A propósito de fundamentalismos
Digamos, para comenzar con claridad, que camino no es exactamente lo mismo que “carretera”, porque “camino”, que proviene del latín celta, puede ser una vía, un sendero, una vereda, o el nombre de alguna película, como la dirigida en el 2006 por el español Antonio Banderas, o...
Digamos, para comenzar con claridad, que camino no es exactamente lo mismo que “carretera”, porque “camino”, que proviene del latín celta, puede ser una vía, un sendero, una vereda, o el nombre de alguna película, como la dirigida en el 2006 por el español Antonio Banderas, o inclusive un apellido, que precisamente utilizan varios españoles como el poeta Alberto Camino, el director de cine Jaime Camino, o el torero, también español, Paco Camino. No nos interesa ninguno de ellos, y por eso vamos a ocuparnos, mejor, de las carreteras.Una carretera es una vía de dominio y uso público, proyectada y construida fundamentalmente para la circulación de vehículos. Se la llama, también “ruta” y, según la enciclopedia, en Bolivia la Red Vial Nacional a noviembre de 2010 estaba formada por 69.820 km de carreteras.No debe haber aumentado en este último año, porque últimamente de carreteras solo hablamos y discutimos, sean las de acceso a zonas aisladas, como la que se les ocurrió llamar “del Tipnis”, o aquellas que tienen tantos años sin ser concluidas que hasta mencionarlas ya hace parte del folklor nacional, como la de Tarija a PotosíTodo este preámbulo nos da pie para comentar una pequeña noticia, aparecida ayer y que para muchos probablemente pasó desapercibida: Según la Cámara Boliviana de la Construcción (CABOCO) en los últimos cuatro años en el país se crearon cerca de 8 mil empresas constructoras de las cuales sólo mil están registradas en esta entidad gremial, que certifica la formalidad y experiencia de sus miembros a nivel nacional, informó su máxima autoridad, Jaime Ponce Ovando.Las empresas constructoras son, precisamente, las que están a cargo de hacer obras públicas, entre ellas caminos y dijo también Jaime Ponce que son muy pocas las empresas asociadas a la CABOCO que realizan construcciones para el programa “Bolivia Cambia, Evo Cumple” y para el Programa de Vivienda Social (PVS), que cada vez son denunciadas por malos manejos y abandono de obras. Todo esto nos lleva una vez más a aquel canto de Atahuallpa Yupanqui, que aludía a un camino que juntaba el valle con las estrellas y uno de cuyos versos dice que “lo anduvo de sur a norte mi raza vieja, antes que en la montaña la Pachamama se ensombreciera”.Y ese “ensombrecimiento” (si cabe el término) no lo están causando sombras extrañas, sino, precisamente, el “Pachamamismo”, que está logrando por su carácter fundamentalista, justamente lo contrario de lo que proclama como propósito. Por algo, en una de sus cartas a Engels, Carlos Marx, al ser anoticiado de que en Paris unos jóvenes estaban creando el “marxismo”, dijo que felizmente él no tenía nada que ver con eso.Eso sucede con todos los fundamentalismos y de eso también tendremos que ocuparnos pronto aquí, porque no solo afecta a las obras públicas, sino a toda la vida nacional.


