El ocaso de una generación política



Queda una semana para que los bolivianos acudan a las ánforas para elegir Presidente, pero también para definir la composición de la Asamblea Legislativa Departamental. En ella, por primera vez en mucho tiempo, no estarán ni los “barones” de Unidad Nacional ni los de Demócratas, dos agrupaciones que se conformaron con retazos de partidos de otros tiempos y que básicamente han tenido que soportar la hegemonía del Movimiento Al Socialismo durante la última década y media.
Tampoco estarán algunos de los ilustres parlamentarios tarijeños, con larga trayectoria a sus espaldas: No estará Wilman Cardozo, ni Víctor Hugo Zamora, ni Mirtha Arce, ni Fernando Campero ni otros que se habían asentado en el imaginario.
Unidad Nacional y Demócratas, dos agrupaciones condenadas a entenderse en la época gloriosa del masismo - pero mal avenida -, acabó su historia tragicómica dándole el bastón de mando a Jeanine Áñez y Arturo Murillo, dueños y señores del Gobierno, que apostaron por buscar la elección arruinando un Gobierno que nunca acabó de ser de transición.
Es verdad que muchos, como la propia Presidenta Jeanine Áñez, ya estaban de salida en octubre de 2019. La mayoría no buscaban la reelección, pero de igual forma constaban en el imaginario. Mientras el MAS ha mantenido la renovación permanente y casi total de los candidatos a la Asamblea – que no en sus Gobiernos -, en la oposición los nombres se repetían con asiduidad: Óscar Ortiz, Arturo Murillo, Jaime Navarro, Monasterios, Arces, Núñez, etc.
Mesa representa una generación mayor; Camacho una inferior y el MAS quiere rejuvenecerse. Una generación política que sobrevivió por joven a la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada, vivió 14 años bajo el rodillo del Movimiento Al Socialismo y que solo llegó al poder por once meses luego de la deflagración violenta está de salida. Sin espacios. La regeneración política está en marcha.