No está claro
Y vamos dedicarnos ahora a la crisis por falta de agua, porque dejaremos de hacerlo al finalizar el año, como se volvió rutina hace décadas, cuando ya van centenares o miles de reses muertas de sed, cuando parecería que lo único posible es conseguir carros cisterna para trasladar agua a fin...
Y vamos dedicarnos ahora a la crisis por falta de agua, porque dejaremos de hacerlo al finalizar el año, como se volvió rutina hace décadas, cuando ya van centenares o miles de reses muertas de sed, cuando parecería que lo único posible es conseguir carros cisterna para trasladar agua a fin de que no mueran tantas personas como las reses que ya murieron y cuyos cadáveres flacos, castigados por el sol inclemente bajo el cual se pudren son imágines que ya no conmueven porque son previsibles y repetitivas.Según las estadísticas que mencionábamos al comenzar este comentario, en el mundo solo el 8 por ciento del agua termina en consumo doméstico, mientras que al uso industrial se destina el 22 por ciento y a la agricultura el 70 por ciento.Es que existen consumos de agua en los que rara vez pensamos, pero que Susan George nos lo recuerda en su libro “sus crisis, nuestras soluciones”. Citemos algunos.La industria de los microchips consume incontables toneladas de agua pura y potable. Un pequeño chip de computador requiere 32 litros de agua (además de kilo y medio de petróleo). Y ya que hablamos de petróleo, producir un litro de petróleo demanda casi 3 litros de agua. Pensemos solamente cuántos millones de barriles de petróleo está consumiendo el mundo cada día y tendremos cifras que provocan escalofríos.Pero hay un dato aún más paradójico. Para producir un litro de ese que erróneamente llaman “biocombustible”, se han utilizado maíz u optas variedades, cuya producción exigió mil litros de agua para cada uno de los litros de ese “necrocombustible”, que consideramos una mejor forma de llamarlo.Por eso, ratificamos lo que ya en varias oportunidades dijéramos: Es posible que los próximos conflictos internacionales ya no tengan solamente que ver con el petróleo, sino cada vez más con el agua.Precisamente el país que se negó a ratificar el Protocolo de Kioto sobre medio ambiente, o sea Estados Unidos, está tratando actualmente de obligar a Canadá a que le venda a los estadounidenses el agua impoluta que tiene en grandes acuíferos subterráneos. Y para eso ya han comenzado los gringos a utilizar los tratados de libre comercio (NAFTA), y que estratégicamente supieron suscribir con México y con Canadá y estuvieron a punto de hacerlo con todos los países de América Latina.Así las cosas, no sería raro que los gringos se consuman el agua canadiense mientras nosotros, los bolivianos, aún no tenemos claro qué podríamos hacer con las aguas de Quetena o Silala, que ya hace décadas se las están consumiendo los chilenos, quienes, por cierto, cada día tienen más necesidad de agua potable y más necesidad de energía.


