Columna de opinión
Bolivia ante Japón: lecciones de una derrota
El 4-2-3-1 planteado por Villegas buscaba copar el mediocampo, pero Japón impuso su calidad técnica y velocidad. El resultado fue justo: Japón dominó y castigó con transiciones rápidas que sentenciaron el 3-0.
La Selección Boliviana volvió a tropezar en un amistoso internacional, esta vez frente a Japón en Tokio. El 3-0 no solo reflejó la diferencia de jerarquía entre ambos equipos, sino también las falencias tácticas y colectivas que aún persisten en el conjunto nacional. Más allá del marcador, lo que deja este partido son lecciones que deben ser atendidas con urgencia si se quiere llegar con mejores armas al repechaje rumbo al Mundial 2026.
Un mediocampo sin dueño
El plan de Óscar Villegas de poblar la zona central con dos volantes de contención (Héctor Cuellar y Ervin Vaca) no dio resultado. Japón manejó el mediocampo con libertad, imponiendo ritmo y precisión. Kamada, Endo, Minamino y Kubo se adueñaron de los tiempos del partido, mientras Bolivia apenas lograba contenerlos. La desconexión entre los contenciones y los volantes ofensivos fue evidente: Villamil, Nava y Terceros quedaron aislados, sin apoyo para generar juego.
La velocidad nipona, un dolor de cabeza
Por las bandas, la diferencia fue aún más marcada. Maeda y Sugawara, veloces y punzantes, desbordaron constantemente a Fernández y Medina. Kubo se sumó al ataque por derecha, aumentando la presión sobre la defensa boliviana. La intensidad japonesa fue demasiado para un equipo que no supo ajustar ni en la marca ni en la cobertura.
Monteiro, un delantero sin socios
Enzo Monteiro fue más espectador que protagonista. Sin generación ofensiva, quedó aislado y obligado a luchar en solitario contra la defensa rival. Los pocos balones que recibió fueron imprecisos o fácilmente neutralizados. La falta de un conductor en el mediocampo dejó al delantero sin opciones reales de gol.
El conductor que nunca apareció
Bolivia careció de un mediocampista capaz de organizar el juego desde la salida. El ingreso de Robson Matheus en el segundo tiempo dio algo de aire y mejor manejo del balón, pero no alcanzó para equilibrar la intensidad japonesa. Sin un jugador que conecte defensa y ataque, la Selección quedó sin brújula.
Más que una derrota, una advertencia
El 3-0 en Tokio no debería ser leído solo como un tropiezo, sino como una advertencia. Japón mostró lo que significa jugar con intensidad, velocidad y precisión. Bolivia, en cambio, evidenció desconexión entre líneas, falta de presión y ausencia de un conductor. No es cuestión de señalar culpables, sino de entender que el equipo necesita ajustes profundos.
Mirando hacia adelante
Los próximos amistosos ante Perú, Panamá y los encuentros en Santa Cruz serán vitales para corregir errores. Bolivia debe:
* Presionar más en el mediocampo y reducir espacios.
* Definir un conductor que organice el juego.
* Lograr que al menos un volante de contención se sume al ataque.
* Mejorar la coordinación defensiva en las bandas.
* Elevar la intensidad física para competir en igualdad.
* El repechaje en marzo será un examen de máxima exigencia. Si Bolivia quiere soñar con el Mundial 2026, debe transformar estas lecciones en soluciones. Tokio dejó claro que el camino es largo, pero también que aún hay tiempo para corregir.








