Fujimori y Sánchez compiten por la presidencia de Perú
El descrédito de la clase política, reflejada en la inédita participación de 35 candidatos, plantea un desafío para ambos candidatos, que llegan al balotaje con un apoyo exiguo y lucharán, con agendas dispares
Luego de una caótica primera vuelta en las elecciones generales -y tras más de un mes de escrutinio-, Perú ya conoce a los dos aspirantes a la Presidencia que, una vez más, encarnan dos visiones opuestas de país.
De un lado, la derechista Keiko Fujimori, que aspira por cuarta vez a la Presidencia, con un apellido que atraviesa la historia reciente de la nación andina. Del otro, el izquierdista Roberto Sánchez, quien emuló los pasos de su mentor Pedro Castillo hace cinco años, para irrumpir en el balotaje.
Ninguno de los dos llega en una posición fuerte a esa segunda ronda electoral. Apenas lograron destacarse entre los 35 candidatos presidenciales, con porcentajes exiguos: Fujimori alcanzó el 17,18% y Sánchez arañó el 12,03%, apenas por delante del ultraderechista Rafael López Aliaga y del centrista Jorge Nieto.
Apenas 21.210 de votos dieron el segundo lugar a Sánchez sobre López Aliaga, que exige a las autoridades electorales no proclamar los resultados hasta que se atiendan sus reclamos, al denunciar -sin pruebas- un fraude en su contra, a partir de los grandes retrasos que se produjeron en la apertura de colegios en Lima, su principal feudo electoral.
El desafío de los dos aspirantes será conquistar a un electorado que mira de reojo a la clase política, que demanda mayor transparencia y seguridad y que anhela estabilidad luego de tener nueve presidentes en diez años.
La primera vuelta de las elecciones ha hecho poco favor a ese objetivo. Si la inédita cifra de candidatos alimentó la confusión de los votantes (en un tarjetón enorme que, además de presidente, incluía columnas para elegir senadores nacionales y regionales por primera vez en más de 30 años, diputados y miembros del Parlamento Andino), las fallas y demoras en la entrega de material electoral –que forzaron la prolongación parcial de los comiciosl– no han contribuido a generar confianza.
Ambos candidatos, además, cargan con la sombra de dos expresidentes caídos en desgracia, aunque ellos los reivindican.
Fujimori promete "mano dura"
Como es sabido, Keiko es hija del fallecido exmandatario Alberto Fujimori (1990-2000), quien tras el 'autogolpe' de 1992 impuso un gobierno autoritario y cuya figura aún divide a la opinión pública.
Sus simpatizantes le destacan su victoria sobre la guerrilla Sendero Luminoso, la reducción de la inflación y el crecimiento económico. Sus detractores subrayan la corrupción y las múltiples violaciones a los Derechos Humanos bajo su mandato, que le valieron una condena de 25 años de prisión.
Si antes de los comicios de 2016 buscó distanciarse un poco de la figura de su padre, hoy Keiko Fujimori abraza por completo su legado, al punto de asegurar que, antes de su muerte en 2024, él le pidió que volviera a ser candidata a la Presidencia, como ya lo había hecho sin éxito en 2011, 2016 y 2021.





