Los exiliados y los refranes

Recordábamos esto a propósito de los asilos políticos, que fueron tan utilizados por los bolivianos casi que desde que nació la república.Muchos casos de eso que un poeta turco llamó “duro oficio el exilio” los conocimos sólo de oídas, pero de algunos otros fuimos testigos directos....

Recordábamos esto a propósito de los asilos políticos, que fueron tan utilizados por los bolivianos casi que desde que nació la república.Muchos casos de eso que un poeta turco llamó “duro oficio el exilio” los conocimos sólo de oídas, pero de algunos otros fuimos testigos directos. Como el de aquel periodista que asilado en la Argentina, tuvo que cargar bultos en un supermercado para sobrevivir. O aquel otro, también periodista boliviano, a quien la Triple A le dio 24 horas para  abandonar ese mismo país.Un poco mejor les fue a quienes, debido al golpe del coronel Hugo Banzer, se asilaron en Chile. Obvio. Banzer golpeó al general Torres, nacionalista con inclinación a la izquierda y en Chile estaba gobernando Salvador Allende.Les fue mejor –decíamos – pero solo al principio, porque luego, después del 11 de septiembre  de 1973, cuando desde Washington ordenaron derrocar a Allende y Pinochet lo hizo a sangre y fuego, a los asilados bolivianos les fue peor que a los chilenos allendistas: tuvieron que salir precipitadamente de Chile (los que pudieron, porque algunos murieron allí).Así, país por país podemos reconstruir algunas historias. De los asilos siempre generosos, tenemos referencias directas de México, donde especialmente la Universidad Autónoma de México, una venerable  y muy prestigiosa institución, suele dar cobijo laboral a asilados políticos. Sin discriminar si vienen por la izquierda, o por la derecha.En Colombia había poca tradición de asilo político, después de la odisea de Víctor Raúl Haya de la Torre, que se guareció en la embajada colombiana en Lima, pero de donde finalmente no lo dejaron salir hacia el asilo, durante años.Colombia es también un país solidario con los asilados, pero sumamente escrupuloso en que cumplan todas las normas legales especiales para ellos, como la prohibición absoluta de participar en política y ni siquiera reunirse con personas colombianas que lo estén haciendo.Hay algunas otras prohibiciones, como aquella de no poder dirigir un medio de comunicación colombiano, que no se limita a los asilados políticos sino afecta a todos los extranjeros. Pero en general se puede sobrellevar el exilio, si se consigue trabajo, cosa que no es nada fácil cuando el asilado tiene la obligación de presentarse cada semana a la policía de extranjería y perder allí al menos medio día.Son asuntos que con cierta nostalgia recordamos al conocer detalles del asilo del ex gobernador de Tarija, Mario Cossío, a quien lo acogieron pesados personajes de la derecha paraguaya, con quienes, según revelaciones recientes de una publicación, Cossío tenía relaciones de diversa índole y de vieja data.Y además de la nostalgia, nos sirvió para revalorizar algunos refranes populares, como “Dime con quién andas y te diré quién eres” y ese otro con el que comenzamos este comentario: “Dios los cría, pero el diablo los junta”.

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