Conflictólogos
Así, en nuestro país es evidente que las palabras Tipnis y Yapacaní aluden a conflictos “viejos”, casi crónicos. Pero ahora están también relacionadas con conflicto Fejuve, Seguridad Ciudadana, la justicia (la formal y la de “mano propia”) y hasta algo tan difícil de asociar con...
Así, en nuestro país es evidente que las palabras Tipnis y Yapacaní aluden a conflictos “viejos”, casi crónicos. Pero ahora están también relacionadas con conflicto Fejuve, Seguridad Ciudadana, la justicia (la formal y la de “mano propia”) y hasta algo tan difícil de asociar con conflicto como “azúcar”, que ya no es dulce, ni tampoco el grito característico de la cantante cubana Celia Cruz, sino motivo de conflicto (y de otra marcha) en Bermejo.Eso para no mencionar lo que sucede fuera de Bolivia, donde Irán, Siria, Rusia, Israel, Estados Unidos, Grecia, son nombres insistentemente mencionados con conflictos.Y lo realmente grave, es que en torno a esos conflictos (especialmente los internacionales) flota ahora, como ave de mal agüero, la palabra “nuclear”, no como esperanza de solución a las situaciones conflictivas, sino como ominosa amenaza de terminar con todo: con todos los conflictos de una vez, con la humanidad, y con el planeta mismo, porque más de 5.000 cabezas nucleares mal contadas ya existentes darían para eso más de una vez, y no quedaría sobreviviente para echarle la culpa a los experimentos nucleares iniciales de cualquier país. De ese tamaño está el peligro.Por cierto, ya existe una Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), pero no se necesita ser experto en conflictos para sentir pesimismo sobre sus acciones, frente a la inconmensurable amenaza nuclear (inconmensurable, es el adjetivo menos tremendista para referirse al asunto.Y en medio de semejante panorama, encontramos que en Bolivia existe una ONG dedicada a realizar “estudios de conflictividad”. Encomiable, porque también hay otras ONG que parecen especializarse más bien en crear conflictos, pero a estas últimas las ignoraremos por hoy. Solo por hoy.La ONG de los “conflictólogos” en su informe anual respecto a la conflictividad en Bolivia, dice que se detectó que el 2011, a comparación de otros años, concentra 1300 conflictos sociales que “podrían ser resueltos por las esferas gubernamentales sin son atendidos con antelación evitando que se radicalicen como ocurre con el tema TIPNIS, problema vigente desde octubre del 2011”. Otros expertos, entre ellos el politólogo noruego Johan Galtung, han dedicado su vida a estudiar los conflictos y la violencia, en todo el mundo, y han llegado a la conclusión de que para que un conflicto llegue a su resolución, es decir se resuelva o solucione, debe primero procederse a la “reparación” de los daños que dicho conflicto pudiera haber causado entre quienes lo protagonizaron y la reconciliación de estos.Sin embargo, ni reparación ni reconciliación servirán mucho si no hay resolución, porque los conflictos tienen la mala tendencia de mitigarse por un tiempo y volver a coger fuerza.Los trabajos de Galtung y de otros teóricos se conocen muy bien en Líbano, en Argelia o en Colombia, donde también los conflictos y la violencia son crónicos, estructurales y donde nuestro presidente estará dentro de un mes, si se realiza la Cumbre de las Américas.Tendremos que volver sobre este tema, pero sin ánimo de convertirnos en violentólogos.


