De ejecutiva de Petrobras a comandar YPFB: ¿Quién es Claudia Cronenbold?
Veinticuatro años construyendo la empresa que ahora debe regular. Un nombramiento que convierte la mayor fortaleza de Cronenbold —su experiencia— en su mayor conflicto de interés.
El ministro de Hidrocarburos Mauricio Medinaceli anunció esta tarde a Claudia Cronenbold Harnés como nueva presidenta ejecutiva de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. El nombramiento llega cuando Bolivia todavía no resuelve la crisis de la gasolina desestabilizada, que dañó miles de vehículos, generó paros indefinidos del transporte en La Paz y derivó en la salida forzada de su antecesor, Yussef Akly.
Una carrera construida dentro del sector privado
Cronenbold nació en Santa Cruz de la Sierra, estudió en el Colegio Alemán y se tituló como ingeniera industrial en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno en 1997. Hizo sus primeras armas en la banca antes de ingresar a Petrobras Bolivia en 2001 como analista senior. Lo que siguió fue una acumulación sostenida de responsabilidades dentro de la misma empresa: planificación estratégica en Bolivia, gerencia de negocios en 27 países desde Río de Janeiro, dirección corporativa en Colombia y gerencia general de Transierra en Santa Cruz. Se convirtió en la primera mujer extranjera en ocupar un cargo gerencial en la sede de Petrobras Brasil. Completó un MBA en el IBMEC de Brasil y el Programa de Desarrollo Gerencial de Harvard Business School entre 2007 y 2008.
Su figura pública se forjó también en el mundo gremial. En 2014 fue elegida presidenta de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energía, la primera mujer en liderar esa institución en 27 años. Desde ese cargo defendió la participación privada en exploración y producción, y el diálogo con el gobierno sobre contratos de servicios. Entre 2016 y 2024 ejerció como vicepresidenta del Consejo Mundial de Energía para América Latina y el Caribe. Durante años fue la interlocutora del sector privado ante YPFB. Ahora estará al otro lado del escritorio.
El contexto que hereda: gasolina mala, deudas políticas y reservas en caída
La estatal petrolera admitió haber distribuido combustible desestabilizado, lo que generó cerca de 10.000 reclamaciones por daños vehiculares, con costos de mantenimiento que oscilan entre 100 y 5.000 dólares. El Colegio de Ingenieros Mecánicos reportó que alrededor del 60% de los vehículos que ingresaron a talleres en febrero presentaban fallas atribuibles al combustible. Para corregir el problema, YPFB determinó incluir aditivos especiales y detergentes, aunque las denuncias y protestas continuaron.
El problema de fondo no es técnico: es estructural. Bolivia importa volúmenes crecientes de combustible porque su producción interna ha declinado sostenidamente durante más de una década. YPFB ya renegoció los contratos de importación para asegurar la calidad del producto, pero la desconfianza persiste.
El nudo de Tariquía: donde convergen Petrobras, YPFB y la nueva presidenta
El expediente más sensible que Cronenbold recibirá es el del proyecto exploratorio Domo Oso X-3. El proyecto se desarrolla bajo el Contrato de Servicios Petroleros suscrito el 5 de julio de 2018 entre YPFB y Petrobras Bolivia S.A. —la misma empresa en la que Cronenbold trabajó durante más de 24 años. El potencial estimado es de 2,8 trillones de pies cúbicos de gas, lo que lo convierte en una prioridad estratégica para el Estado.
Pero el proceso judicial y social que lo rodea está lejos de resolverse. Un acuerdo de entendimiento firmado en octubre de 2023 revela que Petrobras negoció la licencia ambiental con un grupo de comunarios de Saicán, a espaldas de otras comunidades afectadas, lo que evidenciaría la ausencia de una consulta previa libre e informada. La senadora Marcela Guerrero denunció que a comunarios se les ofrecieron garrafas, regalos y trabajo, y que los dirigentes que rechazaron el acuerdo enfrentan hoy procesos penales. El caso llegó hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos como un hecho de criminalización a defensores ambientales.
Prospectiva
Leer la trayectoria de Cronenbold es leer la de alguien que operó consistentemente desde la lógica del sector privado de hidrocarburos, y que ahora es convocada a dirigir el Estado ante esos mismos intereses. Su vínculo con Petrobras no es incidental: es estructural.
Su perfil anticipa tres líneas de gestión. Primero, buscará destrabar Domo Oso X-3, que el gobierno presenta como clave para revertir la caída de reservas, aunque la resistencia comunitaria y el proceso judicial hacen esa tarea políticamente costosa. Segundo, intentará estabilizar la imagen de YPFB tras el escándalo del combustible, priorizando acuerdos con el transporte. Tercero, renegociará estándares de calidad en la importación de combustibles, con margen de maniobra limitado por la dependencia estructural del país.
La tensión central de su gestión será esta: Bolivia necesita urgentemente nuevas reservas y el contrato con Petrobras es uno de los pocos instrumentos disponibles para explorarlas. Pero ese instrumento está en el centro de un conflicto socioambiental que ya llegó a instancias internacionales. Cronenbold conoce perfectamente los dos lados de esa ecuación. Falta saber desde cuál de ellos decidirá gobernar.





