Los otros recursos naturales
De eso tenemos largas y dolorosas historias testimoniales en Bolivia.Pero las tenemos también relacionadas con los productos naturales renovables, es decir, con los que se siembran y reproducen, como el maíz y la papa, para citar sólo dos ejemplos. Deben existir todavía testigos vivientes de...
De eso tenemos largas y dolorosas historias testimoniales en Bolivia.Pero las tenemos también relacionadas con los productos naturales renovables, es decir, con los que se siembran y reproducen, como el maíz y la papa, para citar sólo dos ejemplos. Deben existir todavía testigos vivientes de cuando en Bolivia tuvimos que consumir papa importada de Holanda. Insólito, pero demostrable.Fue cuando la gran minería, identificada con los “barones del estaño”, pero no restringida a esos tres personajes de ingrata recordación (Patiño, Hoschild y Aramayo) literalmente vació los campos, los dejó sin campesinos, para convertirlos en trabajadores mineros, que en Uncía, Quechisla, Telamayu y otros “centros” tuvieron que consumir la papa holandesa que importaban las “pulperías”. Son historias que seguramente ya están escritas y que convendría investigar más.Algunos ya lo están haciendo, como el periodista y docente portorriqueño Carmelo Ruiz Marrero, quien en un trabajo suyo “El gran juego del ajedrez botánico” nos dice que cuando las sociedades europeas dieron el salto a la industrialización, millones emigraron del campo a la ciudad, de la finca a la fábrica. Se creó así una situación sin precedente histórico: los agricultores pasaron a ser minoría, y por vez primera había una gran masa de gente que no producía alimentos ni tenía conexión alguna al agro, pero que de todos modos había que alimentar. Esta situación hizo necesario el transformar y revolucionar la agricultura mediante la técnica científica y eso no ha concluido, pues ahora esas técnicas se han concentrado y monopolizado tanto que menos de diez corporaciones transnacionales las controlan en todo el mundo.En el mismo trabajo de Ruiz Marrero se destaca que diez corporaciones controlan las semillas comerciales, y manejan un negocio valorado en 27 mil 400 millones de dólares. Tres de tales corporaciones, Monsanto, Dupont y Syngenta, tienen juntas más de la mitad del mercado semillero mundial. Porque ahora cuando se menciona recursos naturales y cultivos, los transgénicos resultan tan importantes, (o quizás más) que el agua para riego.En Bolivia no le hemos prestado suficiente atención a esto. Ni en el gobierno ni en la sociedad civil, a pesar de las decenas de miles de hectáreas sembradas con soya transgénica que ya existen en el oriente boliviano.Por ese camino nada de extraño tendría que terminemos produciendo, o peor aún importando, papa y maíz transgénico.No estamos hablando de un remoto y difuso futuro, sino de lo que está sucediendo ya, en este mismo momento y que tiene a varias naciones alarmadas. Por ejemplo México con el maíz o, más cerca aún, Argentina, donde ya se aprobó el desarrollo biotecnológico del producto de Syngenta llamado Agrisure Viptera 4, con tolerancia a herbicidas y control de insectos tanto en los granos como en la raíz del maíz.Hay que ocuparse de eso.


