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Canedo y el reto de recuperar el patrimonio cultural de Tarija
Canedo plantea una nueva agenda cultural para el departamento, con más presupuesto, museos modernos, recuperación de la historia regional y una relación distinta con los artistas. También cuestiona el manejo cultural de la Universidad y reclama una mayor presencia de Tarija en la cultura nacional
La cultura quiere dejar de ocupar un lugar secundario en la agenda pública de Tarija. Esa es, en esencia, la apuesta que plantea Marcela Canedo, directora de Cultura de la Gobernación, quien sostiene que el departamento necesita pasar de una política centrada principalmente en festividades y contrataciones de artistas a una gestión cultural capaz de generar patrimonio, conocimiento, actividad económica y también identidad.
Uno de los primeros cambios que destaca es presupuestario. Según explicó, Turismo y Cultura dispondrán de cerca de Bs 3 millones, de los cuales aproximadamente Bs 650.000 corresponden específicamente a Cultura. La cifra, sostiene, representa un incremento respecto de la gestión anterior, cuando el presupuesto cultural rondaba los Bs 200.000. Canedo reconoce que existe una discusión conceptual detrás de la nueva estructura institucional: Cultura quedó incorporada dentro de la Secretaría de Turismo y Cultura. La propia funcionaria admite que hubiera preferido que la denominación fuera “Cultura y Turismo”, y no al revés. Su argumento es que el turismo de Tarija necesita precisamente de una cultura propia, diferenciada y reconocible para construir una oferta con identidad.
La apuesta es incorporar patrimonio e historia a la promoción turística. El ejemplo más evidente es la Ruta del Vino. Canedo considera que no puede reducirse a bodegas, paisajes y degustaciones, sino que debe contar la historia que explica por qué Tarija se convirtió en un territorio vitivinícola. Recuerda la llegada de las órdenes religiosas y la necesidad de producir vino para la celebración de la misa como parte de una historia mucho más profunda que la actual oferta turística.
Su programa de trabajo tiene varios pilares. El primero es la recuperación del patrimonio tangible e intangible. No solamente edificios, casas o museos, sino también valores y rasgos que, según Canedo, forman parte de la identidad regional.
Entre ellos menciona la tradición de diálogo y concertación que atribuye a Tarija y plantea incluso una utilización turística de esa característica: mientras otras zonas del país sufren bloqueos, Tarija podría presentarse como una puerta de entrada alternativa para visitantes internacionales.
El segundo gran desafío es educativo. Canedo cuestiona que la historia de Tarija tenga una presencia mínima en los textos escolares y plantea incorporar diez temas específicos sobre la historia regional dentro de la currícula educativa departamental. La intención es que los estudiantes conozcan mejor el territorio en el que viven y los procesos que explican su identidad.
El tercer componente es la infraestructura cultural. La funcionaria identifica alrededor de ocho espacios que deberían ser modernizados o concluidos, entre ellos la Casa de Eustaquio Méndez y el Museo del Vino. También plantea desarrollar nuevos espacios vinculados con la riqueza paleontológica del departamento, un patrimonio que considera insuficientemente aprovechado y que podría contribuir a ampliar la permanencia de los turistas en Tarija.
La cuarta línea apunta directamente al sector artístico. Canedo reconoce que la política cultural departamental se ha concentrado durante años en la contratación de artistas para fiestas patronales y actividades religiosas. No considera que esa tarea sea negativa, pero sí insuficiente.
La nueva mirada pretende incluir música clásica y contemporánea, composición, literatura, pintura, cine, danza e incluso nuevas expresiones como la ilustración digital. Como ejemplo menciona un proyecto de cartas sobre mujeres que recibió alrededor de 115 trabajos y que, según la evaluación de los jurados, mostró una calidad literaria que sorprendió incluso a los organizadores.
Canedo también plantea un cambio en la relación con los artistas. A su juicio, parte del sector todavía trabaja con una visión excesivamente local y depende demasiado de las contrataciones vinculadas a fiestas. La propuesta es fortalecer capacidades empresariales, promoción, marketing y profesionalización para que quienes quieran vivir del arte puedan convertirlo en una actividad económica sostenible.
La crítica a la Universidad
Uno de los pasajes más duros de la entrevista aparece cuando Canedo habla de la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho y su papel en la cultura.
La funcionaria cuestiona que, pese a contar con infraestructura y recursos, la Universidad no haya desarrollado una política cultural acorde con el patrimonio que tiene bajo su tutela. Menciona espacios como la Casa Dorada y otros repositorios vinculados a la institución y cuestiona que no se haya consolidado una política de museos ni carreras relacionadas con humanidades, literatura o historia.
Su diagnóstico es particularmente severo: habla de una institución “muy politizada” y sostiene que se ha reducido la producción intelectual y la extensión cultural. Es una afirmación de la propia funcionaria dentro de la entrevista y no una evaluación independiente sobre la Universidad.
La conversación abre además una posibilidad de cooperación. Canedo relata que investigadores extranjeros interesados en el patrimonio paleontológico de Tarija quedaron sorprendidos por el potencial del departamento y que incluso ofrecieron elaborar un proyecto arquitectónico para un museo.
La Casa de la Cultura, otro problema pendiente
La administración de la Casa de la Cultura aparece como otro de los grandes desafíos. Canedo explica que el Teatro de la Cultura dejó de estar bajo administración directa de la Gobernación y pasó a la estructura de la Casa de la Cultura, aunque el patrimonio continúa siendo un asunto que la Gobernación considera dentro de sus responsabilidades.
La funcionaria cuestiona además el funcionamiento del directorio de la institución. Según afirma, aunque existe formalmente, no se reúne para fiscalizar y durante años tampoco habría contado con estatutos actualizados. Su diagnóstico es que existe una estructura institucional que no ha conseguido consolidarse como una verdadera entidad de gestión cultural.
La alternativa que propone no es privatizar el espacio, sino profesionalizar su administración. Habla de gestores culturales especializados, producción propia, programación estable de teatro y ballet y una política capaz de generar ingresos a partir de las actividades culturales.
También plantea explorar una mayor presencia de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia en Tarija. Su cuestionamiento aquí es más amplio: considera que la distribución nacional de recursos culturales deja a Tarija en una posición desfavorable y reclama que parte de los recursos destinados a cultura y patrimonio también llegue a los departamentos.
Una reivindicación histórica
El cierre de la entrevista lleva la discusión cultural al terreno de la identidad regional. Canedo anuncia para el 19 de noviembre un acto en la Casa de la Libertad de Sucre para reivindicar la participación de Tarija en la historia boliviana, dentro de las actividades por el bicentenario de la adhesión del departamento a Bolivia.
Según explicó, la iniciativa surgió de conversaciones con responsables de la Casa de la Libertad, donde —sostiene— la presencia de Tarija en la narrativa histórica nacional es prácticamente inexistente.
La Gobernación prevé llevar además un cuadro relacionado con los llamados “cabildos de Tarija”, como representación de la decisión regional de incorporarse a Bolivia. La funcionaria defiende esa interpretación frente a las corrientes historiográficas que cuestionan aquella decisión y plantea que la discusión no debería reducirse a qué país pudo haber elegido Tarija, sino a qué departamento se quiere construir desde el presente.
La agenda continuará con un programa de tres meses por el bicentenario, desde octubre, que incluirá música, teatro, danza, piano y actividades literarias en distintos espacios públicos. La intención, dice Canedo, es sacar la cultura a las calles y convertir la conmemoración en una celebración que involucre también al municipio, la Asamblea Departamental y las provincias.
Más allá de los anuncios, el desafío es considerable. Tarija posee patrimonio histórico, religioso, paleontológico, literario, musical y artístico suficiente para construir una política cultural mucho más amplia que el calendario de festividades. El punto pendiente será convertir ese diagnóstico en instituciones que funcionen, proyectos que se concluyan y una política sostenida en el tiempo.
La entrevista deja, en todo caso, una idea central: para Canedo, la cultura no debe ser solamente una actividad que recibe recursos públicos, sino una herramienta para entender quién es Tarija, proyectar su patrimonio y generar también nuevas oportunidades para el turismo, los artistas y la economía regional.











