Hay trabajo en Mercosur
Ambas situaciones son verídicas y no necesitamos hablar de nuestros compatriotas del norte de Potosí para dar ejemplos de esa pésima distribución de los alimentos, que son, además, materia negociable, sometida a las especulaciones “acostumbradas” en los mercados, donde se amasan en forma...
Ambas situaciones son verídicas y no necesitamos hablar de nuestros compatriotas del norte de Potosí para dar ejemplos de esa pésima distribución de los alimentos, que son, además, materia negociable, sometida a las especulaciones “acostumbradas” en los mercados, donde se amasan en forma instantánea fortunas que algunos tratan de desligar totalmente del desastre del hambre globalizada.No es sin motivo que alguien alguna vez sugiriera cambiar el nombre de Brasil por el de “Belindia”, porque allí, en un mismo país, conviven núcleos humanos satisfechos que nada tendría que envidiar, por ejemplo, a los de Bélgica, con otros grupos humanos, más numerosos, que hacen pensar más bien en la India, por sus agudas y crónicas necesidades, inclusive de alimento.Entonces, la verdadera integración de naciones no es sólo un asunto de aranceles aduaneros, de libre comercio entre los integrados y de más o menos frívolas actividades “diplomáticas”, sino de mutuo y recíproco conocimiento de nuestros pueblos, de sus necesidades y de sus potencialidades, para atender las primeras con la energía sinérgica que debe ser resultante de la integración.Eso de que sea Mercosur el grupo de países que lidera la producción mundial de alimentos es, más que motivo de orgullo, compromiso de mejor y mayor seguridad alimentaria, en todos los países del Mercosur y para toda su población, sin excepciones.Por eso es que resulta pertinente hoy, 2 de agosto, referirnos a la Reforma Agraria, que en Bolivia se formuló, por lo menos como ley, hace 59 años, pero en el Brasil todavía se la están debiendo a millones de campesinos que con toda dignidad asumieron un nombre que a los demás debería avergonzarnos: Movimiento Sin Tierra, creado hace 40 años. Actualmente El grupo se encuentra entre los movimientos sociales más grandes de Latinoamérica contando entre sus miembros a un millón y medio de campesinos sin tierra organizados a lo largo de 23 de los 27 estados de Brasil.De ese Brasil de donde es, precisamente, la máxima autoridad actual de la FAO, el programa de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el brasileño José Graziano da Silva, quien fue elegido hace ya un año, pero no hemos sentido que hiciera nada espectacular, ni siquiera remotamente parecido a la obra de otro brasileño, Josué Apolonio de Castro, médico natural de Recife, pionero en ese tema considerado todavía tabú: el hambre. Josué de Castro mostró que, al contrario de lo que se pensaba, el hambre no era un fenómeno natural, provocado por la escasez de alimentos, sino producto de la acción humana, más concretamente, de la organización social y económica. Más de medio siglo después, el hambre continúa sin tener una solución, por lo que su pensamiento permanece vivo.Precisamente según datos de la FAO, más de 900 millones de personas pasan hambre en el mundo.Por eso, dejémonos de paradojas y trabajemos


