidad deriva del adjetivo latino ‘digno y se traduce por «valioso». Hace referencia al valor inherente al ser humano en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creador, pues las personas pueden modelar y mejorar sus vidas mediante la toma de decisiones y el ejercicio de su libertad.Pero en el actual “orden” social (hay llamarlo de algún modo, aunque suene a sarcasmo) todos los valores humanos se pierden ostensiblemente y la libertad no es una excepción. El hecho de que se haya incorporado una derivación de la palabra “libertad” en ese supuesto “orden” también sarcásticamente llamado “neoliberal”, no atenúa la perversión del resultado sino, al contrario, la agrava.Por eso los indignados son actualmente millones. No solo en la zarandeada Europa, donde Islandia, Portugal, Grecia y España son sólo las primeras víctimas, sino también en los Estados Unidos, donde la protesta social, también indignada, se expresa con nitidez en la ocupación de espacios públicos, antes casi venerados, como la famosa calle de las paredes, o Wall Street.En México los indignados resolvieron identificarse como “Yosoy132” y actualmente son también millones.Adicionalmente llamativo es que todos estos movimientos hayan prescindido de los partidos políticos y en varias oportunidades hayan expresado explícitamente que no tienen nada que ver con ninguno.Y no solo con los partidos, cuya obsolescencia está también globalizada, sino inclusive con organizaciones sociales de toda índole, incluidas las iglesias. Lo paradójico es que dignidad, esa dignidad perdida y clamorosamente reclamada, fue durante mucho tiempo palabra íntimamente ligada a la teología. Pero eso también ha cambiado.Los protagonistas de esta protesta masiva e indignada son las redes sociales, que han demostrado su capacidad para concentrar multitudes por ahora principalmente para bloquear o impedir algo, pero seguramente que llegará el momento en que las convocarán para construir alternativas.Por supuesto que tampoco las redes sociales son inmunes a la infiltración de elementos indeseables,  articulados por corporaciones (financieras, comerciales, industriales o de cualquier índole), pero quienes creen en ellas están prevenidos contra ese riesgo. Cerremos con algo complementario que llama la atención: en la operación de las redes sociales participan indistintamente personas de distintos credos, ideologías e inclusive géneros. Pero destacan últimamente tres mujeres: La canadiense Naomi Klein, la india Arundhati Roy  y la estadounidense Susan George.Eso le agrega simpatía.

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