Cartografía Mundialista
El fin de los años felices
El “último baile” pierde a uno de sus protagonistas; solo dos quedan en carrera y aunque los cruces marcan que pueden encontrarse en la final, cada partido tendrá el sello de la nostalgia del último capítulo
Tuvo de todo. Pasión, intensidad, frustración y goles increíbles -incluyendo los anulados-, en más de 100 minutos de fútbol y tensión. Un drama completo. Uno que comenzó con el halo de tristeza y nostalgia de ver ingresar a dos de los capitanes que marcaron al universo futbolero en los últimos 20 años. Luka Modric y Cristiano Ronaldo, los amigos y compañeros, los que tantas veces compartieron la gloria, entraron a la cancha con la certeza de que en ese estadio se comenzaba a cerrar la historia de uno de ellos.
Y más allá de si uno eligió estar en la barra de Portugal, a la espera de que por fin avance hacia esos lugares que los mundiales le han negado, no podía evitar la pena de ver al capitán croata fuera, en un partido en el que su equipo lo dio todo y en el que, por una mejor estrategia, por momentos mereció el triunfo. Aguantó la arremetida portuguesa el primer tiempo para sorprender a su rival en el segundo.
Un partido no apto para cardiacos. Porque hoy ya no basta con celebrar un gol o lamentar una tapada del arquero. El VAR y la tecnología han convertido cada festejo en un ejercicio de paciencia y están poniendo a prueba los nervios de millones de personas. ¿Cómo es posible que se anule esa maravilla de gol que hizo Cristiano Ronaldo? En cuestión de segundos, la alegría vuelve a convertirse en frustración, como ya les ocurrió a tantos jugadores que han pasado del cielo al infierno por una posición adelantada imperceptible.
Modric volvió a demostrar por qué trascendió más allá de su talento. Lo dio todo en la cancha, corrió a recuperar el balón hasta el último minuto, cuando el reloj marcaba los 115 minutos, los 60 del segundo tiempo. En un último intento para buscar el empate, superando la bronca del gol anulado, mientras los portugueses apenas contenían su alegría antes que la celebración estallara. El enorme jugador croata, una vez más, demostró su grandeza, esa que va más allá de la calidad futbolística y que siempre lo tuvieron como un jugador apreciado y admirado, por su talento y por la forma en que siempre entendió este deporte.
Pero el Mundial, el de verdad, no perdona. Hoy dejó fuera de escena a uno de los que escribieron grandes capítulos de la historia de los mundiales y que en los últimos dos llegó a una final y a una semifinal consecutivas. El “último baile” pierde a uno de sus protagonistas; solo dos quedan en carrera y aunque los cruces marcan que pueden encontrarse en la final, cada partido tendrá el sello de la nostalgia del último capítulo.
Los años felices de los futboleros van llegando a su final. Seguro Mbappé, Halland, Kane y otros aún escribirán su historia, con carreras extraordinarias, pero difícilmente replicarán la magia que rodeó a los que se van, encarnada en esa rivalidad -que muchos quisieron llevar más allá de la cancha- entre Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, y que ellos entendieron como una búsqueda de la excelencia durante dos décadas.
Aunque este jueves termina con la tristeza de ver partir a Modric, vale la pena recordar las palabras con las que se despidió del Real Madrid, donde quedó marcado a fuego en la historia blanca: "No llores porque se terminó, sonríe porque sucedió".
Y porque desde la línea de cal, como dice Alfonso, tuvimos la suerte de ser parte de esta historia y vivir los años felices.








