Crónica política de la semana
Lo pluri, el 50-50 y el nuevo “tono” del “plan Cerimedo”
La devaluación y la reforma agraria aparecen en la agenda del Gobierno, que trata de coordinar más efectivamente con las bases. Rodrigo Paz asume el desgaste. Davos habla de “nuevo orden”. Lara sigue retrocediendo
Semana rara relativamente tranquila. La pugna por el poder territorial va ganando terreno en la agenda pública mientras se van calmando los últimos coletazos del pulso por el Decreto Supremo 5503. El presidente Rodrigo Paz parece haber acertado declinando la invitación a la cumbre de Davos y poniéndose al frente de la socialización de algunos temas sobre el territorio – evidenciando una clamorosa carencia de voceros eficaces – y el vicepresidente Edmand Lara sigue cada vez más arrinconado. Otros dos temas focalizan la atención: el paradero de Evo Morales y el caso “narcomaletas”. Por partes.
El 50 y 50
El presidente Paz arrancó la semana rescatando el concepto 50-50 para el reparto de recursos con los departamentos, enterrado luego de que empezaran a aflorar las dificultades técnicas e incongruencias sobre su manejo. El problema es que Paz Pereira lo volvió a utilizar en el tono habitual de la campaña, pero además neutralizando cualquier tipo de efecto “privilegio” respecto a los candidatos de su plancha: “Trabajaré con quien sea que gane”, vino a decir, asestando otro golpe a aquellos que decidieron unirse a la fórmula Unidad Nacional – MIR – Primero la Gente aun sin tener muy claro qué le sumaba.
Las subnacionales siguen sin tener un escenario marcado, ni siquiera una narrativa. Salvo la experiencia Patria, con todas sus debilidades, el resto son opciones matizadas e hiperlocalistas y no se adivina un proyecto alternativo al de Paz Pereira, en parte porque, acabada la campaña, ha quedado más bien indefinido.
En el pasado, las subnacionales y municipales sirvieron para contrarrestar el poder del Movimiento Al Socialismo (MAS), que en las nacionales lograba sumar grandes mayorías. No es que en la subnacionales ganara el derrotado. No pasó con Tuto en 2005, ni con Convergencia en 2009, ni con Unidad Nacional en 2014, ni con Carlos Mesa en 2021, sino que más bien se concretaba sobre fuerzas territoriales, con Demócratas como referencia en Santa Cruz, y corte popular en El Alto y La Paz.
Sin el MAS ni ninguno de sus sucedáneos en carrera con posibilidades reales de ganar, el escenario se va configurando de nuevo en aquellas lógicas: oficialismo frente a una primera mayoría local, aunque lo patrones hayan cambiado.
El ajuste Cerimedo
Aunque el gobierno logró sacar adelante algunas de sus emergencias más exasperantes tras la caída del 5503, como el levantamiento de las subvenciones a los combustibles, el asunto dejó un poso de derrota. Al instinto inicial de negar lo sucedido se vino una reflexión más pausada. El propio Paz Pereira instó a replegar velas y “bajar a las bases” para conectar mejor.
Algunos periodistas que siguen la actualidad comunicacional del Gobierno señalan que se trata de una enmienda al “plan Cerimedo”, el enfoque dado por el “superconsultor” político Fernando Cerimedo, ícono de la extrema derecha continental, y que luego de acompañar a Paz Pereira en la campaña se había hecho un hueco – como consultor – en la orientación de la comunicación del Gobierno.
Fiel a su estilo, aunque con matices, el plan no era tan original: dividir buenos y malos, masistas y no masistas, corruptos y no corruptos y desde ahí “quemarlo todo”, polarizar para acabar tendiendo la alfombra roja. Bolivia tiene muchos más matices y algunos antiguos han llegado al oído del presidente con un mensaje: No hay plan B si sale mal.
La plurinacionalidad de Lara y Evo
Esta semana era especialmente sensible para lo que fue el núcleo votante del PDC en agosto y octubre, pero también para los que lo apoyan fervorosamente desde que tomaron el poder: era el Día del Estado Plurinacional.
La feche siempre estuvo mal planteada, pues no conmemora el día que la población aprobó la Constitución – como en la mayoría de los países – sino el día que Evo Morales empezó a gobernar bajo esas premisas. Aún así, eliminarlo de plano podía generar sensibilidades adversas entre quienes entendieron el proceso como un reconocimiento a su participación. Del otro lado, los más extremistas exigen la destrucción de las denominaciones, los símbolos, y un retorno a la república – que nunca desapareció – con marcha victoriosa.
Paz optó por moverlo al viernes, convertirlo en feriado largo y no hacer alusiones al respecto de su significado. Lara reunió a un puñado de simpatizantes en La Apacheta, al final de El Alto, en un acto mitad reivindicación y mitad campaña… que de nuevo, no le salió bien.
Devaluación y tierras, dos nuevas batallas
La semana ha ido transcurriendo con pies de plomo. La visita a la cumbre de Davos del Canciller Fernando Aramayo y del ministro de Economía, Gabriel Espinoza, no trajo novedades, sino tal vez, una nueva evidencia de la disincronía entre lo que en Bolivia se viene diciendo (Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia), y lo que en el mundo se discute (unilateralidad absoluta, nuevo orden mundial, abuso de poder, chantajes sin disimulo, etc.,). Aún así Aramayo y Espinoza volvieron satisfechos de haber “promocionado” las “virtudes” de Bolivia para los inversores extranjeros, como si no hubiera que esperar ahora a lo que determine el país del norte al respecto.
Con todo, dos temas sensibles en lo económico se han vuelto a poner sobre la mesa. El primero, la inminente devaluación oficial, que el Banco Central y el Ministerio de Economía dan por asumida, dado que la microeconomía ya ha absorbido los nuevos precios en dólares luego de dos años de incertidumbre, pero que sin embargo, tendrá un efecto concreto en lo que hace a lo oficial: el fondo de pensiones de la Gestora Pública, pero también todas las inversiones, anticréticos, etc., que tendrán que ajustarse al nuevo valor y donde efectivamente unos ganarán y otros perderán.
El otro gran tema de la semana ha sido el avance legislativo para modificar el régimen de la propiedad de las pequeñas tierras, una propuesta ya impulsada por el MAS en 2024 y retomada por Branko Marinkovic en el Senado. El argumento principal es que los pequeños agricultores puedan usar su tierra como garantía para vender o invertir; la consecuencia, si no se controla adecuadamente, puede acabar en el despojo de miles de pequeños productores. Curiosamente, las principales voces de las organizaciones sociales ligadas a la tierra y al MAS, coinciden en los planteamientos con los grandes terratenientes.
La agenda parece decidida, y salvo matices, el legislativo no parece que el legislativo vaya a ser por fin el gran centro de discusión de esta legislatura.





