Montecristo y las preguntas que todavía faltan

Probar nuevas tecnologías para recuperar gas puede ser necesario. Precisamente por eso, el país necesita conocer con precisión qué se está haciendo y cuáles son sus impactos

Bolivia necesita gas. Después de años de caída de la producción y de las reservas, cualquier posibilidad de incorporar nuevos recursos merece ser estudiada con seriedad. Montecristo-9, en Okinawa, puede representar precisamente eso: un intento de encontrar una nueva frontera para la producción hidrocarburífera mediante tecnologías capaces de trabajar sobre formaciones de baja permeabilidad.

Hasta ahí, no hay motivo para el prejuicio. No es la primera vez que se habla de “recuperación secundaria de pozos” o de “reactivar viejas formaciones con nuevas tecnologías”. El problema comienza cuando una operación técnicamente compleja se explica con consignas políticas y no con información técnica.

El Gobierno ha presentado Montecristo-9 como un proyecto piloto y ha hablado de “estimulación hidráulica” para extraer gas y condensado de las formaciones Huamampampa y Los Monos. YPFB, por su parte, señala que se trata de formaciones de baja permeabilidad que requieren procedimientos especializados para ser producidas.

La pregunta a resolver, por tanto, es ¿qué tipo de estimulación hidráulica se está aplicando?

La precisión importa porque la estimulación hidráulica es un concepto amplio. Puede incluir diferentes tratamientos destinados a mejorar el flujo de hidrocarburos. Uno de ellos es la fracturación hidráulica, conocida como fracking, que utiliza fluidos a alta presión para crear o ampliar fracturas en la roca y, habitualmente, materiales como arena para mantenerlas abiertas.

La transparencia no debería ser un obstáculo para la inversión ni para la innovación. Debería ser una condición para que ambas sean sostenibles.

Por eso no es técnicamente correcto afirmar, sin conocer el procedimiento, que Montecristo-9 es un proyecto de fracking. Pero tampoco es suficiente repetir que “no es fracking” porque YPFB utiliza otra denominación. La respuesta debe estar en los datos.

¿Qué presión se aplicará? ¿Se busca fracturar la formación? ¿Qué volumen de agua se utilizará? ¿Qué productos contiene el fluido? ¿Se empleará arena u otro agente de sostén? ¿Cuánto líquido regresará a superficie y cómo será tratado? ¿Qué controles existen sobre las aguas subterráneas? ¿Cómo se verificará la integridad del pozo? ¿Se medirán las emisiones de metano y la microsismicidad?

Son preguntas elementales cuando se pretende abrir una nueva frontera tecnológica y no son preguntas que deban interpretarse necesariamente como una oposición al proyecto. Al contrario. Si Montecristo-9 demuestra que Bolivia puede recuperar gas de formaciones que antes no eran económicamente explotables, será una información de enorme importancia para el futuro energético nacional. Precisamente por eso necesitamos saber qué tecnología funciona, cuánto cuesta y qué riesgos implica.

El país no puede repetir la vieja lógica según la cual toda exploración es buena simplemente porque promete gas – como se aplicó en Boyuy, Jaguar, Lliquimuni y tantos otros -. Tampoco debería caer en el extremo contrario de considerar peligrosa cualquier tecnología nueva antes de conocer sus características y controles.

Entre la propaganda y el alarmismo existe un espacio mucho más útil: el de la evidencia. Montecristo-9 es un piloto. Como tal, debería ser también un ejercicio de transparencia. Si los resultados son positivos, corresponderá discutir seriamente su eventual ampliación. Y si existen impactos o costos que hagan inviable su desarrollo, también será necesario conocerlos.

La seguridad energética no se construye solamente produciendo más hidrocarburos. También se construye tomando decisiones informadas sobre cómo producirlos.

Bolivia necesita recuperar su producción de gas, pero no debería tener que elegir entre energía y medio ambiente como si fueran objetivos incompatibles. Necesita ambas cosas, y para conseguirlas hay una condición sencilla: que cuando el Estado diga que está aplicando una nueva tecnología, explique exactamente cuál es.


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