Santa Cruz: autonomía para hacer crecer Bolivia

En su aniversario, Santa Cruz merece ser reconocida por su capacidad de producir, emprender, recibir a quienes buscan oportunidades y construir una identidad propia sin dejar de sentirse parte de Bolivia

 

Hay departamentos que se acostumbraron a esperar. Y hay otros que, con sus virtudes y sus contradicciones, han aprendido a hacer. Santa Cruz, como Tarija, pertenece claramente al segundo grupo.

Este 24 de septiembre no solo corresponde celebrar una fecha histórica. Corresponde reconocer una experiencia de desarrollo que ha transformado profundamente a Bolivia. Santa Cruz pasó de ser una región periférica a convertirse en uno de los principales centros económicos del país. En 2024 aportó alrededor del 30% del PIB nacional y sus exportaciones tienen hoy un fuerte componente de productos no tradicionales que marcan el camino, pero quizá su mayor aporte no pueda medirse solamente en toneladas, dólares o porcentajes.

Santa Cruz ha demostrado una extraordinaria capacidad para absorber población, generar oportunidades y convertir la diversidad en fuerza productiva. El Censo 2024 registró 3,12 millones de habitantes en el departamento, con 82,8% viviendo en áreas urbanas. Es el resultado de décadas en las que miles de bolivianos llegaron buscando una oportunidad y encontraron una sociedad capaz de incorporarlos. Eso es construir nación.

Santa Cruz no se ha convertido en Santa Cruz dejando de ser cruceña. Al contrario: ha desarrollado una identidad vigorosa, con tradiciones, música, gastronomía, fiestas, formas de relacionamiento y una manera particular de entender el trabajo y la comunidad. Y esa identidad ha convivido con la llegada permanente de gente de todo el país. Es una lección importante para Bolivia.

La autonomía cruceña es probablemente la parte central de esta historia. No como negación de Bolivia, sino como reivindicación de la capacidad de administrar mejor aquello que puede resolverse desde el territorio. La propia Constitución reconoce competencias departamentales vinculadas con la planificación, la promoción de la inversión y la administración de recursos, dentro del marco del Estado boliviano.

Los últimos ardores del independentismo parecen haberse aplacado por la propia aritmética demográfica y los relojes de la globalización: hoy toca profundizar el Estado Autonómico

Vivimos tiempos distintos. Los últimos ardores del independentismo parecen haberse aplacado por la propia aritmética demográfica y los relojes de la globalización. Hoy tenemos pendiente la profundización de un Estado Autonómico que va más allá de un lema que nadie entiende (50-50) aunque se use hasta en la ONU.

La autonomía no puede significar solamente elegir autoridades departamentales mientras las decisiones fundamentales continúan concentradas en La Paz. Tampoco puede convertirse en una disputa permanente entre regiones y Gobierno central. La autonomía debe significar capacidad efectiva de planificar, invertir, producir, administrar recursos y responder a las necesidades de la población.

El desafío inmediato es transformar profundamente el modelo autonómico boliviano: Dar competencias reales, recursos suficientes y responsabilidades claras a las regiones. Construir un nuevo pacto fiscal. Eliminar duplicidades. Acercar las decisiones al ciudadano. Permitir que cada territorio aproveche mejor sus propias ventajas.

Nada de esto rompe el país, pero ya va casi un año perdido en reflexiones y titulitos que no se acompañan con la evidencia.

Una Bolivia autonómica no es una Bolivia fragmentada. Puede ser una Bolivia más equilibrada, donde cada departamento tenga mejores condiciones para desarrollar sus capacidades y donde el éxito de una región genere oportunidades para las demás.

Desde Tarija, que también tiene una larga tradición de defensa de su autonomía, corresponde mirar a Santa Cruz con respeto y reconocimiento. No para copiarla —cada región tiene su propia realidad— sino para aprender de su capacidad de organización, de su espíritu empresarial y de su voluntad de construir futuro.

Santa Cruz celebra hoy su identidad y Bolivia debe celebrar también lo que esa identidad ha aportado a la construcción nacional, porque la autonomía que vale la pena defender no es la que levanta fronteras. Es la que permite que cada región pueda crecer con sus propias fuerzas, competir, cooperar y aportar más al conjunto.

Feliz 24 de septiembre, Santa Cruz. Y que su pujanza siga impulsando el nombre de Bolivia.


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