El alma popular

En virtud de un acuerdo, suscrito en Montevideo en la reciente cumbre presidencial del bloque regional, Brasil, Uruguay y Argentina no permitirán que acosten en sus puertos embarcaciones que vienen o van hacia ese archipiélago del Atlántico Meridional, ocupado por Inglaterra desde 1833,...

En virtud de un acuerdo, suscrito en Montevideo en la reciente cumbre presidencial del bloque regional, Brasil, Uruguay y Argentina no permitirán que acosten en sus puertos embarcaciones que vienen o van hacia ese archipiélago del Atlántico Meridional, ocupado por Inglaterra desde 1833, convertida en una base militar con unos mil 500 soldados permanentes.La medida expresa de manera inequívoca la unidad de pensamiento y acción que gana terreno en la integración suramericana, demostrada con la creación de la UNASUR y sus siete Consejos de trabajo, y reafirmada a principios de este mes con la fundación de la Confederación de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC).Las Malvinas, compuestas por dos islas y 11 islotes, que abarcan 11 mil kilómetros cuadrados, llamada Falkland por Londres, rica en pesca y ganadería, con importante desarrollo textil e industria de la carne, tiene una excepcional importancia geoestratégica e incuantificable reserva de hidrocarburos, dos posesiones que la han convertido en una pieza codiciada por las grandes potencias del mundo, en especial su ilegal ocupante actual, además de Estados Unidos y Rusia.Ocupada desde tiempos inmemoriales, “descubierta” por occidente en 1520, y en forma sucesiva por Holanda, Inglaterra (1620/1765 y 1833/2011), Francia (1764) y España, que desalojó a los ingleses (1770/81), administrada por Buenos Aires entre 1820/33, cuando el Reino Unido la tomó por asalto y le otorgó el estatuto de Colonia, interrumpida por un paréntesis de dos meses, entre abril y junio de 1982, cuando Argentina creyó recuperarla, dando pretexto a Londres para declararle una guerra que ensangrentó el país, con maquillada ayuda USA y de la tiranía chilena, comandada por el General Augusto Pinochet.Aunque todos los gobiernos argentinos, unánimemente, siempre la han reivindicado como parte de su territorio nacional, recibiendo un tímido apoyo estatal de la región, nunca ha llegado a constituir una causa que movilice a los pueblos, y ni siquiera trasciende hacia el exterior la posición de los propios tres mil pobladores isleños.Con Malvinas, y en ciertos aspectos, ocurre algo parecido a Gibraltar, peñón español de seis kms2, con 30 mil habitantes, convertido en un paraíso fiscal y base de aprovisionamiento en una eventual guerra mediterránea. En los dos territorios, ocupados ilegalmente por Inglaterra, el concepto de autodeterminación de los pueblos aparenta no regir para nada.Al respecto de las ocupaciones coloniales y la actitud de ciertas poblaciones concernidas, recuerdo una anécdota vivida hace más de 30 años en África, en ocasión de analizar la lucha contra España de una parte del pueblo canario (guanche), cuya autonomía del territorio, dividido en dos grandes Islas, la Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas, ocupadas desde 1496 por la corona española, una minoría avanzada reclamaba.Un revolucionario cubano, en función diplomática, me resumió en forma muy sencilla el caracú del conflicto. En esos años, operaba con cierta fuerza el Movimiento por la Autonomía, Independencia y Autodeterminación de Canarias (MPAIAC), liderado por el Abogado Antonio Cubillo, víctima en plena lucha de un atentado, cometido por esbirros de la ultraderecha española, que le paralizó la mitad de su cuerpo.Investigador y erudito en temas de historia africana y del origen cultural de los pueblos guanches, Cubillo sostuvo siempre en sus trabajos académicos y sus arengas políticas en diversos teatros del mundo contra la dictadura franquista, que las Islas Canarias, a sólo 100 kilómetros de las costas africanas, forman parte de ese Continente, y que España simplemente ejercía una ocupación colonial.La solidaridad cubana con el pueblo canario no se hacía esperar, pero se podía observar una cierta retención en el lenguaje de sus dirigentes y representantes diplomáticos, al punto que este amigo me explicó que veía muy difícil que coronara con éxito el MPAIAC porque era necesario comprender a la mayoría de los canarios que, al tiempo de desear la independencia, no querían perder la exquisitez del jamón serrano, y de los buenos quesos y vinos españoles que África no podía ofrecerles.Conclusión, sólo el pronunciamiento de los pueblos es lo auténtico y legítimo y, en todo conflicto es la decisión de ellos, expresada con absoluta libertad, barriendo con cualquier influencia de la potencia ocupante, lo que debe ser respetado y aplicado.

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