Paciencia
Hay una paciencia que tenemos con todo el mundo y que muchas veces se nos olvida tener con nosotros mismos. Entendemos que alguien esté cansado, que necesite tiempo, que se equivoque, que no tenga todas las respuestas… pero cuando se trata de nosotros, queremos resolverlo todo rápido.
Y así terminamos convirtiendo nuestra propia vida en una carrera.
La realidad es que hay decisiones que necesitan tiempo y emociones que necesitan espacio. Forzarte a estar bien antes de tiempo no te hace más fuerte.
Tener paciencia contigo es aprender a decir: “todavía estoy entendiendo esto y está bien”. Es aceptar que puedes ir más lento sin estar retrocediendo.
También significa reconocer tus pequeños avances. Ese día en el que reaccionaste con más calma. Esa vez que pusiste un límite.
La paciencia no es quedarte inmóvil esperando que la vida cambie. Es seguir caminando sin maltratarte por la velocidad.
Puedes querer mejorar y al mismo tiempo tratarte con cariño.
Ten paciencia con lo que estás viviendo, con lo que todavía estás aprendiendo y, sobre todo, contigo mismo. Tú también mereces recibir de ti la misma comprensión que tantas veces das a los demás.





