Madrugada. Sudor. Trinidad capital del Beni. Suena el teléfono.

  • Mi abuela ha muerto y nadie viene a buscarla.
  • ¿Cómo?
  • Así nomás como lo oyes.

La Covid-19 se ha cebado con el Beni. Las cifras oficiales del miércoles 20 de mayo hablaban de 833 casos confirmados y 54 muertos. Los profesionales médicos hablan de muchas más. También las cruces en el “cementerio Covid”, habilitado a ocho kilómetros de Trinidad, aún en el distrito 6 pero muy lejos del área habitada, y donde acaban sepultados todos los pacientes fallecidos en estas fechas, con prueba positiva o sin ella, pues los kits hace días que han dejado de ser los suficientes. La periodista de Gran Beni, Elvira Ibáñez Paz, publicó fotografías del cementerio con más de 200 cruces, la tormenta acaba de empezar.

 La tasa de incidencia del virus es de las más altas del continente: 173 casos por cada 100.000 habitantes. La de letalidad es peor: 6,48. Un departamento acostumbrado a lidiar con el dengue se encuentra hoy entre la espada y la pared por un virus todavía muy desconocido. El dato es peor si se concentra sólo sobre la ciudad de Trinidad y sus 150.000 habitantes, que concentra el 95% de los casos.

“Aquí ya se habla de contagio masivo. Han faltado kits y reactivos para pruebas y los síntomas son evidentes – señala un periodista de la región que viene tomando ivermectina desde que a su pareja ocasional le confirmaron por laboratorio el contagio -. No me han hecho la prueba, unos días por una cosa y otros por otra, y si no hubiese ido a consulta privada, estaría curándome con tecitos, como todos, pero los síntomas son evidentes”.

Emergencia de verdad

“Antes, cuando fallecía alguien se le llevaba al hospital, se hacían las pruebas o autopsias, y ya. Pero ya después de la crisis, no había camilleros, ni choferes, que renunciaron también, entonces, por eso es que yo creo que las llamadas no se atendían” señaló el pasado viernes Marco Rojas, anestesiólogo y renunciado director del Hospital de Trinidad al programa En la Red de Beni TV.

Rojas también estimó que la cifra de muertos oficiales se podría multiplicar “fácilmente por dos” por efecto del Covid. Similar interpretación dio el doctor Bruno Vargas, también renunciado del puesto de director del Centro de Salud de segundo nivel de Trinidad, que pasó a considerarse hospital en medio de la pandemia y que en teoría iba a servir para atender a los pacientes “no covid”. “Los pacientes han sido peloteados, pero a nosotros nunca nos han asignado personal para atender esta situación”.

El pleito entre los médicos y directores y el Servicio Departamental de Salud del Beni, intervenido por el Gobierno luego de la emergencia, es evidente. Los problemas también. De los 833 casos de coronavirus, al menos 76 corresponden al personal de salud: 50 médicos, 18 enfermeras y seis funcionarios de limpieza. Tres médicos ya han fallecido. También hay 20 militares, periodistas y otros profesionales de la primera línea. Ninguno olvida que durante 40 días se reportaron 0 casos en el Beni, cuando en realidad no se tomaban pruebas.

Beni quedó como el último departamento libre de Covid hasta que el 20 de abril se detectaron los dos primeros casos. Hace menos de un mes. Las detecciones llegaron rápido porque básicamente la mayor parte del personal de salud del hospital Trinidad había sido contagiado.

Para reforzar el equipo médico, 24 profesionales voluntarios se han desplazado hasta el departamento para colaborar en un departamento que se quedó sin intensivistas en plena emergencia. Tampoco tiene más máquinas de Terapia Intensiva salvo las que hoy son objeto de la polémica y que el pasado viernes 14 de mayo la Presidenta Jeanine Áñez en persona las acercó hasta el lugar.

El descontrol llega a las altas instancias. El asambleísta Fanor Anapo fue aupado a la Gobernación del Beni luego de que el electo entre polémica, Aleix Ferrier, renunciara a la par que Evo Morales el 10 de noviembre. Anapo, en una de sus últimas entrevistas concedida al programa de streaming En La Red insistió en que todo estaba controlado en el departamento y se felicitó varias veces de ser el único departamento sin casos positivos. A los pocos días, el 24 de abril, fue aislado por prevención. Tres semanas después, el 14 de mayo, dio positivo.

¿Cuántos positivos hay en el Beni? Nadie lo sabe, pero la incidencia en una ciudad de menos de 150.000 habitantes como Trinidad, donde nunca se instaló una cuarentena real se ha salido de control. “Nunca hubo plan, ni estrategia, ni personal” señalaba Vargas con la misma preocupación que indignación.

A finales de abril, la ciudad de Guayaquil, otrora referente turístico de la costa ecuatoriana, se convirtió en triste epicentro de la pandemia: los cadáveres se apilaban en las calles mientras ninguna funeraria accedía a retirarlos alegando impagos y sobre todo, miedo. Mucho miedo. El Gobierno de Lenín Moreno acabó reconociendo centenares de muertos que habían sido excluidos de las cifras oficiales y tuvo que movilizar recursos para maquillar la vergüenza internacional.

Trinidad, dicen sus habitantes, hoy no está lejos. Pero la cuarentena igual no se cumple.