Cuestionan clasificación de países de ingreso medio y bajo
“Corría agosto del año 2010, cuando el Banco Mundial anunció que Bolivia pasó de ser un país de ingresos bajos a uno de ingresos medios, basándose en que el PIB per cápita superó los 1.100 dólares anuales (hoy supera los 3 mil). El gobierno interpretó la nueva categoría como un logro...



“Corría agosto del año 2010, cuando el Banco Mundial anunció que Bolivia pasó de ser un país de ingresos bajos a uno de ingresos medios, basándose en que el PIB per cápita superó los 1.100 dólares anuales (hoy supera los 3 mil). El gobierno interpretó la nueva categoría como un logro de sus políticas.
Empero, ello significó que los créditos externos dejaron de ser preferenciales -se accede a las mismas líneas de crédito y se recibe el mismo trato que reciben países como Argentina, Brasil, Colombia, Perú, etc., salvo que haya algún acuerdo particular-. Lo que, es más, la cooperación para el desarrollo proveniente de países e instituciones extranjeras se redujo sustancialmente, y en muchos casos simplemente dejó de fluir.
De hecho, en 2014 la Unión Europea (UE) decidió “retirarse” de 19 países latinoamericanos y asiáticos porque, al estar en la categoría de países de ingreso medio, ya no clasificaban para ser sujetos de cooperación y ayuda según sus criterios de elegibilidad.
Sin embargo, la experta en sociología económica por la Universidad de Turku (Finlandia), Riina Pilke, advierte que si bien hay un significativo número de países en el mundo que aparentan ser menos pobres, esta evaluación se hace viendo las cifras del PIB real y per cápita, lo que impide ver las desigualdades dentro de los países, que, a su entender, parecen haber aumentado.
Pilke, cuya disertación doctoral trata precisamente sobre la cooperación para el desarrollo de la UE, explica que los acuerdos sobre los Objetivos de Desarrollo de Milenio (ODM) suscritos el año 2000, permitieron que los países y organizaciones internacionales “trabajen juntos hacia los mismos objetivos de reducción de pobreza en todo el mundo”.
Esto permitió implementar políticas y acciones que aumentaron el crecimiento económico de los países pobres medido a través del PIB y redujeron la pobreza medida por ingresos.
“Sin embargo”, advierte, “los ODM estuvieron demasiado anclados en el sistema neoliberal imperante, y por tanto estuvieron pobremente equipados para cambiar las verdaderas estructuras que producen los actuales niveles de pobreza en sí mismos”.
De igual manera, Pilke observa que el “alcance limitado” de los ODM dio mucho énfasis al crecimiento económico como objetivo de desarrollo, lo que “ha resultado en un cambio artificial de la geografía político-económica de la pobreza”.
Por estas razones, el renombrado economista experto en pobreza, desigualdad y desarrollo, Andy Sumner, cuestiona no sólolas clasificaciones de países de ingreso bajo, ingreso medio e ingreso alto realizados por la Organización Económica de Cooperación y Desarrollo (OECD, que agrupa 35 países ricos liderados por EEUU, Reino Unido, Japón, Australia), sino también su idoneidad para determinar la elegibilidad de la ayuda.
Paradoja de los ODM
Según Pilke, la aplicación de las políticas mencionadas ha reducido la desigualdad entre países, “pero paradójicamente, ahora somos testigos de mayores niveles de desigualdades dentro de los países. Además, el enfoque en el PIB de las mediciones de desarrollo que ha sido tan popular durante décadas no nos dice lo suficiente sobre las condiciones de la pobreza, dónde se experimenta y por qué”.
De igual manera, “aunque el crecimiento económico experimentado en la época de los ODM haya ayudado a los pobres hasta cierto punto, un incremento relativo del ingreso durante periodos de crecimiento parece haber dejado atrás a los más pobres, y la ayuda para el desarrollo por si misma no se ha traducido automáticamente a mejores resultados en el desarrollo”, agrega.
Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible
Aunque se considera que todavía están diseñados para “servir el sistema económico predominante”, los expertos reconocen que los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) acordados en 2015 “son considerablemente más sensibles que los ODM respecto a las causalidades en la reducción de la pobreza y el cierre de las brechas creadas por resultados desiguales de las estructuras económicas y sociales, injustica de oportunidades para los individuos y la exclusión de grupos sociales”.
Pese a ello, Pilke encuentra que todavía hay una “llamativa necesidad de afinar las definiciones y pensar en mejores enfoques para reducir la desigualdad. Abordar la desigualdad dentro de los países y buscar formas de lidiar con la creciente brecha entre ricos y pobres en países que no son considerados de ingresos bajos es tan importante como la desigualdad global entre países, que continúa siendo la base para las definiciones de elegibilidad de ayuda de la OECD”.
¿Quién financia a quién?
En 2017, la OECD publicó que sus países miembros transferían más de 125 mil millones de dólares anuales en ayuda a los países pobres. Sin embargo, dado el diseño de los sistemas globales de finanzas y comercio, montos mucho mayores fluyen en dirección opuesta, en favor de los países ricos.
Así lo demostró un informe conjunto de la organización Integridad Financiera Global (GFI, de EEUU) y del Centro de Investigación Aplicada de la Escuela Noruega de Economía hace dos años, que incluye todos los flujos monetarios existentes (ayuda, cooperación, comercio, inversiones, deuda, remesas, fuga de capitales y otros.
En otras palabras, más allá de la ayuda que den los países ricos a los pobres, estas instituciones consideran que “la ayuda está efectivamente fluyendo en reversa. Los países ricos no están desarrollando a los países pobres; los países pobres están desarrollando a los ricos”.
Empero, ello significó que los créditos externos dejaron de ser preferenciales -se accede a las mismas líneas de crédito y se recibe el mismo trato que reciben países como Argentina, Brasil, Colombia, Perú, etc., salvo que haya algún acuerdo particular-. Lo que, es más, la cooperación para el desarrollo proveniente de países e instituciones extranjeras se redujo sustancialmente, y en muchos casos simplemente dejó de fluir.
De hecho, en 2014 la Unión Europea (UE) decidió “retirarse” de 19 países latinoamericanos y asiáticos porque, al estar en la categoría de países de ingreso medio, ya no clasificaban para ser sujetos de cooperación y ayuda según sus criterios de elegibilidad.
Sin embargo, la experta en sociología económica por la Universidad de Turku (Finlandia), Riina Pilke, advierte que si bien hay un significativo número de países en el mundo que aparentan ser menos pobres, esta evaluación se hace viendo las cifras del PIB real y per cápita, lo que impide ver las desigualdades dentro de los países, que, a su entender, parecen haber aumentado.
Pilke, cuya disertación doctoral trata precisamente sobre la cooperación para el desarrollo de la UE, explica que los acuerdos sobre los Objetivos de Desarrollo de Milenio (ODM) suscritos el año 2000, permitieron que los países y organizaciones internacionales “trabajen juntos hacia los mismos objetivos de reducción de pobreza en todo el mundo”.
Esto permitió implementar políticas y acciones que aumentaron el crecimiento económico de los países pobres medido a través del PIB y redujeron la pobreza medida por ingresos.
“Sin embargo”, advierte, “los ODM estuvieron demasiado anclados en el sistema neoliberal imperante, y por tanto estuvieron pobremente equipados para cambiar las verdaderas estructuras que producen los actuales niveles de pobreza en sí mismos”.
De igual manera, Pilke observa que el “alcance limitado” de los ODM dio mucho énfasis al crecimiento económico como objetivo de desarrollo, lo que “ha resultado en un cambio artificial de la geografía político-económica de la pobreza”.
Por estas razones, el renombrado economista experto en pobreza, desigualdad y desarrollo, Andy Sumner, cuestiona no sólolas clasificaciones de países de ingreso bajo, ingreso medio e ingreso alto realizados por la Organización Económica de Cooperación y Desarrollo (OECD, que agrupa 35 países ricos liderados por EEUU, Reino Unido, Japón, Australia), sino también su idoneidad para determinar la elegibilidad de la ayuda.
Paradoja de los ODM
Según Pilke, la aplicación de las políticas mencionadas ha reducido la desigualdad entre países, “pero paradójicamente, ahora somos testigos de mayores niveles de desigualdades dentro de los países. Además, el enfoque en el PIB de las mediciones de desarrollo que ha sido tan popular durante décadas no nos dice lo suficiente sobre las condiciones de la pobreza, dónde se experimenta y por qué”.
De igual manera, “aunque el crecimiento económico experimentado en la época de los ODM haya ayudado a los pobres hasta cierto punto, un incremento relativo del ingreso durante periodos de crecimiento parece haber dejado atrás a los más pobres, y la ayuda para el desarrollo por si misma no se ha traducido automáticamente a mejores resultados en el desarrollo”, agrega.
Los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible
Aunque se considera que todavía están diseñados para “servir el sistema económico predominante”, los expertos reconocen que los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) acordados en 2015 “son considerablemente más sensibles que los ODM respecto a las causalidades en la reducción de la pobreza y el cierre de las brechas creadas por resultados desiguales de las estructuras económicas y sociales, injustica de oportunidades para los individuos y la exclusión de grupos sociales”.
Pese a ello, Pilke encuentra que todavía hay una “llamativa necesidad de afinar las definiciones y pensar en mejores enfoques para reducir la desigualdad. Abordar la desigualdad dentro de los países y buscar formas de lidiar con la creciente brecha entre ricos y pobres en países que no son considerados de ingresos bajos es tan importante como la desigualdad global entre países, que continúa siendo la base para las definiciones de elegibilidad de ayuda de la OECD”.
¿Quién financia a quién?
En 2017, la OECD publicó que sus países miembros transferían más de 125 mil millones de dólares anuales en ayuda a los países pobres. Sin embargo, dado el diseño de los sistemas globales de finanzas y comercio, montos mucho mayores fluyen en dirección opuesta, en favor de los países ricos.
Así lo demostró un informe conjunto de la organización Integridad Financiera Global (GFI, de EEUU) y del Centro de Investigación Aplicada de la Escuela Noruega de Economía hace dos años, que incluye todos los flujos monetarios existentes (ayuda, cooperación, comercio, inversiones, deuda, remesas, fuga de capitales y otros.
En otras palabras, más allá de la ayuda que den los países ricos a los pobres, estas instituciones consideran que “la ayuda está efectivamente fluyendo en reversa. Los países ricos no están desarrollando a los países pobres; los países pobres están desarrollando a los ricos”.