La necesaria renovación del Magisterio

El Gobierno ha levantado las manos de su responsabilidad constitucional y convertido la educación en mercancía, pero en el futuro inmediato en necesario que el Magisterio cumpla con su rol y aporte al desarrollo del país

Lo que el domingo era un despropósito, el lunes se convirtió en un carnaval, aunque en lo último, es lo mismo: la educación ha dejado de ser – por este año – una “función suprema y primera responsabilidad financiera del Estado, que tiene la obligación indeclinable de sostenerla, garantizarla y gestionarla” como dice la Constitución Política del Estado, para convertirse en un artículo al que podrán acceder los que puedan pagárselo.

La jornada del domingo acabó con la Presidenta anunciando que el ministro de Educación, convaleciente por Covid-19, Víctor Hugo Cárdenas, explicaría detalles de cómo los estudiantes podrían seguir aprendiendo. La del lunes arrancó con un Viceministro sugiriendo a los padres que en 2021 matricularan a sus hijos en el curso que el Estado les está negando en este 2020. Finalmente habló Cárdenas para no decir nada.

Cárdenas, en su cinismo habitual vino a decir que la clausura del año escolar se refería a la educación presencial, pero no a la virtual, para después decir que el curso se cerraba académicamente y administrativamente, pero eso no significaba que los niños no pudieran seguir pasando clases. Lo evidente es que es un sálvese quien pueda.

Pese a los desmentidos y aclaraciones de Cárdenas, él mismo confirmó que el curso se ha cerrado académica y administrativamente

El año 2019 ya se cerró mal, y en 2020 apenas se pasó un mes de clase con carnavales por el medio. Las clases virtuales, sin ser la panacea, estaban ayudando a muchos niños y jóvenes a avanzar a su manera, o al menos, a tener cierta disciplina de trabajo individual, desde casa, competencias que sin duda serán necesarias en el futuro y que no es justo desmerecer.

El fracaso político evidencia la incapacidad del Gobierno de negociar y consensuar con sectores diversos, y una tendencia fácil a la victimización acusando de masista a todo aquel que no se pliega a sus deseos y órdenes. Un asunto que no se puede olvidar en un marco electoral como el que se vive, pues el Gobierno ya no es solo de transición, donde este tipo de decisiones tendrían cierta indulgencia, sino un aspirante a tomar las riendas firmes del país.

Sin embargo, tampoco se puede dejar de condenar la actitud de la dirigencia del Magisterio, especializada en poner trabas, y que le está haciendo un flaco favor a su profesión y sus estudiantes. La educación virtual no era la única manera, pues bien se podían haber adaptado currículas para zonas rurales sin incidencia del Covid y donde guardar las distancias de seguridad no resultaba tan complicado.

Nada garantiza que en enero no haya una situación muy similar a la actual. Nadie puede asegurar que en febrero se retomarán las clases presenciales de forma automática, y aunque así lo sea, es necesario que el Magisterio reflexione sobre su papel en esta Bolivia de nuevo en vías de empobrecimiento.

Tras la decisión de cancelar el curso escolar ha habido una avalancha de iniciativas solidarias y propuestas para que los niños puedan avanzar y nivelarse, también encontrarle el gusto a aprender sin las presiones de la aprobación. Sin duda todas han sido muy loables, pero resulta necesario que el Estado prepare una respuesta sólida. El Magisterio debe renovarse y aportar al país. Nos jugamos demasiado en ello. 


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