No es solo futebol

No nos ocuparemos del futbol ni del ya próximo carnaval carioca, sino de algo que informa una agencia noticiosa y que puede parecer menos entretenido: “Los extranjeros fueron los principales inversores en la Bolsa de Valores de Sao Paulo en 2011, según un balance divulgado por la...

No nos ocuparemos del futbol ni del ya próximo carnaval carioca, sino de algo que informa una agencia noticiosa y que puede parecer menos entretenido: “Los extranjeros fueron los principales inversores en la Bolsa de Valores de Sao Paulo en 2011, según un balance divulgado por la administradora del parque que indica que fueron los responsables del 37,54 por ciento de los movimientos de la plaza, superando el 29,57 por ciento de 2010”.Aunque aparezca como novedad esto no lo es, porque Elaine Tavares analizó hace poco que Brasil aparece como una potencia en la región y desde los años 50 del siglo pasado, cuando empezó a aceptar todos los conceptos del desarrollo capitalista ha vivido esa realidad. Desarrollo en algunas regiones y miseria infinita en otras, es decir, comenzó a tomar la fisonomía de “subimperio”.Pero eso de subimperialismo no siempre es bien entendido. El intelectual precisamente brasileño, Ruy Mauro Martín deja muy claro que el subimperialismo no es un imperialismo de grandeza menor o de segunda categoría. Es un fenómeno que comparte leyes del desarrollo capitalista comunes a la teoría del imperialismo (monopolios y capital financiero).Concretando, Martín agrega que el subimperialismo sigue la lógica de la cooperación antagónica, sea cual sea. Al mismo tiempo que coopera con el imperialismo en las políticas generales, actúa en una dinámica contradictoria buscando el dominio entre sus vecinos, buscando hegemonía regional.Y de eso podemos dar testimonio directo no solamente los bolivianos, por Petrobras y otras incursiones “brasileras” aquí, especialmente en lo relacionado con la construcción de caminos, sino también el Paraguay con su todavía triste experiencia del tratado de Itaipú y otras que sería interminable enumerar ahora, pero que tendrán su oportunidad para ser refrescadas.Es que el subimperialismo no es solo la expresión de un fenómeno económico. Es resultado en una amplia medida del proceso mismo del proyecto político, definido por el equipo tecnocrático-militar que asume el poder en el Brasil en 1964, aunados a condiciones coyunturales en la economía y la política mundiales.Todavía recordamos las intervenciones militares brasileras en la década de 70, cuando los bolivianos luchábamos por una Asamblea Popular en 1970 y Brasil ofreció ayuda a los adversarios de Juan José Torres, y eso fue decisivo en el golpe de estado, con el envío de armas a Santa Cruz de la Sierra a través de aviones brasileños. En 1971,  el ejército brasileño estuvo listo a invadir  Uruguay, a propósito de las elecciones y solo no hizo porque ganó el candidato de la derecha.  Definitivamente, hay mucho por conocer del Brasil, ese nuestro casi “intimo” vecino y no ha de ser propiamente sobre sus afanes recientes para organizar el campeonato mundial de futbol, sino, por ejemplo, del alcance en varios continentes de la aquí poco conocida corporación empresarial Odebrecht.Y ahí quedamos. Por ahora.

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