YPFB y las reservas de Tarija

Tarija es el departamento peor parado a pesar de ser el de mayor interés geológico y con mayor cantidad de reservas probadas: ¿solo interesa Tariquía?

Pasado el susto del momento, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) ha vuelto a las tinieblas informativas, que es por donde acostumbraba.

Cuando el presidente Luis Arce aceptó que se había tocado fondo en la producción de hidrocarburos, en lo que supone una asunción de responsabilidades sin parangón y un toque de atención a todo el equipo con pocos precedentes en estos gobiernos en los que “todo se hace bien”, los aludidos salieron en tromba a culpar a la herencia recibida, señalando especialmente a la gestión de Evo Morales y prometiendo, como no, docenas de proyectos exitosos en el corto plazo. Imposible no evocar entonces al inefable exministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez que de todo hacía fiesta, hasta de un pozo seco.

Bajo la presión, los voceros del Ministerio y de Yacimientos empezaron a señalar proyectos en marcha, aun cuando la inmensa mayoría son de escaso volumen o larga tramitación, mientras que los más concretos y supuestamente avanzados siguen en la nebulosa. Para no caer más al fondo, la decisión del Ministerio ha sido paralizar la distribución de información en su web y en el INE, cuyos últimos registros siguen siendo de agosto.

Tarija es el departamento peor parado a pesar de ser el de mayor interés geológico y con mayor cantidad de reservas probadas, pues el subandino sur sigue siendo el verdadero reservorio del país, donde además están preparadas las infraestructuras para su rápida explotación y puesta en distribución. En el pasado produjimos más del 75% del gas del país y ahora apenas sostenemos el 40% con todos los campos en retroceso, incluyendo San Antonio y el propio megacampo Margarita, extenuado de tantas urgencias.

La única respuesta a esta situación en Tarija, donde quedan cantidad de áreas reservadas y con potencial más allá de los iniciales fracasos en Boyuy y el sur de Huacareta con los pozos Jaguar, ha sido la de incurrir en las áreas protegidas, pero tampoco.

Hace dos años y medio que se iniciaron trabajos de camino y planchada en Astilleros, el proyecto a los pies del río Bermejo y que se sacó del área núcleo de la reserva de Tariquía para evitar problemas, pero que no tiene noticias. Y hace aún más tiempo que se intentó ingresar en San Telmo para perforar los pozos Domo Osso, y aunque se incluye en los planes de reactivación y se trata en las cumbres con Petrobras (que por cierto, se niegan incomprensiblemente), no tiene avances ni para bien, ni para mal.

Tarija necesita certidumbres y después de años de promesas multimillonarias, el departamento está volviendo a aprender a crecer por su cuenta y riesgo, sin dependencias imposibles de controlar, y su riqueza natural está más presente que nunca. Va a ser cada vez más difícil convencer a nadie acá de las urgencias de un proyecto en el corazón mismo de nuestro ecosistema, cuando ni siquiera hay una mínima estrategia alrededor de la voracidad extractiva.

¿Para qué? sigue siendo la pregunta sin resolver de Yacimientos, que al parecer ya no se tiene siquiera fe a sí misma y prefiere poner todas sus fichas al litio. Que sea en buena hora.


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