Viendo el pasado con mirada circular: Reforma agraria, medida de liberación indígena
Sobre la infraestructura del latifundio fueron pasando generaciones de pongos y mitanis sin esperanza de término; la risible y trafica frase publicada como aviso, “se alquila pongo con taquia” expresaba gráficamente la indefensión de millones de hombres, mujeres y niños indígenas vigente...
Sobre la infraestructura del latifundio fueron pasando generaciones de pongos y mitanis sin esperanza de término; la risible y trafica frase publicada como aviso, “se alquila pongo con taquia” expresaba gráficamente la indefensión de millones de hombres, mujeres y niños indígenas vigente en Bolivia desde la Conquista, pasando por la Colonia, desembocando en la República, hasta el 2 de Agosto de 1953, cuando el Gobierno de la Revolución Nacional suscribe un Ucureña (Cochabamba) el Decreto – Ley de Reforma Agraria.En el vértice de esa medida, de liberación indígena –campesina y de destrucción de una secular servidumbre en el campo, nos encontramos con el nombre de VICTOR PAZ ESTENSSORO; de nada vale los argumentos en contrario, de nada sirven los justificativos pseudo- históricos que niegan- por ignorancia supina- la autoría de esta medida revolucionaria; en la liberación de los pueblos, las intenciones no valen nada, lo que se juzga son las acciones que definen el rumbo de los acontecimientos políticos, sociales y económicos.El indígena-campesino y la tierra se encuentran indisolublemente ligados desde siglos, mucho antes que los españoles pusieran su estandarte sobre la meseta, las quebradas y los valles intercordilleranos; desde cuando los meridianos geográficos de una América inédita e intocada, abarcaban una nación denominada Kollasuyo; desde entonces, una época perdida en el dédalo del tiempo, el indio y la tierra formaron una unidad indestructible que involucionó de una primigenia libertad a la esclavitud de los repartimientos coloniales, con toda su secuela de dolores y servidumbres. España se enseñoreó sobre estas tierras arrebatándoselas a los indígena para entregarlas a los conquistadores que establecerían el primer escalón de la explotación latifundista. La República-después de 1925- en nada modificó la acumulación capitalista de la tierra y la servidumbre del indígena; la esperanza indígena tuvo un breve chispazo de insurgencia en la presidencia de Belzu (1848/55), y en otros casos empeoró la suerte del indígena, como en la presidencia de esa bestia elemental de Melgarejo (1864/71)No es extraño que en ese mundo de grillete y tiniebla, surgieran las épicas figuras de Condorcanqui, Amaru, Katari, Bartolina Sisa, encabezando violentas rebeliones en guerrillas rurales, que fueron a corto plazo sepultadas en el martirio y la sangre. El itinerario de las masacres y aberrantes represiones de campesinos e indígenas que jalonan la historia en los periodos políticos de Conservadores, Liberales, Republicanos e Indigenistas – populistas que- con Taraco, Achacachi, Jesús de Machaca, Chayanta, Tarabuco y Yucumo- dibujan un martirologio humano indescriptible.Era evidente que el sistema feudal de la propiedad agraria y la servidumbre del indígena-campesino boliviano tenían una prioridad sobre cualquier otro problema nacional para los líderes históricos del MNR. Si la Revolución Nacional, motorizada por el MNR, ambicionaba reparar una secular injusticia social, era menester incorporar a la vida nacional a millones de seres humanos en situación marginal. Las soluciones de tipo pedagógico, étnico o moral, tendían simplemente a desviar el problema de su verdadera motivación: la Tierra. El decreto –Ley de Reforma Agraria sienta las bases de una solución integral al despojo de la tierra y la servidumbre del indígena. La Revolución Agraria de 1953 con su consigna “La tierra es para quien la trabaja” no es proceso que haya concluido, es una trayectoria inconclusa que requiere una nueva y contemporánea reformulación: con la Reforma Agraria se liberó al hombre y a la mujer indígena de la coyunda feudal del latifundio improductivo y regresivo, pero no concluyo de liberar a la tierra. Esta categoría binaria de “hombre-tierra”, se inscribe necesariamente en los nuevos patrones conceptuales y metodológicos que impone las políticas agrarias al MNR renovado para el siglo XXI.Esos doce años (1952-1964) constituyen un periodo único en la historia de Bolivia porque representan un corte radical con el pasado, simplemente no hay modo de volver a lo ancestral primitivo u oligarquías retrógradas; por esta razón cualquier gobierno – en Bolivia que se precie de Gobierno tendrá que construir o reconstruir- les gusto o no- sobre las bases de esa nueva sociedad que dio nacimiento al proceso grandioso de la Revolución Nacional de 1952.


