2011, el año de los indignados

Recordemos en España, en mayo a miles de jóvenes, mujeres, ”parados/desocupados”,  migrantes, en definitiva ciudadanos de a pie de la sociedad civil que se parapetaron y se manifestaron frente a la puerta del sol en la ciudad de Madrid para protestar contra el régimen, la corrupción de...

Recordemos en España, en mayo a miles de jóvenes, mujeres, ”parados/desocupados”,  migrantes, en definitiva ciudadanos de a pie de la sociedad civil que se parapetaron y se manifestaron frente a la puerta del sol en la ciudad de Madrid para protestar contra el régimen, la corrupción de los políticos y empresarios, en síntesis contra la situación socio-económica vigente en dicho país y en general contra un sistema político y económico que vertiginosamente avanza por el mundo y pone de rodillas a los pueblos de los cinco continentes. Esta movilización cobró el nombre de “El Movimiento de los indignados” o 15-M.Quiero resaltar que dentro este movimiento, los jóvenes tienen un papel central, pues son quienes precisamente se ven sin un futuro seguro, no es para menos. El denominativo “los indignados” resume muy bien esta situación haciendo alusión a una de las abstracciones más grandes de esta realidad como la dignidad, y que tiene la particularidad de traducirse en múltiples situaciones. Y es que la dignidad es una de las cualidades de la condición humana que resume varios aspectos como una mejor calidad de vida, vivienda, trabajo, salud, una participación política real, y si los ciudadanos no tienen aquello ¿por qué más se puede luchar? pues por conservar la dignidad, que implica vivir como seres humanos, y no me refiero a la buena convivencia entre nosotros, sino primero a la satisfacción de necesidades básicas que hacen y constituyen a la persona. Estamos hablando entonces de derechos primigenios que si no son satisfechos, son quitados o disminuidos, mellan la dignidad. Parangonando, en nuestro país, en agosto indígenas de tierras bajas protagonizaron una gran marcha que duró más de 60 días, ellos defendían el territorio que les pertenece, luchaban porque el Estado desista de la construcción de una carretera que atravesaría el TIPNIS, que es territorio y a la vez parque nacional. En esta lucha, también se encontraba en juego su dignidad, razón por la que tomaron tan sacrificada medida de presión, de forma pacífica, pero de manera segura y contundente a paso firme avanzaron hasta llegar a la sede de gobierno.La dignidad es una palabra que ante todo encierra un gran valor simbólico y contenido, pues  a pesar de ser abstracta es lo último que convoca a quienes protestan y se resisten a renunciar, por ella tienen algo que decir, que  perder y por ello la defienden con garras y dientes. Podemos entender que lo que subyace a la disputa por un bien intangible como la Dignidad, es la búsqueda de una condición óptima para vivir.Es así que el llamado a la indignación tiene múltiples connotaciones que en definitiva pretenden poner contra la pared a los “indignos” a aquellos que se enriquecen a costa de la gran mayoría (como en el caso de España) y asimismo a aquellos que dicen representar al pueblo, y dicen entender a los indígenas cuando estos reivindican y defienden su territorio (en el caso de Bolivia).Lo que esos “indignos” no calculan es la capacidad de movilización, de organización que suele tener el pueblo –los desempleados, los precarios, subcontratados, mal pagados, los jóvenes, mujeres, ancianos, indígenas- y la posibilidad de soñar que otro mundo es posible cuando el hartazgo llega al límite de lo inaguantable.* Socióloga y Magister en Antropología

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