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Artículo del futuro libro “Curiosidades Históricas” de Juan Carlos Castellanos”

EL CORONEL EULOGIO RUIZ PAZ Y LAS OREJAS PILAS

Cántaro
  • Juan Carlos Castellanos Zamora
  • 19/10/2025 00:00
Juan Carlos Castellanos Zamora

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Curiosidades Históricas

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Los antecedentes de la Guerra del Chaco están marcados por la disputa de una porción territorial entre las repúblicas de Bolivia y Paraguay, sobre la región conocida como Chaco Boreal. Bolivia, al perder su costa al océano Pacifico tras una guerra con Chile, tenía interés en acceder al Atlántico a través del río Paraguay, además esta desértica región cobró importancia entre los beligerantes, por la existencia de grandes yacimientos de petróleo que supuestamente albergaban sus entrañas. Las confusas delimitaciones fronterizas heredadas desde la colonia no aportaban mayores certezas de sus límites y dominios, asimismo, el Paraguay después de los desmembramientos sufridos en la Guerra de la Triple Alianza, no estaba dispuesto a perder más territorio. En este contexto, el conflicto fue escalando con la ocupación recíproca de los fortines, marcados por ambos países como una forma de acreditar soberanía, fricciones que concluyeron con el estallido de la guerra en 1932, la más cruenta del siglo XX en América.     

La historia de esta conflagración no se escribió con tinta, sino con sudor y sangre derramada por los combatientes en los tórridos arenales chaqueños, allí cientos de ignotos soldados, muchos de ellos campesinos e indígenas reclutados masivamente, murieron sin saber por qué luchaban, siendo enterrados en el más seráfico olvido que al final se convertiría en su única medalla, muy pocos relatarían después su triste historia, mientras otros se preocuparon por lucir sus estrellas y galardones.

Las devastadoras consecuencias de esta guerra (1932-1935), también marcaron la transformación de la nacionalidad boliviana, provocando el colapso del viejo régimen oligárquico, que se desmoronó con la caída de las élites republicanas y liberales que gobernaron desde finales del siglo XIX, con el surgimiento de una impronta presidencial militarista post guerra, liderizada por los jefes que adquirieron prestigio en la contienda, que generó además, el nacimiento de nuevas fuerzas políticas de izquierda, nacionalistas y populistas, en esta etapa surgieron el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), Falange Socialista Boliviana (FSB) y otros grupos marxistas que serían determinantes en la Revolución de 1952.

En el plano social, se perdieron 60.000 soldados, entre muertos, heridos o desaparecidos, instalándose en el país un trauma de dolor y resentimiento. El sector indígena-campesino que había permanecido marginado, después de luchar en el frente de batalla, tomó conciencia de su rol y pidió su incorporación a la nación, exigiendo mejores condiciones y el reconocimiento de sus derechos sociales. En el plano económico, el costo de la guerra fue enorme, se gastó cerca de la mitad de las reservas fiscales generándose una crisis paralela a la caída del estaño, ahondada por la Gran Depresión que incrementó la desigualdad y el descontento social.

El Chaco Boreal, un territorio inhóspito y despoblado, ubicado en la región central sudamericana, desde el norte del rio Pilcomayo hasta la región amazónica del Brasil fue el teatro de esta contienda, librada sobre una región cubierta por bosques y matorrales espinosos donde la tierra clama la vivificante presencia del agua. Carlos Arce Salinas, un excombatiente y político boliviano describe así este escenario: “El monte chaqueño es el absurdo materializado en árboles, es el terrible mundo de la desorientación. En todas partes es el mismo, bajo, sucio, verde terroso. Sus árboles no son árboles, son espantajos de formas torturadas, en cuya corteza rumian su miseria fisiológica espinas y parásitos que crecen prendidos a una tierra estéril e infecunda. Donde viven y mueren sin la caricia de la hoja ni el milagro luminoso del fruto”[1].

Magdalena Cajías refiere que, concluida la guerra gran parte de la historiografía, centró sus relatos sobre la realidad nacional de la nueva Bolivia que emergía con la visión que trajeron los combatientes del Chaco, descuidando en gran medida como vivieron y padecieron los actores en este enfrentamiento y las acciones heroicas de soldados y oficiales[2].

Uno de estos personajes que trascendió toda épica guerrera, es el coronel Eulogio Ruiz Paz, de quien se escribió poco, no obstante, ser un militar de carrera con una vida digna de una novela con capítulos sorprendentes, por sus aventuras, giros inesperados, situaciones fuera de lo común, su temeraria heroicidad y acciones vividas, todas con una pasión tan intensa como los amores que cautivaron su inquieto corazón.

Durante la Guerra del Chaco, resulta célebre el cercenamiento de la oreja izquierda que realizaba a todo soldado paraguayo abatido por su mano o la de sus subordinados, hecho también comentado y atribuido al no menos heroico soldado beniano Carmelo Cuellar Jiménez[3], habida cuenta que ambos fueron satinadores, en el caso de Ruiz, al frente de pequeñas tropas de élite altamente preparadas para realizar operaciones especiales, a través de combates furtivos en condiciones extremas, terrenos irregulares y climas adversos, mediante acciones letales y selectivas de alto riesgo en apoyo directo a otras fuerzas del ejército, gracias a estas temerarias incursiones se lograba “romper el cerco” para evacuar soldados mediante brechas y picadas.

El porqué de cortar la oreja a soldados paraguayos, presumiblemente surgió como una rebelde respuesta de Ruiz, al enterarse que estos arrancaban el dedo pulgar a sus compatriotas caídos en combate. Sucede que los enfrentamientos de Gondra, que desencadenarían con el cerco de Campo Vía, fueron ejecutados mediante acciones estratégicamente dirigidas por el teniente coronel Rafael Franco, quien logró atenazar e inmovilizar al ejército boliviano con un alto costo en vidas, con la rendición del II cuerpo y caída de las divisiones 9° y 4°. Se estima que en Campo Vía perecieron 2.500 combatientes y alrededor de 7.500 fueron hechos prisiones, las bajas representaban casi un tercio del ejército movilizado. Durante esta etapa de la guerra (finales de 1933), el general Hans Kundt (alemán) comandante en jefe y responsable de su conducción, optaba por enfrentamientos frontales, táctica utilizada en la Primera Guerra Mundial, mientras el general José Félix Estigarribia, comandante del ejército paraguayo, empleaba una estrategia combinando movimientos hasta cercar a su adversario. Pareciera que, en estas acciones, soldados paraguayos utilizando su machete de hoja ancha (yatagán), una eficaz arma para vencer la maraña hostil del monte, cortaban el dedo pulgar a los infortunados e insepultos bolivianos fallecidos en combate, luego le exhibían a Franco como un botín, con el solo afán de lograr ascensos y conseguir ventajas.

El desastre de Campo Vía tuvo consecuencias, Paraguay sintiéndose vencedor de la fratricida contienda, a través de su presidente Eusebio Ayala propuso un armisticio de 20 días, asumiendo que en este lapso por la derrota infringida su rival capitularía. El resultado fue un rotundo error, Bolivia aceptó la tregua, pero lejos de rendirse, removió a Kundt del mando por sus errores estratégicos delegando la conducción del ejército al general Enrique Peñaranda, de este modo, cuando se reanudaron las hostilidades la guerra tomaría otro rumbo, transitando sus avatares por diferentes derroteros hasta su conclusión.

Volviendo a nuestro personaje, diremos que fue bautizado con el nombre de Luis Eulogio Francisco Ruiz Paz, nació en la ciudad de Tarija el 3 de octubre de 1897, hijo del abogado Juan Ruiz Lizarazu y la Sra. María Paz León, hija reconocida del Dr. Luis Paz Arce, quien fue vicepresidente de la República y presidente de la Corte Suprema de Justicia. Pasó su infancia en su tierra natal, en la Tarija de familias conservadoras y calles empedradas donde el tiempo discurría lento, de niño fue extremadamente inquieto, creció jugando y venciendo enemigos imaginarios con su espada de madera, se hizo joven sintiendo el romance del sauce con el rio bajo un cielo cuya calma agitaba su inquieto espíritu. El Lic. Jaime Ruiz Aparicio nos brindó la siguiente semblanza de su padre: “Era de mediana estatura, ojos vivaces, su trigueña cabellera comenzó a poblarse prematuramente de canas, tenía un tórax bien pronunciado que denotaba su robustez, asentado sobre piernas fuertes y firmes. Por su apariencia física lo llamaban “moroco”. Discutidor, de carácter recio y temperamental, si algo le disgustaba se irritaba con facilidad. Como padre fue severo y tierno a la vez, corregía con la mirada y si no era suficiente, con una reprimenda que era ley. Muy querido por sus amigos, donde se armaban broncas allí estaba con su mano sellada”[4]

Muy joven contrajo nupcias con Alcira Pantoja Mendoza, concibieron dos hijos, Carmen y Eulogio Ruiz Pantoja, pero como este matrimonio resultaba un obstáculo para abrazar su vocación de ser militar, tuvieron que separarse sin reanudar la vida en común. Se trasladó a la ciudad de La Paz, egresando tres años después como subteniente de caballería, prestó sus primeros servicios en el regimiento Colorados de Bolivia. En la orden de destinos de 1925 fue asignado al regimiento Campero 5° de infantería de Villa Montes, una suerte de confinamiento motivada por un pugilato que tuvo con otro oficial, un destino poco deseado para muchos menos para él, ya que por heredades familiares conocía Entre Ríos, cuyas yungas y pie de monte húmedo le fascinaba. Constituido en su nuevo destino, el aire espeso del Chaco cargado de misterios le rozó la piel con una calidez salvaje, todo ello acentuaría su espíritu montaraz para sentir que ese era su destino preferido.

Tres años después (1928), con el grado de capitán volvió al Chaco como oficial del regimiento Paucarpata 3° de Zapadores, para ese entonces el conflicto con la República del Paraguay por la posesión del Chaco Boreal ya fermentaba, comenzaban a soplar vientos que atizaban el fantasma de la guerra y merodeaban escaramuzas en los fortines, su misión era precisamente supervisarlos y asentar nuevos reafirmando soberanía, labor que cumplió con patriótico fervor, dejando en cada uno de ellos una imagen de la virgen del Carmen por quien profesaba santa devoción. Para cumplir mejor sus acciones, el propio capitán Ruiz reclutaba su gente, buscando soldados con aptitud para lidiar con la maraña hostil del monte, abrir brechas, picadas y con habilidad para el “cuatreraje”. Durante este periplo conoció y entabló amistad con el “camba” German Busch Becerra y coordinó actividades con el también célebre satinador inmolado en combate, capitán Víctor Ustarez, apodado “charata” por su habilidad para escurrirse en el monte.  

Su itinerante inspección a los fortines consumía innumerables sacrificios y cuando el tronar de tambores anunciaba la inminente guerra, conoció a la joven Dora García, hija de un estanciero paraguayo asentado en la región, entre ellos se encendió la llama de un amor que parecía imposible por las distancias que imponían los acontecimientos, pero como el amor no respeta fronteras, pactos ni compromisos, les importó poco estar del lado opuesto del mapa, ellos no confrontaban banderas ni intereses, solo querían estar juntos. De este modo el capitán Ruiz Paz, dando una tregua a su corazón, trajo a su amada a Carandaití, allí en medio del estruendo de la guerra, nació su hijo Mario Ruiz García. Cuando callaron las metrallas y el pesado humo de pólvora se disolvió en la atmosfera anunciando el fin del conflicto, regresó a Tarija donde nacerían sus otros hijos, Roberto y Eduardo.

El conflicto armado con el Paraguay estalló oficialmente el 15 de junio de 1932, cuando tropas bolivianas ocuparon el fortín Boquerón, este hecho dio el inicio abierto de hostilidades entre ambos países, pero como referimos los incidentes previos se sucedieron desde 1928, por esta razón el coronel Eulogio Ruiz, en ciertas ocasiones se vanagloriaba diciendo “yo no fui a la guerra, desde antes estuve allí”. Su voluminoso expediente militar según su hijo Jaime Ruiz Aparicio, estaba compuesto por más de 800 fojas reflejando su participación en 400 acciones de guerra, entre combates, refriegas, escaramuzas, cuatrerajes y misiones especiales como satinador. En plena contienda tuvo dos asensos de grado, múltiples menciones honorificas por su heroísmo en combate y resultados de sus acciones. Durante la conflagración solo estuvo ausente de las trincheras 5 días, lapso en el que haciendo uso de un permiso especial vino a Tarija a visitar a su madre, quien con la salud quebrantada imploraba su presencia.[5]  

Resulta extenso citar todas las acciones de guerra en las que participó Ruiz Paz y encontrar un lugar por donde no haya transitado, estuvo desde las escarpadas serranías del Aguarague hasta Charagua, caminó por la línea Ibibobo-Capirenda y toda la región central, también anduvo por Boyuibe, Ñancaroinza y Villa Montes.[6] Todos coincidían en que el coronel Eulogio Ruiz era un militar marcado por el deber, en la guerra las armas se convirtieron en herramientas en sus manos, siendo difícil identificar si su pasión nacía en la feroz adrenalina que le generaba cada combate o en el honor de servir a su patria, pareciera que ambas cosas le producían esta extraordinaria sinergia.

Condecorado junto a Buch y Ustarez como los mejores exploradores y satinadores, fue comandante del Escuadrón Ruiz, que honró su apellido por sus valerosas actuaciones, su heroica defensa a Carandaití pasará a la inmortalidad cuando estuvo hostigada por tierra y aire por los paraguayos, allí con su sangre indomable y espíritu guerrero en ebullición lidió con la muerte, asistido por su bayoneta calada y peleando cuerpo a cuerpo para evitar su caída. Como Jeje del Estado Mayor de la División de Caballería del Segundo Cuerpo del Ejército es recordado como jinete elegante y de un solo galopar, fue mortalmente herido en el repliegue de Platanillos, sus denodadas hazañas en esta gesta le valieron el inmediato ascenso a teniente coronel.

A Ruiz Paz le costaba aceptar con subordinación ordenes de ciertos mandos, especialmente los tildados de burócratas y ajenos a los implacables sacrificios impuestos en combate. Abrazaba el criterio que en tiempo de guerra el presidente debía ser militar y como muchos bolivianos, estuvo en desacuerdo con las elecciones de 1934, resultaba irónico, mientras unos acudían a las urnas, otros se desangraban en el Chaco. Estos comicios dieron por ganador a Franz Tamayo que no llegaría a asumir su investidura, porque las desavenencias entre el presidente Daniel Salamanca y los mandos militares era cada vez mayor, disputa que concluyó con el conocido “corralito de Villa Montes”, un golpe de estado que obligó a dimitir al anciano jefe de Estado, su renuncia motivó que el vicepresidente José Luis Tejada Sorzano asuma la conducción de la República y se anulen las elecciones. Ruiz si bien no participó directamente en esta sublevación, estuvo de acuerdo con la ejecución de la misma.

Después de los combates de Ballivián y El Carmen, poco auspiciosos para las armas bolivianas, muchos comentaban su estoica actuación y el corte de la oreja izquierda a los “pilas” que realizaba su escuadrón, los altos mandos ironizaban el hecho hasta que el coronel Ruiz fue convocado a comparecer ante el Comando en jefe. Las crónicas y la tradición oral familiar, relatan que cuando estuvo frente al general Enrique Peñaranda quien presidia ese cónclave castrense, abrió su morral y arrojó a la mesa un cúmulo de orejas cortadas que tenía allí guardadas, luego invitó a los oficiales presentes, salir al exterior donde formaba su escuadrón para que verifiquen que todos tenían sus orejas bien puestas[7]. 

La guerra concluyó el 12 de junio de 1935 con la firma del protocolo de paz en Buenos Aires, suscrito por los cancilleres Tomás Elío (Bolivia) y Luis Alberto Riart (Paraguay) que puso fin al conflicto y el cese inmediato de hostilidades. A partir de eses momento surgió también otra historia, la nueva nacionalidad emergente con las cicatrices y secuelas del Chaco y el incierto destino de cada combatiente. Bolivia con inestabilidad política inició una sucesión presidencial militarista, destacando David Toro, Germán Busch, Carlos Quintanilla y Enrique Peñaranda, hasta la irrupción del MNR y su revolución en 1952.

El coronel Eulogio Ruiz Paz fue declarado héroe nacional, como German Busch o Bernardino Bilbao Rioja mereció medallas, honores y reconocimientos, pero la guerra también horadó su espíritu. Un militar de su talla, coronado con gloria en los fortines, luchando en las trincheras, comandando audazmente sus tropas, abriendo brechas y picadas, le correspondía también disputar el poder, moverse en privilegiados círculos y ruidosos aplausos palaciegos, pero él entendió que, no hay mayor victoria que la paz interior y solo deseaba volver a la sencilles de los días sin urgencia, donde su alma respiraba libertad al lado de su linajuda familia y el silencio cómplice de la fertilidad de su valle, solo allí podía alcanzar la plenitud de vivir y dejar sus raíces. Entre otros cargos públicos, aceptó gustoso la invitación de su amigo y presidente de la República German Busch, para ser Prefecto y comandante General del Depto. de Tarija, también fue diputado nacional por la Provincia Arce en los años 1944 - 45.

En su tierra, en uno de los múltiples actos de homenaje, correspondió a la hermosa joven Nila Aparicio imponerle una corona, allí sus enormes ojos cumpliendo un inexorable designio, se cruzaron con los del “héroe del Chaco” y de inmediato el amor fusionó sus vidas. De esta unión nacerían Freddy, Ayda, Jaime, Nancy y Martha Ruiz Aparicio, después de algunos años de vida en común y tras el fallecimiento de su primera esposa Alcira Pantoja, quedó en libertad de estado y pudieron formalizar su unión ungidos con el sacramento del matrimonio religioso. También tuvo un hijo que, si bien solo llevó el apellido materno, la sociedad tarijeña lo reconoció como hijo de “moroco Ruiz”, José Francisco Azurduy, quien a juicio de sus contemporáneos tenía la contextura física de su progenitor. 

Durante los gobiernos del MNR el coronel Ruiz Paz vivió confinado en Yana Yana, un puesto perdido en el monte chaqueño, luego le permitieron avecindarse en Entre Ríos, porque sus pequeños hijos debían asistir a la escuela. Muchos aseguran que este destierro fue por alinearse políticamente a la Falange, encarnizada rival del movimientismo, no obstante, Dn. Jaime Ruiz Aparicio, aclara que su padre, al igual que la mayoría de los “hijos del Chaco” como se identificaba la élite militar de la contienda eran de esencia nacionalista, atribuye su confinamiento a dos factores: El primero, motivado por una discusión que tuvo con el líder revolucionario del MNR Víctor Paz Estenssoro, pariente suyo, y el segundo, está relacionado con la inestabilidad política y continuos intentos de golpes de estado, en ese contexto militares y políticos buscaban al célebre coronel Ruiz para inmiscuirlo en sus intentonas, tenerlo alejado era una forma de controlar que no participara de estas andanadas[8].

La guerra puede llenarnos el pecho de medallas, pero también de cicatrices, al coronel Eulogio Ruiz Paz le incomodaba que alguien lo llame héroe. Dn. Jaime recuerda y nos relata este pasaje: “Viviendo en Entre Ríos, mi padre recuperó de los pertrechos una ametralladora Vickers que la tenía en casa como trofeo, la llamaba mi “piripipí”, después de alguna fiesta patronal o cuando se sentía nostálgico, armaba su trípode y con furia disparaba al aire, la guerra quedó atrás pero también dentro suyo, era como una batalla que no terminaba de librar, eran los rostros de los que cayeron, los reveses y frustraciones. El ronco estruendo de la ametralladora escupiendo fuego, nos llenaba de miedo y con mis hermanos solíamos llorar, al ver nuestro estado mi papá dejaba de disparar y con los ojos humedecidos corría a cobijarnos, nos abrazaba con una calidez que hasta hoy me abriga”.[9]

El 13 de febrero de 1971 se apagó la vida del Héroe Nacional coronel Luis Eulogio Francisco Ruiz Paz, tras su deceso quedó su testimonio en calles, avenidas y colegios que inmortalizan su nombre. Una anécdota cuenta que en Entre Ríos, un transportista ebrio chocó y volcó el pedestal que sostenía el busto de Simón Bolívar, los entrerrianos una vez repuesto el pedestal, optaron por guardar al Libertador y en su lugar colocar un busto del coronel Ruiz. El 3 de octubre de 1997, conmemorando el centenario de su nacimiento, en el Salón Rojo de la entonces Prefectura del Departamento de Tarija, una corneta desgranó sus ahogados ecos fúnebres en un sentido acto de homenaje para perdurar su recuerdo en medio de su extendida descendencia[10]. Pero tal vez el reconocimiento más espontáneo, surgió de los trashumantes y los genuinos chaqueño que, bajo la serena luna de plata en los fogones, pialadas y festividades contaban las hazañas del coronel Eulogio Ruiz Paz, pidieron y consiguieron que el hito BR 94, último puesto militar con la frontera con el Paraguay llevara su nombre, como tributo y legado a sus méritos y defensa de la soberanía nacional. 

[1] Arce Aguirre, 2009, p. 32.

[2] Magdalena Cajias de la Vega: “EULOGIO RUIZ PAZ UN HEROE DEL SUR” año 1999.

[3] Ruddy Rolando Cuellar Rivero “CARMELO CUELLAR JIMENEZ”

[4] Referencias relatadas por el Lic. Jaime Ruiz Aparicio, hijo del héroe Eulogio Ruiz Paz.

[5] Datos relatados por su hijo, Lic. Jaime Ruiz Aparicio

[6] Magdalena Cajias de la Vega “EULOGIO RUIZ UN HEROE DEL SUR”

[7] Suceso relatado por el Lic. Jaime Ruiz Aparicio

[8] Dialogo con el Lic. Jaime Ruiz Aparicio

[9] Episodio relatado en el diálogo con el Lic. Jaime Ruiz.

[10] Periódico El País “EULOGIO RUIZ PAZ HEROE DE LA GUERRA DEL CHACO”

 NOTA. Algunos datos fueron tomados a través de la plataforma ChatGPT.

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