Crónica política de la semana
Del largo, largo, largo viaje al centro al silencio de Evo
Tanto Tuto como Rodrigo suavizan sus compromisos para abrirse a más sectores, aunque les pueda penalizar en el futuro. Mientras, el bloque popular sigue sin definirse y Morales se olvida del voto nulo
El Capi Lara tuvo un viernes tranquilo y Rodrigo Paz llegó hasta Tarija, su casa, para reunirse con empresarios en el exclusivo Hotel Los Parrales; Tuto anunció viaje a Brasil y con JP Velasco protagonizaron un video de esos de contrapunto donde el vicepresidente dice que no quiere ser presidente. Paz y amor. Incertidumbre y estabilidad; pasión y rutina, los clivajes de hoy.
Tuto es consciente de que la tiene más difícil. La ascendencia de Jaime Paz sobre Rodrigo dificulta la asimilación al masismo porque siempre estuvieron ahí y Edman Lara va a repetir las veces que haga falta que no tiene nada que ver con ellos, salvo en lo de ser pueblo - pueblo, sin simulaciones.
Tuto anda enfrascado en una campaña para mostrarse más amable, explicar que ceño fruncido es hereditario y refleja concentración y no el resultado de la incomodidad de una pregunta random de cualquier periodista. Baila en Chutillos, pasea mercados, juega básquet y ensalza a Percy Fernández, el alcalde “más pendejo” de cuantos han gobernado alguna ciudad de este país, capaz de acomodarse con cualquiera y tapar con obras sus excesos sociales.
Paz ha cambiado de tono. Hacia arriba. Es verdad que en Tarija lo usaba recurrentemente, pero ahora también da lecciones, responde con preguntas y se hace el “sabiondo – chistoso” con periodistas del eje. Todos compiten para ganar, pero quince días antes del 17 de agosto no tenía ni la más remota certeza de que lo haría, lo que le ha generado un bolsón de promesas por las que, si gana, tendrá que entregar facturas.
Es verdad que la colisión de intereses con Chile (país que también está en campaña y donde los asuntos de migración, con todo su tufo racista, juega partidos importantes) le ha sumado a Paz en sus nichos: hacía tiempo que no se veía a un político boliviano entrar al choque con los chilenos, defender lo nacional – “¿no será que los carabineros participan del negocio de los autos chutos?” se vino a preguntar Paz desatando la tempestad al otro lado de la cordillera – argumentar sin arrugarse y darse el lujo de invitar a sus pares a comer keperí en el mercado. Otra cosa es que empiecen a quedar al descubierto las “pequeñas” falacias de la campaña a la desesperada, con altos tintes populistas: nacionalizar chutos, perdonazo tributario, bajar todos los impuestos al 10%, destruir la aduana, salario universal para la mujer, renta dignidad de 2.000 bolivianos, y todo dándole el 50% de la caja a las regiones. ¿Quién no votaría por algo así?
Al frente Tuto, ceño fruncido (de concentración), realismo y experiencia. Javier Milei no cala. 12.000 millones del FMI y todos felices. Ya no hay recorte de bonos, ni casi de subsidios al combustible. Lo que cuenta es ganar, y hasta ahora, ni siquiera el millón de votos de Samuel Doria Medina le ha puesto ojitos.
Las campañas basadas en el miedo ganan cuando los ciudadanos lo sienten de verdad, en su día a día, en sus casas, en sus hijos… y la verdad que los bolivianos, todos, saben que saldrán de esta sin milagros y haciendo lo de siempre: trabajar y resistir. Resiliencia que dicen los modernos.
La postergación del MAS
Muchos analistas se precipitaron al sentenciar la muerte del MAS, pero vivió. La sigla está intacta y su universo votante también. El país no se ha “derechizado” en los términos clásicos, - Tuto, 27% de votos – como nunca se izquierdizó por mucho que insistan los teóricos del proceso, sino que más bien ha huido de caudillismos y de clasificaciones a base de slogan fáciles: “capitalismo para todos”. Podía haber ganado también Jaime Dunn.
Evo calcula y calcula. Forzando la interpretación sumando blancos, sus leales lo han proclamado ganador de los comicios del 17 de agosto, pero colarse con la misma campaña en el mano a mano del balotaje lo dejaría demasiado expuesto. Entonces quedar tercero sería quedar último.
En esas, Morales mira hacia otro lado y considera lo hecho, pecho. Hasta un millón de votos pueden entrar en el circuito del voto válido, y no lo harán votando por Tuto salvo cataclismo previo. El silencio de Morales le beneficia a Paz, aunque solo si Paz sabe jugar sus cartas.
Mientras, el propio MAS ha entrado en fase de reflexión. La sigla sigue viva y puede ser útil en las subnacionales, pero sus depositarios actuales han quedado muy tocados. Vertemos si el momento de escenificar la reunificación se da después de las elecciones y antes de las subnacionales, o si simplemente, no se da.
El valor simbólico de Murillo
Arturo Murillo, exministro de Gobierno con Jeanine Áñez desde el primer día hasta unos pocos antes del último, los que necesitó para huir, fue sentenciado en Estados Unidos por corrupción llana y simple en los contratos de compra de material antimotines, apenas unos días después de tomar el poder en 2019. Por eso lo sentenció EEUU y por eso ha ingresado en la cárcel en Bolivia, donde las investigaciones siguen empantanadas.
Los tiempos han coincidido: Salieron Camacho y Pumari y entró Murillo justo en el momento en el que los Magistrados acomodan su criterio al nuevo escenario. Al Gobierno le sirve para justificarse. El “regalo” será la salida de Áñez más adelante. Reformar de arriba abajo la Justicia, en cualquier caso, es ineludible.





