Corredor Bioceánico (I): Tarija y cómo sumar desde fuera

El megaproyecto de conexión entre los puertos de Brasil y los puertos del norte chileno avanza sin Bolivia, pero Tarija no debe resignarse al aislamiento: aún tiene cartas para jugar si piensa estratégicamente su inserción regional.

Las obras del corredor bioceánico que conectará los puertos brasileros con los del norte de Chile —Pasos de Jama, Sico o Hito Cajón— avanzan a paso firme, y todo indica que Bolivia, al menos en el trazo troncal, no estará incluida. El país queda así marginado de uno de los principales flujos de comercio terrestre del continente. Pero lo que para el Estado central puede ser un revés geopolítico, para regiones como Tarija debe ser un llamado a la acción estratégica: la ruta pasará a pocos kilómetros de la frontera sur.

Tarija no puede esperar a que el corredor se redibuje para tener protagonismo. Lo que debe hacer es generar condiciones logísticas, institucionales y productivas para vincularse, aunque sea lateralmente, a esta gran arteria comercial. La conectividad con Argentina, la cercanía relativa con Salta y Jujuy, la experiencia exportadora de sectores como el vino, el gas y la agroindustria, son activos que, bien articulados, podrían convertir a la región en un nodo complementario.

Tarija no necesita estar en la ruta troncal del bioceánico para beneficiarse de él, pero sí necesita visión, infraestructura y estrategia para no quedarse al margen.

El primer paso es la infraestructura. El tramo tarijeño de la Ruta 1 necesita una intervención seria y sostenida. La conexión con Bermejo y Aguas Blancas, así como con Yacuiba y el Chaco profundo, debe dejar de ser un lastre logístico. Se requieren corredores secundarios modernos que permitan, por ejemplo, llevar producción regional hacia la red argentina que sí conectará con el bioceánico. La vía al Gran Chaco y el paso hacia Salvador Mazza pueden ser claves si se piensan con visión transfronteriza.

El segundo paso es institucional: Tarija necesita una agencia regional de promoción logística y comercial que trabaje en la atracción de inversiones, la homologación normativa con países vecinos y la gestión de alianzas con zonas francas o aduanas exteriores. Es posible negociar con empresas logísticas, cámaras binacionales o incluso con gobiernos subnacionales del NOA argentino para establecer rutas compartidas de exportación e importación. Pero eso requiere liderazgo, profesionalismo y estrategia.

Y el tercer paso es productivo. Para vincularse a un corredor hay que tener qué transportar. Tarija debe fortalecer su base exportadora con productos de valor agregado —vinos, frutas, hortalizas, derivados del gas o incluso servicios— y con estándares que le permitan competir en cadenas logísticas exigentes. Pensar en clusters regionales, en innovación agrícola y en energía limpia puede ser más útil que esperar un ramal ferroviario que probablemente nunca llegará.

El país podrá debatir por qué quedó fuera del corredor. Tarija, en cambio, debe hacer algo más útil: encontrar el modo de sumarse, aunque sea desde los márgenes. Porque lo que está en juego no es el trazado de una ruta, sino la capacidad de una región para insertarse en el mapa del siglo XXI.


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