Cinco datos del MAS que no puede pasar por alto
El Movimiento Al Socialismo (MAS) ha sido por cuarta vez consecutiva la fuerza más votada en Bolivia, pero es la primera en la que no alcanza la mayoría del voto popular y por tanto, dinamita uno de los principales pilares de su gobierno y el que hasta la fecha le ha dado la legitimidad...



El Movimiento Al Socialismo (MAS) ha sido por cuarta vez consecutiva la fuerza más votada en Bolivia, pero es la primera en la que no alcanza la mayoría del voto popular y por tanto, dinamita uno de los principales pilares de su gobierno y el que hasta la fecha le ha dado la legitimidad necesaria para acometer casi todo: El MAS es ahora menos que la suma de las fuerzas que se declararon opositoras.
Efectivamente, esa minoría no se traduce en las cámaras, donde sigue siendo mayoría, aunque ya no con dos tercios. Los siete diputados de circunscripción indígena son claves para esa mayoría. El MAS suma 68 diputados en una cámara de 130 y 21 senadores en una cámara de 36, lo que le servirá para gobernar con cierta holgura. Lo que no habrá son los dos tercios necesarios para reformas de fondo o designaciones clave; que en cualquier caso, tampoco se han producido en tiempos de mayoría: el presidente de YPFB sigue siendo interino.
La confrontación de las protestas sirve para unir a las bases, siempre más comprometidas que los nuevos amigos que durante la campaña han sido el sujeto a conquistar. Esa clase media (o media alta en Tarija) con la que ha venido compartiendo mantel blanco y propuestas el Presidente; y esa clase media que se supone que quería un “futuro seguro”, con sus lotes, sus autos cero kilómetros y sus viajes a Punta Caná.
El análisis más pormenorizado arrojará resultados claros con los que seguramente se tomarán decisiones en la plana mayor del MAS. O seguramente no.
De inicio, el MAS ha bajado del 61% de 2014 al 47% de 2019; un descenso de 14 puntos, que es casi un 25% de la votación. El MAS baja incluso de la votación del referéndum de 2016, lo que invita a la reflexión sobre la conexión con los nuevos votantes.
En 2014, el MAS ganó en todos los departamentos menos en el Beni. Esta vez lo hace en La Paz, en Cochabamba, en Oruro, en Potosí, en Pando y por apenas 350 votos, precisamente en el Beni.
De los departamentos en los que gana, solo en dos supera el 50% de la votación: Cochabamba con 57% y La Paz con 53%. Se queda cerca en Potosí (49%) y Oruro (48%), pero no llega.
En La Paz el MAS gana, pero no supera el millón de votos de 2014 y se queda en 877.271. Pasa lo mismo a nivel nacional, donde no supera los tres millones de votos (2.889.359 votos) pese a que el padrón electoral se elevó por encima de los siete millones.
En Tarija, que había sumado el 51% en 2009 y 2014 se queda en 40%, que es el resultado que “normalmente” ha venido alcanzando en cómputos locales: es el caso de la elección departamental de 2015 y un poco más baja de la de Carlos Cabrera en 2009.
Pasa por ser una votación similar a la del referéndum del 2016, lo que invitaría a pensar que el efecto “Evo” ha pasado.Las subnacionales están a la vuelta de la esquina, y para el análisis es un buen punto de partido.
Efectivamente, esa minoría no se traduce en las cámaras, donde sigue siendo mayoría, aunque ya no con dos tercios. Los siete diputados de circunscripción indígena son claves para esa mayoría. El MAS suma 68 diputados en una cámara de 130 y 21 senadores en una cámara de 36, lo que le servirá para gobernar con cierta holgura. Lo que no habrá son los dos tercios necesarios para reformas de fondo o designaciones clave; que en cualquier caso, tampoco se han producido en tiempos de mayoría: el presidente de YPFB sigue siendo interino.
La confrontación de las protestas sirve para unir a las bases, siempre más comprometidas que los nuevos amigos que durante la campaña han sido el sujeto a conquistar. Esa clase media (o media alta en Tarija) con la que ha venido compartiendo mantel blanco y propuestas el Presidente; y esa clase media que se supone que quería un “futuro seguro”, con sus lotes, sus autos cero kilómetros y sus viajes a Punta Caná.
El análisis más pormenorizado arrojará resultados claros con los que seguramente se tomarán decisiones en la plana mayor del MAS. O seguramente no.
De inicio, el MAS ha bajado del 61% de 2014 al 47% de 2019; un descenso de 14 puntos, que es casi un 25% de la votación. El MAS baja incluso de la votación del referéndum de 2016, lo que invita a la reflexión sobre la conexión con los nuevos votantes.
En 2014, el MAS ganó en todos los departamentos menos en el Beni. Esta vez lo hace en La Paz, en Cochabamba, en Oruro, en Potosí, en Pando y por apenas 350 votos, precisamente en el Beni.
De los departamentos en los que gana, solo en dos supera el 50% de la votación: Cochabamba con 57% y La Paz con 53%. Se queda cerca en Potosí (49%) y Oruro (48%), pero no llega.
En La Paz el MAS gana, pero no supera el millón de votos de 2014 y se queda en 877.271. Pasa lo mismo a nivel nacional, donde no supera los tres millones de votos (2.889.359 votos) pese a que el padrón electoral se elevó por encima de los siete millones.
En Tarija, que había sumado el 51% en 2009 y 2014 se queda en 40%, que es el resultado que “normalmente” ha venido alcanzando en cómputos locales: es el caso de la elección departamental de 2015 y un poco más baja de la de Carlos Cabrera en 2009.
Pasa por ser una votación similar a la del referéndum del 2016, lo que invitaría a pensar que el efecto “Evo” ha pasado.Las subnacionales están a la vuelta de la esquina, y para el análisis es un buen punto de partido.