6 de Agosto, el desafío de la reconciliación

Seguimos siendo un país joven y enorme, despoblado y desconocido, con demasiados retos y muy poco amor propio. Hoy es el día de recordar nuestras gestas y también nuestros propósitos

Decir que Bolivia se encuentra en uno de los momentos más críticos de su historia es mucho decir para una nación forjada entre dificultades, que ha combatido con sus vecinos, que ha perdido intereses importantes y ha ganado otros en medio de cruentas batallas internas, cruzado por intereses antinacionales, y cuya historia incluye una cruenta guerra civil a finales del XIX y otras revoluciones y golpes de Estado con muchos muertos en las calles.

Durante décadas, nuestros problemas internos se han ventilado en las calles, y ahí es donde se han distribuido suertes, para posteriormente ser ratificadas en las ánforas. Es parte de la política vital y de nuestra forma de conquistar la libertad y la soberanía, y cada vez más acomodada a la práctica democrática. También en este siglo XXI. Nadie duda ya de que el voto es el soberano y que no hay relatos, ni estrategias, ni asesorías, ni nada que logre imponerse por encima del criterio sabio de la Bolivia plurinacional y diversa, donde los números son los que son.

Nuestra última crisis seria tuvo lugar en 2019 después de que Evo Morales buscara la reelección contra lo dispuesto en la Constitución y el resultado del referéndum de 2016; una crisis que fue espoleada por las torpezas del Tribunal Supremo Electoral y su torpe conteo, así como por el desprecio del propio Morales a los movilizados y finiquitada con un motín policial y una determinación de las Fuerzas Armadas de no intervenir hasta después de la renuncia del Presidente, figura que sugirieron.

El Gobierno cayó, el transitorio se convirtió en candidato y las ánforas acabaron dictando sentencia en favor de Luis Arce con un 55% de la votación, pero lo que en otro momento hubiera servido para cerrar un episodio violento y con muchas luces y sombras, como sucedió en 1982 o en 2005, la confrontación de relatos y búsqueda de explicaciones de lo que pasó en aquellos días se sigue estirando en el tiempo, a pesar de que por el medio el mundo ha atravesado una pandemia sin precedentes y que ha costado miles de vidas.

Es tiempo de enfocarse en la reconciliación, y eso pasa por fijarse desafíos comunes con todas las instituciones y sectores del país, y que van desde la productividad de la tierra a la necesaria mejora de los sistemas de salud y educación o a la nacionalización el sector financiero, pero también por recuperar la institucionalidad violentada en las últimas dos décadas, porque efectivamente hay demasiadas cosas que no pueden volver a suceder.

Seguimos siendo un país joven y enorme, despoblado y desconocido, con demasiados retos y muy poco amor propio. Hoy es el día de recordar nuestras gestas independentistas, pero también de recordar lo que entonces fueron nuestros propósitos más elevados. Debemos volver a reconocernos para avanzar y en esas, todos, debemos ser capaces de poner nuestros mejores esfuerzos.

Feliz 6 de Agosto, Viva Bolivia Libre.


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