La maldición de Eresictón
Eresictón era un rey de Tesalia conocido por su arrogancia. Un día decidió construir un enorme salón para celebrar banquetes y necesitaba madera.
El problema era que la madera que quería estaba en un bosque sagrado dedicado a Deméter, diosa de la agricultura y las cosechas.
Sus hombres se negaron a cortar los árboles.
Pero Eresictón no quiso escuchar.
Ordenó talar un árbol sagrado que, según algunas versiones, estaba consagrado directamente a Deméter. Cuando sus hombres dudaron, él mismo tomó el hacha y lo derribó.
El árbol, además, no era completamente ordinario: en la versión de Calímaco, dentro de él habitaba una ninfa.
La profanación enfureció a Deméter.
Pero la diosa no lo castigó simplemente con dolor o muerte.
Eligió algo mucho más extraño:
Un hambre que jamás podía satisfacerse.
Deméter hizo que Eresictón sintiera un hambre sobrenatural.
Comía...
y seguía teniendo hambre.
Comía más...
y el hambre aumentaba.
Llegó a gastar sus riquezas en comida y terminó vendiendo sus posesiones para conseguir más.
Finalmente, en las versiones más extremas del mito, Eresictón llegó a devorarse a sí mismo.
Eresictón destruyó aquello que debía respetar y terminó siendo consumido por su propio deseo.





