Crónica política
El plan del DS 5503, los alcaldes y el poder adquisitivo (de enero)
La estrategia del gobierno para consolidar el decreto le está funcionando con la atención concentrada sobre el precio del combustible
El DS 5503 fue disimulado, pero no improvisado. El Gobierno jugó al despiste sobre la fecha en la que lanzaría “su” 21060. Medinaceli pidió hasta diciembre para plantear una estrategia, José Luis Lupo habló de marzo para las medidas de fondo y cuando las redes discutían del “porcentaje de gradualismo” a aplicar, zas, llegó el decreto donde la retirada de la subvención es solo unos pocos artículos dentro de un texto con más de cien, pero que obviamente “es EL ARTÍCULO”, al menos por el momento.
La estrategia le está saliendo bien: primero se lanza la Navidad con el encendido de luces un martes y al día siguiente un mega - decreto que nadie tiene muchas ganas de leer. Arce planteó hasta un referéndum por lo que el debate va adelantado y en general en las grandes ciudades ya se había concertado un clima de resignación propicio para el shok. No así en las zonas populares y el ámbito rural, donde por cierto Rodrigo Paz obtuvo muchos más votos.
Miércoles de shok, jueves de cálculo, viernes de paro, fin de semana. Cabal. El domingo los transportistas recuerdan al país que no son vanguardia de nada sin caja de compensación. Lunes se retoman las conversaciones mientras se ponen las cuotas para la picana y se cruzan los dedos para que llegue el Santiago de La Paz por tierra, “porque BoA sigue siendo un desastre”. La COB dice que no aceptarán nada, pero nadie está pensando en lo de los salarios en estas semanas de excesos. Los mineros se dividen, como todos: explosivos, inversión, exclusividad, muchas tentaciones.
Este martes les toca a los alcaldes., que no fueron informados y a los que les toca bailar con la más fea: El asunto del pasaje urbano está en su tejado. Hay quienes prefieren exponerse mucho alineándose con el gobierno, como Johnny Fernández desde Santa Cruz, que ya tiene cuentas pendientes: niega incrementos y amenaza con liberalizar el sector y retirar licencias. Fernández está en campaña y no le vendría mal algún guiño, aunque es improbable que le llegue.
La mayoría opta todavía por ponerse de perfil: el gobierno les ha derivado la responsabilidad de controlar los precios. Subir enervará al ciudadano votante, prohibirlo creará problemas de servicio, como sea, los alcaldes están en el centro de una ensalada que no prepararon. Hay alcaldes más creativos con Fedjuves más dóciles, luego está Eva Copa en El Alto, una ciudad abonada al truficito y que votó masivamente por Edmand Lara y cuya reacción es todavía incierta por lo que es: mañana 24, al otro Navidad y el 26 feriado para “fomentar el turismo”.
El mayor error del Gobierno sería cantar victoria antes de tiempo, aunque lo tenga enfilado. Algunos movimientos sociales y sectores ya han empezado a bucear en el decreto y encontrar otras amenazas aparte de los precios y aparte del “Fast Track”, los mecanismos que van a permitir cerrar contratos sobre recursos estratégicos en tiempo record y que en cierta manera, es la lógica del péndulo tras los últimos años fallidos del MAS, donde se olvidó de la transformación y se quedó en el asalto.
Los números que maneja el gobierno para controlar la inflación derivada de los nuevos precios del combustible no acaban de cuadrar, amén de que por mucho que se paguen más bolivianos, siguen faltando dólares.
El razonamiento simple dice que alza de precios y la congelación salarial derivará en una contracción del consumo, que unida a “las políticas de contratación restrictivas de la administración pública” – léase despidos – y el recorte del gasto público aumentará el desempleo y por ende, contraerá la inversión, al menos en el corto plazo y sin olvidar que el gobierno de Luis Arce ya llevaba en esa dinámica al menos dos años: no cabe un carrito de comida más, ni un lavadero de autos, y ya no se puede ni taxear, pero el gobierno habrá cerrado algo la brecha de déficit y tal vez, restaurado las Reservas Internacionales en base a un plan que probablemente incluya incremento de ingresos – impuestos – y devaluación.
El plan definitivo de Paz pasa porque los privados repatrien sus recursos e inviertan en sectores productivos – ojalá no solo ladrillo -. Estos días en los que parece que la reacción popular está controlada, se está jugando parte de su éxito. La Navidad pasará con el precio de los pasajes. Después la gente hará cuentas de cuánto necesita para sobrevivir.








