Viendo el pasado con mirada circular: La revolución nacional y el voto universal
La tesis elemental era que si los indígenas tenían obligaciones no tenían por qué carecer de derechos; para defender la patria en la guerra del Chaco a nadie se le preguntó si sabía leer y escribir, es evidente que murieron más analfabetos que doctores; para la muerte los analfabetos...
La tesis elemental era que si los indígenas tenían obligaciones no tenían por qué carecer de derechos; para defender la patria en la guerra del Chaco a nadie se le preguntó si sabía leer y escribir, es evidente que murieron más analfabetos que doctores; para la muerte los analfabetos tenían pleno derecho y para actuar como electores, no.Cuando las incidencias de la democracia del estafo no le obligaban a imponer dictaduras militares (como el General Hugo Ballivián que sucedió a Urruiolagoitia para burlar el triunfo electoral del MNR en 1951) el Superestado minero-feudal acudía a la comedia de las elecciones mediante el sistema del voto calificado. Se montaba así todo un sainete por el que se hacía consentir al pueblo que ejercía su soberanía la escena se decoraba de solemnidad con guiones de texto a cargo de la prensa rosquera y de un sumiso intelectualismo doctoral. Entonces funcionaban las elecciones y se designaban presidentes de la República, senadores y diputados-elegidos por no más del 1,5 por ciento de la población-entre aquellos candidatos que habían obtenido el visto bueno del poder minero-feudal. Sólo tenían derecho al voto calificado los hombres a lo que la ley consideraba dentro de una mayoría de edad y que sepan por lo menos leer y escribir; quedando así excluidos de este derecho más del setenta por ciento de la población boliviana, constituido en su mayor parte por indígenas, campesinos y-en muy poca escala-por obreros.La democracia doctoral despectiva para con los “indios” analfabetos, predicaba la imposibilidad de conceder el derecho al sufragio al ciudadano analfabeto, porque otorgárselo era incurrir en irresponsabilidad ya que la función cívica de la elección era tarea magna y a ella no podían tener acceso quienes carecían de capacidad de discernir que les permita saber cuales eran las personas más representativas y dignas de regir los destinos del país del estado. Esta explicación, eludía ingresar a considerar que los indígenas, campesinos y obreros eran la gran base humana productora de la riqueza nacional.Con el Voto Universal el poder revolucionario, surgido de las gestas del 9 de Abril de 1952, liquidó del panorama político boliviano una ficción democrática para uso exclusivo de una oligarquía minera y terrateniente. El 21 de julio de 1952 –en homenaje recordatorio al Presidente Mártir Villarroel- se expidió el Decreto que sepultó todos los artilugios de una clase social en detrimento de las mayorías nacionales: “Tendrán derecho al voto para la formación de los poderes públicos, todos los bolivianos, hombres y mujeres, mayores de veintiún años de edad, siendo solteros, o de dieciocho siendo casados, cualquiera que sea su grado de instrucción, su ocupación o renta”. Los políticos prehistóricos de corte neo-fascista comentarían: “Es una iniquidad que esos indios analfabetos y mugrientos tengan los mismos derechos que los caballeros instruidos en las universidades”.El MNR al implantar el derecho al Voto Universal –una bisagra entre el pasado y el presente- estableció un nuevo punto de vista de la dignidad de ser humano al otorgarle al hombre y la mujer la facultad de elegir su camino y destino sean académicos o analfabetos. No cabe duda de que no hay posibilidad de crear las condiciones y los cambios actuales sin el antecedente de las profundas medidas de Abril de 1952; no ha sido el actual régimen el que inventó el Voto Universal, mediante el cual hay nuevos poderes que rigen el destino de Bolivia, para bien o para mal.Quedan muchas cosas por cumplir de la agenda del 52. Queda por cubrir las necesidades del pueblo, que no ha avanzado mucho en la independencia del espíritu, que es distinta de la independencia de la economía familiar; la del espíritu implica poder elegir con gran maestría y precisión la ruta que mejor convenga al país. Se habla de la industrialización de Bolivia, pero no hemos industrializado sino chucherías y pasancallas; no hemos dado un paso que nos libere de ciertas odiosas dependencias, esto no significa volver a las consignas de una izquierda delirante en el pasado y nostálgica en el presente. El presente del MNR es bastante turbio. Creo que sobre el pasado, se podrá continuar cavando en el alma de los bolivianos la necesidad de hacer revolución sin sangre, sin abusos, sin cárceles, sin poder legislativo, judicial y electoral comprados con 30 monedas; una revolución que signifique que los niños se sientan con una mayor capacidad de sonreír a la vida. Pero ya no tenemos al Dr. Víctor Paz Estenssoro con su capacidad intelectual, su frialdad simultánea al ardor de su alma.


