Crónica política de la semana
El decretazo, la resistencia y las subnacionales plebiscitarias
El gobierno aceleró sus planes con un macro decreto que modifica precios del combustible, desregula inversiones extranjeras en sectores estratégicos y congela salarios abriendo un escenario incierto
Circulaba el lunes el último informe Delphi de la FES donde entre otras cosas el 6,6% de los entrevistados consideraban al Gobierno “fuerte”, el 55% débil y el 34% “regulín”, ni fuerte ni débil. El martes Rodrigo Paz y su familia encendieron las luces navideñas en plaza Murillo en otro evento simbólico de su mensaje favorito: Dios, Patria y Familia, superando todo aquello de las coas y rituales y empezando así la época más celebrada de la cristiandad. El miércoles, zas: gasolinazo, aunque hay molestia en los pisos altos de la Casa Grande sobre quienes lo nombran así.
La semana pasada ya advertimos que el asunto se había puesto en agenda – el propio Samuel Doria Medina había instruido no tener miedo vía redes sociales – aprovechando que el barril de petróleo está en sus mínimos anuales. Tardó menos de lo previsto.
La narrativa oficial del Gobierno es medio confusa. De un lado se aferra a la “inevitabilidad” de la medida. Del otro lado la justifica por la corrupción previa. Ni una ni otra acaba de convencer a nadie de los que se consideran afectados, salvo a aquellos perfectamente alineados que repiten lo de “ajustarse el cinturón”. Es curioso como a la vez protestan por el alza de pasajes y le exigen a los alcaldes control…
La protesta recién ha empezado y lo de cruzarse con la Navidad no será problema. Los sindicatos están organizados y los precios subirán. La pelea por el precio del combustible será a largo plazo y el gobierno lo sabe. Han mandado a negociar al ministro más “familiar”: el tarijeño Mauricio Zamora Liebers, pero no le reconocen como interlocutor. Se está tratando de dividir al sector para lograr acuerdos sectoriales y desmovilizar. Todo previsible, todo en el manual. José Luis Lupo ya deslizó ayer que en realidad no se ha liberado el precio sino que se ha fijado “más bajo del precio real”. El asunto debería esclarecerse en los anexos al Decreto, que siguen ausentes en la Gaceta con lo que eso significa. La insinuación de Lupo implica que se pueda fijar otro precio intermedio y fijar un proceso de gradualidad y retiradas parciales en un plazo de tiempo determinado, pero es todavía adelantarse mucho. El barril está en 57 dólares; en enero estaba a 75.
Los otros puntos
El gasolinazo concentra obviamente toda la atención por lo que implica a la ciudadanía, pero el decreto 5503 contempla muchos más aspectos. Por ejemplo, el mecanismo Fast Track que permite cerrar acuerdos sobre recursos naturales por decreto en tiempo record – ¿tan sencillo era el asunto del litio y Luis Arce no lo supo hacer en cinco años? -, garantías para inversiones y libre exportación total, otro de los puntos que efectivamente acabará afectando a los precios en el mediano plazo tomando en cuenta la creciente demanda alimentaria mundial – los precios de los alimentos siguen subiendo en todo el mundo – y particularmente el pollo y el huevo.
La batería de medidas que según algunos expertos no llega a ser un plan completamente cerrado al faltarle una regla de gasto fiscal estable a largo plazo, deja abierta la puerta a una devaluación y una serie de medidas relacionadas a la Gestora Pública que requieren complementación.
Por último, queda claro que el ajuste lo pagan los trabajadores: congelación salarial para todo el mundo en 2026, incremento del salario mínimo a 3.300 y unas medidas de “emergencia” que deberían hacer sonrojar al ministro: 100 bolivianos de incremento al Juancito Pinto que se cobrará dentro de doce meses; 150 extras a la Renta “Dignidad” que harán 500 bolivianos para los adultos mayores que no tienen otro ingreso y un Programa de Emergencia consistente en bonos de 150 bolivianos cada tres meses hasta un máximo de 450 bolivianos al año. Impresionante.
¿La resistencia?
La mayor fortaleza que tiene el Gobierno es que de momento no hay nadie al frente capaz de articular el descontento. Tuto Quiroga ha criticado que no se proteja al transporte para contener la inflación – pero acaba de perder -; Jaime Dunn pide que no sume bonos ni aumente salarios; Evo Morales sigue siendo mala palabra – de hecho la estrategia del Gobierno es tildar de masista a todo el que proteste -; Andrónico Rodríguez realmente descarriló…
Hay dos vías capaces de articular la oposición al decreto. Una es Edmand Lara, el vicepresidente apartado que realmente siente que ha traicionado a los suyos, pero que todavía no ha logrado articular su propio aparato. La otra es Eva Copa, en tanto son los alcaldes quienes deberán administrar el impacto social más cercano y El Alto es una de las ciudades más afectadas. Lara y Copa tienen en común además su cercanía a las iglesias cristianas.
El shock en las subnacionales
Una de las vertientes menos analizadas ha sido el impacto de la medida en las subnacionales. El presidente Rodrigo Paz junto a su papá Jaime Paz y su socio Samuel Doria Medina armaron la fuerza “Patria” para presentarse en todos los departamentos – Primero la Gente es departamental, MIR recién acaba de habilitarse pero no cumple requisitos y Unidad Nacional -. A ello le han sumado algunos liderazgos locales en diferentes departamentos: Adrián Oliva en Tarija, Luis Revilla en La Paz, Luis Fernando Camacho en Santa Cruz, etc.
La voluntad del Gobierno era tener presencia territorial en todo el país, el riesgo para los aliados locales es que se conviertan en elecciones plebiscitarias.





