Cartografía Mundialista
Brasil: Aún no alcanza para volver a creer
Brasil continúa buscando un referente ofensivo capaz de marcar diferencias en los momentos importantes. Viendo las dificultades para generar peligro, resulta inevitable pensar cuánto extraña esta selección a un delantero de la jerarquía de Ronaldo Nazario. El brasileño. El original.
El Mundial también provocó una avalancha de títulos en Netflix. Películas, documentales e historias de jugadores forman parte de la oferta de estos días. Entre ellos está "Tetracampeones, Brasil volvió a creer", que recuerda a la selección que conquistó su cuarta Copa del Mundo en 1994, precisamente en Estados Unidos.
Branco, Dunga, Romario, Bebeto, Cafú y Taffarel eran algunos de los referentes de aquel plantel. También estaba un jovencísimo Ronaldo —el único, como dice Jesús Cantín— con apenas 17 años. No jugó ni un minuto, pero su nombre quedó inscrito entre los campeones del mundo y ocho años después sería el goleador del equipo que alcanzó el pentacampeonato.
Pero volvamos a 1994. Aquel título llegó 24 años después de que Brasil conquistara el tricampeonato en México, con una selección encabezada por Pelé y que muchos siguen considerando la mejor de la historia. En Estados Unidos, Brasil ganó cinco partidos y empató dos. En la fase de grupos venció a Rusia y Camerún, e igualó con Suecia. Después dejó en el camino a Estados Unidos, Holanda y nuevamente Suecia, antes de superar a Italia en la recordada definición por penales. La alegría volvió a Brasil, que llevaba 24 años esperando otro título mundial.
Ocho años después llegaría el pentacampeonato. El Brasil de Corea y Japón era un equipazo. Difícil olvidar a Cafú levantando la Copa después de derrotar a Alemania en la final. Allí estaban Roberto Carlos, Rivaldo, Ronaldinho, Ronaldo y un joven Kaká. Ese equipo arrancó ganando y no se detuvo hasta el último partido: siete victorias consecutivas, 18 goles a favor y apenas cuatro en contra.
Ahora la canarinha vuelve a soñar con la sexta estrella. Estados Unidos vuelve a ser sede y han transcurrido exactamente 24 años desde aquel pentacampeonato. Sin embargo, el estreno frente a Marruecos dejó más dudas que certezas.
Brasil no logra funcionar como equipo y depende demasiado de los destellos individuales de jugadores como Vinicius o Raphinha. Durante buena parte del primer tiempo fue Marruecos el que tomó la iniciativa y generó las ocasiones más claras. A los 25 minutos, las estadísticas mostraban seis remates al arco de los africanos y apenas uno de Brasil.
Después del gol de Vinicius, el partido se equilibró. El segundo tiempo ofreció pocas oportunidades para ambos equipos y una gran intervención de Alisson en el noveno minuto de adición evitó la derrota brasileña. El empate puede considerarse aceptable si se toma en cuenta que se enfrentaban las dos selecciones más fuertes del grupo. Lo preocupante es que el funcionamiento colectivo sigue sin aparecer.
Si cuando se conoció la lista de convocados de Ancelotti me sorprendió la ausencia de João Pedro, después de este partido definitivamente no la entiendo. Brasil continúa buscando un referente ofensivo capaz de marcar diferencias en los momentos importantes. Viendo las dificultades para generar peligro, resulta inevitable pensar cuánto extraña esta selección a un delantero de la jerarquía de Ronaldo Nazario. El brasileño. El original.
Futbolísticamente tendrían que pasar cosas muy extrañas para que Brasil no avance a la siguiente ronda. Escocia y Haití parecen rivales claramente inferiores. Brasil no ha faltado a ningún mundial y sólo dos veces se fue en la primera ronda, en 1930 y en 1966, cuando los árbitros no ponían mucho freno al juego duro ni se premiaba el fair play, y Pelé sufrió las consecuencias. Por ello, el pase a segunda ronda no se pone en duda en una selección que convive con la exigencia permanente de ganar el Mundial.
Los equipos de 1994 y 2002 lograron algo más que títulos: devolvieron la fe a un país que llevaba años esperando volver a ser campeón. Este Brasil todavía está lejos de eso. Quedan partidos por delante y margen para crecer, pero después del debut la sensación es clara: aún no alcanza para volver a creer.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
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