Crónica política de la semana
Rodrigo Paz, el “pulso por derecha” y el rol de la ALP
Las reformas económicas no acaban de gustar a los economistas más liberales, que cuestionan la falta de objetivos más ambiciosos y el endeudamiento a gran escala que se está adquiriendo para estabilizar la macroeconomía
Mauricio Ríos García es un libertario boliviano pre – Milei. Capaz ni se dice libertario. Se dedica a “proteger patrimonios” y el libre mercado es su religión. Como tuiteaba de economía alguna vez lo buscaron para hacer política. A todos les ha tentado alguna vez. Salir en la tele. Sumar likes. Haters. Una vez se midió con Gonzalo Chávez, colaborador de esta casa y economista de cabecera de Carlos Mesa en algún momento y la cosa acabó como acabó. “Keinesiano”, “utópico”, “loquito”. No había sido la política para Ríos García. Al menos su corrección. El otro día se trompeó con Fernando Cerimedo en X. El jueves de Compadres. Paquete de palomitas y a ver qué pasa.
Cerimedo, como venimos contando, es el asesor comunicacional de Rodrigo Paz. Lo presentó en campaña como “el profe de Catalina”, pero al día siguiente de la victoria de octubre declaró en cadena nacional de su argentina natal haberlo “reventado a Durán Barba”, que era el oremus de Tuto Quiroga. El estatus de Cerimedo, referencia de la batalla cultural en redes para las ultraderechas americanas, creció con la victoria de Paz, que le ha dado una suerte de consultoría permanente. Para un consultor de comunicación política que vive del fragor de las campañas, dirigir la comunicación del gobierno es un paso hacia arriba. En cualquier caso, le gusta entrar al trapo con toda suerte de calificaciones.
Ríos García cerró el pulso con un post categórico: “El gobierno de Paz me ha mandado a su troll más destacado a llamarme zurdo por criticarlo. Puedes volver las veces que quieras, incluso con los mismos insultos, @FerCerimedo_ok. Con mejores vendehumo he lidiado”
La trifulca la había desatado un post en el que Ríos García – como otros muchos liberales del país – preguntaba al aire por el compromiso de la reforma tributaria “al estilo paraguayo” que Paz Pereira prometió en campaña. Cerimedo entró como un miura: “20 años comiendo zurdaje y ahora creen que en 100 días se resuelve todo”.
El economista citó a Milei y el atrevimiento del ministro de Economía, Gabriel Espinoza, que esta semana se atribuyó un superávit de 2.100 millones de bolivianos diciendo que habían hecho en dos meses lo que el ícono libertario en dos años y ahí empezó el descenso a los infiernos: Patético, mediocre, narrativa masista, gradualismo keinesiano, liberalómetro, y ya. Tampoco es que sea el hilo más visualizado de la historia de twitterbo.
El plan Paz
Es cierto que Cerimedo no es un experto en Economía y que su misión es acomodar los hechos al relato, pero también es cierto que el criterio del extraño rumbo que parece querer tomar el gabinete de Paz se ha extendido. Hasta Samuel Doria Medina esta semana ha dado puñetazo en la mesa exigiendo al Gobierno asumir sus responsabilidades y dejar de culpar al pasado.
Paz empezó quitando el impuesto a las Grandes Fortunas, el BCB creó un indicador “referencial” para el precio del dólar en el mercado mayorista que contuvo la especulación, eliminó la subvención de los combustibles, que en el manejo redondo que usa Paz le permite aseverar que ha ahorrado 10 millones de dólares por día, o sea unos 400 a final de enero y le quitó aranceles a la importación de tecnología (que si entra legal sí tendrá que pagar IVA en algún momento) y el IVA a los mismos combustibles que cuestan el doble y que ya no va al Estado sino al privado, porque el tanque se llena igual.
Deuda Se ha comprometido adquirir 7.600 millones de dólares de deuda externa, casi el 50% del total suscrito por el MAS en 20 años
Los más ortodoxos le critican que no se haya fijado todavía una regla fiscal que permita secar el gasto, y mientras tanto, que se haya comprometido adquirir 7.600 millones de dólares de deuda externa, casi el 50% del total suscrito por el MAS en 20 años, en apenas tres meses. Que el BCB anunciara la suscripción de un crédito de largo plazo de más de 30.000 millones de bolivianos y se tuviera que pasar la semana aclarando que en realidad es una conversión de deuda corta en larga y que es un procedimiento habitual, sin duda, no ayudó.
Tuto Quiroga mide fuerzas en la Asamblea, Jaime Dunn saca la patita en X, Doria Medina pone plazos… Y aún falta la devaluación.
Rodrigo Paz prometió en campaña priorizar a los pobres, y hay lógicas políticas que no se pueden evitar. Al mirista que queda en Paz le encanta entregar obras y proyectos y gran parte de la deuda adquirida será para eso con alcaldías y gobernaciones, con campaña o sin campaña. La gente necesita trabajar.
Las otras reformas
La digitalización del Estado sí parece empezar a consolidarse: Rodrigo paz gobierna telemáticamente; firma decretos, y el Senado sesiona de urgencia por Zoom llegando a acuerdos sólidos. Es raro, pero es clave. Tan obsoleto como entregar el bastón de mando que no te exime de responsabilidad en el hangar presidencial antes de viajar es eso de los “diputados suplentes” que trabajan una semana al mes en La Paz y el resto no se sabe donde y ganan un porcentaje que, al parecer, sí les alcanza para ser exclusivos.
Más que bajarse el sueldo – los bolivianos son de los parlamentarios peor pagados de la región -, es urgente ajustar su trabajo real, y en eso, la semana de licencia parece sobrar: Cualquier parlamentario podría habilitarse para votar por medios telemáticos si así se amerita.
Como fuere, la Asamblea Legislativa Plurinacional va a empezar a tomar más protagonismo a partir de las elecciones subnacionales, pues muchos de los artículos del decreto 5503, eliminado por presión popular, necesitarán tramitarse vía Ley para poder aplicarse: la reforma tributaria, la reforma del mercado laboral, la reforma dela Ley de Hidrocarburos y la reforma de la propia Constitución para abordar de forma integral temas como el de la Justicia, necesitarán de mayorías plenas. De momento Paz no ha logrado estabilidad en su bancada para imprimir un ritmo más orgánico a la gestión, donde sigue priorizando el decreto.





