El nuevo reto de Celinda Sosa

La inclusión de Sosa en el gabinete es algo más que un mensaje al interior del partido y algo más que una cuota territorial a un departamento ciertamente olvidado como Tarija

El nombramiento de Celinda Sosa como nueva ministra Canciller del Estado Boliviano ha provocado movimientos técnicos de magnitud en el país y en sus múltiples escenarios, y probablemente ha sido ese impacto el que ha demorado casi dos semanas conocer quién se haría cargo de la cartera que dejaba Rogelio Mayta, que ha preferido apartarse del foco en un cómo puesto en el Tribunal de la CAN.

Celinda Sosa es un peso pesado dentro del proceso de cambio, un cuadro de conducta intachable dentro del Movimiento Al Socialismo (MAS), parte de la génesis a nivel nacional y en un territorio tan duro como Tarija, donde pasó de no haber nada ha ganar las elecciones presidenciales en 2009 y 2014 con 51%, precisamente en los tiempos en los que Sosa estuvo más activa.

La asunción de Milei, la distancia con Boluarte y las oportunidades con Boric son desafíos en la agenda

Sosa formó parte de los primeros gabinetes de Morales y, como cuadro leal, se replegó a Tarija para poner el pecho en los tiempos de la lucha autonómica, donde se hizo cargo de la delegación presidencial en el departamento siendo voz autorizada por encima de otros dirigentes históricos de la época como Luis Alfaro y Julia Ramos. También acudió a un nuevo llamado cuando la gestión de Lino Condori naufragaba. Se hizo cargo de la Secretaría de Desarrollo Humano, pero ya era tarde.

De allí saltó al Banco de Desarrollo Productivo (BDP), donde retomó la amistada forjada con Arce ya desde el ministerio de Desarrollo Productivo como parte del equipo económico del gobierno.

La fuerza de Celinda residía no solo en el origen sino en la consecuencia. La dedicación a los sectores más desfavorecidos o temas tan abandonados en el MAS como la lucha de las mujeres han formado siempre parte de su campo de acción.

La inclusión de Sosa en el gabinete es algo más que un mensaje al interior del partido y algo más que una cuota territorial a un departamento ciertamente olvidado como Tarija. Tampoco es una cuota, aunque constituya un hito dentro del partido siendo la primera mujer en alcanzar el cargo.

Sosa evidentemente no es una diplomática de carrera ni falta que le hace. Es una militante reconocida formada en las carteras económicas que llega a dar batalla en un contexto multipolar muy complejo con desafíos más o menos lejanos, como la ofensiva israelí en Gaza sobre la que Bolivia ya ha tomado una posición contundente de condena, pero otros muy cercanos.

El más inminente, la asunción del poder de Javier Milei en la frontera sur que obligará a reeditar líneas en una relación marcada por el gas y el contrabando, y que tendrá impactos sobre el Mercosur. Sosa también tendrá la misión de recomponer relaciones con Perú, muy dañadas por las críticas cruzadas con la presidenta Dina Boluarte, y tiene además la enorme misión de explorar una siguiente fase de relación con Chile aprovechando la presencia de Boric, que no parece durará demasiado tiempo.

Así, por todo lo que el país se juega en la gestión que Sosa desarrolle, conviene no considerar el cargo como un movimiento partidario de fondo sino desearle éxitos en su nuevo empeño.


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