El Chaco autónomo, un Chaco para todos

La autonomía regional del Gran Chaco es una conquista institucional que merece respeto y reconocimiento. El desafío ahora es hacerla sostenible

Hay aniversarios que sirven para mirar hacia atrás y otros que permiten entender mejor hacia dónde debemos caminar. Los 150 años de la provincia Gran Chaco pertenecen a ambas categorías. Porque el Chaco no solo celebra una historia propia y una identidad profundamente arraigada, sino también una de las experiencias autonómicas más singulares de Bolivia.

El Gran Chaco decidió democráticamente avanzar hacia una autonomía regional. Lo hizo mediante el voto y posteriormente mediante la aprobación de su Estatuto Autonómico. Hubo momentos de dudas, de manipulaciones políticas y de presiones, pero esa decisión merece un respeto absoluto. No corresponde discutir desde fuera la legitimidad de una voluntad expresada por sus ciudadanos ni mucho menos plantear la autonomía chaqueña como un problema para el departamento.

Al contrario: una Tarija fuerte debe ser capaz de entender que la diversidad institucional y territorial puede convertirse en una fortaleza.

Hoy, sin embargo, el propio Chaco enfrenta una realidad que obliga a revisar algunas certezas. Los ingresos provenientes del IDH y las regalías han caído aproximadamente un 80% desde 2014. El modelo que durante años permitió financiar una estructura pública amplia ya no existe en las mismas condiciones.

Y ahí aparece una oportunidad. La discusión sobre cómo hacer más eficiente el Gobierno Regional, cómo evitar duplicidades, cómo distribuir territorialmente las decisiones entre Yacuiba, Villa Montes y Caraparí y cómo reducir los costos burocráticos no debería entenderse como un retroceso de la autonomía. Es exactamente lo contrario: significa hacerla sostenible.

Una autonomía que depende de una renta extraordinaria que ya no existe está condenada a administrar nostalgia. Una autonomía capaz de reorganizarse, priorizar el gasto, planificar y generar nuevas fuentes de riqueza puede convertirse en uno de los motores del desarrollo regional.

La autonomía chaqueña merece respeto; el desafío de Tarija es convertir esa diversidad institucional en cooperación, complementariedad y un proyecto común de desarrollo.

Por eso resulta especialmente importante que las tres autoridades regionales hayan comenzado a hablar de planificación conjunta. El Chaco no puede ser simplemente la suma de tres municipios o tres administraciones que compiten por los mismos recursos. Tiene una identidad territorial, productiva y estratégica común que puede y debe ser aprovechada.

Pero esa construcción regional tampoco debería significar aislamiento respecto al resto del departamento.

Tarija necesita superar definitivamente la vieja lógica de los territorios enfrentados por recursos, competencias o protagonismos políticos. El Chaco tiene enormes potencialidades agropecuarias, ganaderas, energéticas y logísticas que pueden beneficiar a todo el departamento. Del mismo modo, los valles y la zona alta tienen capacidades productivas, turísticas y de servicios que pueden complementar al Chaco.

La autonomía no debería levantar nuevas fronteras internas. Debería permitir que cada territorio haga mejor aquello para lo que tiene mejores condiciones y que, al mismo tiempo, todos puedan cooperar en aquello que requiere una visión común.

Eso exige planificación departamental y regional coordinada. Carreteras, energía, agua, producción, turismo, educación, salud y mercados no terminan en una frontera administrativa. Tampoco deberían hacerlo las estrategias de desarrollo.

El Chaco tiene todo el derecho a replantear su Estatuto, fortalecer sus instituciones y buscar mayores capacidades de autogobierno si así lo decide democráticamente. Tarija, por su parte, tiene la obligación de respetar esa voluntad y de construir mecanismos de coordinación que permitan que la autonomía regional sea una pieza más de un proyecto departamental complementario.

La caída del gas ha puesto al Chaco ante una realidad que también enfrenta todo Tarija: ya no podemos esperar que una sola riqueza pague indefinidamente el desarrollo.

La respuesta no puede ser competir por lo que queda, sino multiplicar lo que podemos producir juntos.

A 150 años de su fundación, el Gran Chaco tiene una oportunidad extraordinaria: demostrar que la autonomía no es solamente una forma de administrar recursos, sino una manera de construir desarrollo desde el territorio.

Y Tarija tiene otra: demostrar que una autonomía departamental madura no teme a las autonomías regionales, sino que las incorpora a una estrategia común.


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