El desafío de Abril: Cuidar la autonomía

Durante años las celebraciones de la Efeméride se convirtieron en festival de entrega de obras, hoy la crisis obliga a cuidar los principios

Mañana arranca el mes de abril, el mes emblemático de Tarija, el mes de la mítica batalla de La Tablada, que, si bien no consolidó nuestro autogobierno ni nuestra nacionalidad hasta una década después, si es el día desde el que se empezaron a contar nuestros días de Libertad: el 15 de Abril de 1817.

Para Tarija llegar a la vida independiente no fue muy diferente a lo que había sido toda su existencia. Los chiriguanos resistieron al imperio Inca en estas tierras bajas; los ocupantes españoles establecieron un puesto en una zona cómoda e idílica, pero que no dejaba de ser zona de avanzada y de guerra donde los propios tomaban las decisiones cuando había problemas de verdad; los administradores de la Colonia fueron tratando de ubicar Tarija en la mejor posición administrativa posible, seguramente para que diera menos problemas, sin demasiado éxito. El levantamiento de 1817 fue sin mirar atrás y protagonizado por los héroes locales, que después se dieron buenas trompadas para decidir a qué lado caíamos, calculando siempre el beneficio propio de la región y siendo conscientes de que la semilla del autogobierno ya había germinado y que fuera cual fuera el país que nos acogiera, tendría que gestionarla.

Ser autónomo se trataba de tener un órgano que representara la voluntad de los tarijeños en La Paz, pero que la convirtiera también en práctica política y de gestión sobre Tarija

Tarija vivió algunos tiempos de placidez como frontera y paso hacia los puertos chilenos, pero no tardaron en resurgir las necesidades de libertad, sobre todo a partir de la guerra Federal que se llevó la sede de Gobierno a La Paz dejándonos tan lejos de todo. Vino el petróleo, la Guerra del Chaco, el gas, la revolución del 52 y ya por los 70 se empezó a pedir descentralización primero, autonomía después, todo “concedido” desde el poder central, a desgana, como si de una “gracia presidencial” se tratara y no de la verdadera voluntad del constituyente.

De aquellos polvos estos lodos. El último diseño autonómico se acomodaba a las necesidades de autogobierno de este lado del país, pero su arquitectura económica nos envió a la ruina: el gobernador se elegía directamente, pero sus recursos dependían de la cotización del petróleo en Nueva York. Durante los buenos años por Tarija desfilaron presidentes y ministros entregando obras (casi todas con nuestra propia plata) todos los días de abril; en los últimos apenas hay algunas promesas y primeras piedras.

Es posible que la autonomía y la forma en la que se viene enfocando la política en las últimas décadas nos haya nublado. Nunca se trató de una competición de cuantas obras se pueden entregar en menor tiempo, ni en cuantos funcionarios se pueden contratar, sino en tener la capacidad de administrar nuestro territorio, con todas sus peculiaridades, con los recursos necesarios. Se trataba de tener un órgano que representara la voluntad de los tarijeños en La Paz, pero que la convirtiera también en práctica política y de gestión sobre Tarija.

Este abril hay pocas cosas que celebrar, sin embargo, mucho que reflexionar. La autonomía vuelve a estar en riesgo y es tiempo de tomar determinaciones.


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