Evo, Trump y el discurso imperialista

La meridiana claridad con la que el presidente Evo Morales repasó los fracasos y errores de la “política exterior” de Estados Unidos tuvo una enorme repercusión mundial no por lo certero, que también, ni solo por hacerlo a dos metros del presidente Donald Trump, sino por hacerlo en el lugar desde el que se gobierna el mundo; allí donde se declaran las guerras: en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Bolivia está ya de salida en el Consejo de Seguridad, donde entró por turno a ocupar una de las sillas rotatorias. Ya desde su confirmación, que coincidió en el tiempo con la elección del presidente Donald Trump, desde siempre una figura controversial.

Morales repasó todos los fracasos de Estados Unidos en este siglo. El fracaso en Irak, en Afganistán, en Libia, en Siria, los intentos de intervención en Venezuela confirmados por New York Times, y el resto de decisiones adoptadas “en nombre de la democracia y los derechos humanos” y que únicamente han conseguido eliminar cualquier rastro de institucionalidad nacional, llevando a los Estados – todos con enormes recursos – a la fractura.

A dos sillas estaba Donald Trump, un personaje excéntrico acostumbrado a decir todo tipo de barrabasadas en público y en twitter, que sin duda no se ha asustado por las palabras del presidente Evo Morales. Más bien todo lo contrario. El día anterior la plenaria completa en la Asamblea General ya se había reído en su cara justo cuando dijo que habían hecho “más aportes a la humanidad que cualquier otro Gobierno en la historia”. Trump se percató de las burlas, levantó la vista y dijo “es verdad”. Las carcajadas se hicieron notorias.

Trump, que de momento es el único presidente de los Estados Unidos que no ha desencadenado su propia guerra, y apenas ha movilizado algunas tropas y ordenado algunos bombardeos en Siria, aunque obviamente no ha resuelto ninguno de los frentes abiertos, se ha caracterizado por hablar claro en todos sus escenarios, con un componente nuevo: el proteccionismo económico que ha puesto de los nervios a la mayoría de los medios en Estados Unidos y a las grandes corporaciones transnacionalizadas, defensores del libre mercado a ultranza.

Desde esa lógica, Trump es el mismo imperialista que todos sus antecesores, que en la práctica han subordinado los intereses del mundo a los de su país. Exactamente lo que Morales le reclamó en el Consejo de Seguridad y que, esta vez sí, los medios propios difundieron profusamente.

Gracias al eco mediático internacional, Morales ha generado un precedente que le servirá para justificar todo lo que pase en Bolivia en los próximos meses ante la opinión pública internacional. Mientras tanto, Trump calla ante el subordinado perfecto, el que sigue depositando sus reservas internacionales, el ahorro previsional, los excedentes de caja, etc., en los denostados bancos del denostado “Imperio”.

Si fue estrategia, al Gobierno le salió perfecta; si fue improvisado, la suerte sigue de su lado. Mientras tanto, los discursos, siguen aguantando páginas y páginas sin entrar más al fondo de la cuestión de la soberanía tras muchos, pero muchos años de gobierno.