Del “¿Y Si Fuera Ella? de Áñez, al “Soy Yo” de Evo

Crónica política de una jornada intensa. El discurso de la Presidenta se leyó en clave electoral, mientras que en el acto de Morales en Buenos Aires se esperaba que se lanzara el binomio Arce – Choquehuanca, pero ni siquiera estuvo completo

El 22 de enero tenía dos escenarios principales y algunos escenarios secundarios. El primero, en Palacio Quemado en La Paz; el segundo en la cancha del Deportivo Español de Buenos Aires. En uno comparecía la Presidenta Jeanine Áñez, que jamás había soñado con algo así; a miles de kilómetros, Evo Morales, que tampoco. Si todo hubiera sido normal, Morales le hubiera entregado el mando a su sucesor, elegido el 20 de octubre o en la segunda vuelta y probablemente de su propio partido. Pero nada fue normal.

El Gobierno había aceptado el reto del 22 de enero. No quiso anular el feriado por Decreto, y Áñez se plantó al pie de la escalinata para pronunciar un discurso sobrio pero muy calculado. Quiso dejar tres mensajes claros, y los dejó: “Todo fue legítimo y legal”; “lo encomendado está hecho”: pacificar (con los militares en la calle), convocar elecciones, estabilizar la economía; y “tengo mano dura para enfrentar el futuro”, a lo que añadió que es fruto “del consenso de actores, y voy a seguir siéndolo”.

El mensaje de Áñez se leía ya a esas horas en clave electoral porque siempre estuvo en las apuestas desde el mismo 12 de noviembre, pero sobre todo por una campaña en redes sociales impulsada por los ministros y con toque musical: “#YSiFueraElla?”, en clara alusión a sus posibilidades como candidata. Por si no quedaba claro, los medios afines machacaban con la frase de que “lo que tenía que hacer, ya estaba hecho”, y Bolivia TV, tan plural como siempre, preguntaba abiertamente al público por las posibilidades de Áñez en la cita del 3 de mayo.

Evo, sin embargo, habló de él. Y muchas veces. El acto estaba convocado para la tarde, pero empezó difundiendo un enlatado celebrando el Día del Estado Plurinacional enumerando los logros de sus catorce años – que hemos venido escuchando los catorce años – y de lo que se ha perdido.

Después habló en un breve contacto telefónico con el multitudinario – de verdad – acto en el sur de Cochabamba, donde Andrónico Rodríguez se dio un baño de masas y dio alguna lección de madurez política al pedir respeto para el binomio propuesto por Morales: Luis Arce y David Choquehuanca, fruto, dijo, de la deliberación y la democracia interna.

Dos detalles no menores de libre interpretación

En los actos políticos actuales, cada detalle es supervisado por los responsables de comunicación, y nada pasa desapercibido. Todo lo que se ve, o no se ve, tiene un sentido, o al menos una explicación.

En el acto de la Presidenta Áñez, todos sus ministros menos la Canciller la respaldaban desde la escalinata, y entre ellos aparecía el hoy viceministro Erick Foronda, durante años asesor principal del encargado de negocios de Estados Unidos. Fue el único de las docenas de viceministros en tener ese privilegio.

En el acto de Morales, no estaba David Choquehuanca, y dada la coyuntura, requería de una explicación seria. No la hubo y los rumores se dispararon por todas las redes.

 

En el acto de Buenos Aires también había mucha gente, pero son 15 millones en el conurbano donde Morales es ídolo, y tal vez la ciudad del mundo más poblada de bolivianos. Fue un discurso emocional, sin papeles. Y una vez más habló de él, de su logro, de la conspiración contra él y también de la Patria y de su proceso. Y también habló de la paz, por aquello de las milicias recientes.

Habló de volver, pero apenas citó a los candidatos del futuro inmediato: Luis Arce y David Choquehuanca. Con el añadido de que Choquehuanca no estaba en el verde del Estadio y los rumores corrieron por todo twitter, del que los candidatos, por cierto, son ajenos funcionalmente. Con todas las críticas de los últimos días, la ausencia merecía una explicación, pero no la hubo. El acta del viernes 17 en el que todos se comprometían a aceptar, parece ahora papel mojado.

Curiosamente, el telonero de Evo Morales fue el alcalde de Uriondo y presidente de la Federación de Asociaciones Municipales Álvaro Ruíz, que pasa por ser la más alta autoridad más cercana a Morales en estos días de aprehensiones y denuncias. Ruiz estaba sentado a la derecha de Arce Catacora, que por otro lado, no subió al escenario ni pronunció unas “esperadas” primeras palabras como candidato, que tal vez en Argentina no le interesaban a nadie, pero en Bolivia a más de uno. Sobre todo con la que hay montada en su partido.

El resto, mira

En la pugna por la Presidencia, era el día de Áñez, que salió tal vez fortalecida si es capaz de desenredar toda la maleza de las redes sociales, que la auparon a categoría de mito, y que no acaba siendo un verdadero indicador de voto, pero ayuda al ego de los políticos.

Un mensaje medio contaminado le dejó Luis Fernando Camacho, el otro candidato y símbolo de la caída de Evo Morales: “No se merece que pongamos en duda el compromiso que asumió hasta el último día de su gobierno transitorio. Ella es la garantía de paz social e imparcialidad en las elecciones”. Camacho negó tantas veces como el mismo Carlos Mesa que sería candidato, así que con probabilidad sabe de compromisos adquiridos posteriormente matizados.

Por su parte, Tuto Quiroga, perfil bajo desde que anunció su candidatura convencido de poder beneficiarse de la acción de Gobierno, habló de futuro y poco más, sin entrar a valorar a Áñez; mientras tanto, Carlos Mesa también bajó el tono y dejó un mensaje más centrado en la plurinacionalidad. Los objetivos están claros: “La plurinacionalidad es una realidad que debe materializarse en el respeto pleno a los derechos de los pueblos indígenas, conquistados en décadas de lucha por igualdad, justicia y bienestar.  Tras 14 años de postergación y engaño, hoy reivindicamos estos principios”.