Los sueños del Guadalquivir
Privilegio masculino
El PRIVILEGIO MASCULINO se entiende como el conjunto de situaciones y condiciones (no de capacidades) dentro de una sociedad que beneficia de forma sutil o grosera a los hombres y definen un rol subordinado de la mujer



Si nunca te has preguntado cómo es que en Bolivia no hay mujeres presidentas electas, y cómo es que hasta hace no mucho casi no había mujeres parlamentarias, entonces no comprendes lo que es el privilegio masculino. El tema volvió a salir a flote cuando saqué mi artículo de las “carretillas de comadres”. ¿Acaso no lo escribía desde mi privilegio masculino?
Lo que mucha gente no se da cuenta es que este privilegio masculino puede ser extremadamente sutil y que en muchos casos nosotros como hombres somos incapaces de verlo. Como por ejemplo el privilegio de caminar por la calle sin ser acosados permanentemente (por lo menos, eso me reportan todas mis contactos). El privilegio se define como situaciones y condiciones que nos afectan a nivel estructural y que definen nuestro futuro y nuestro desempeño más allá de nuestras capacidades y de nuestro esfuerzo personal. Un privilegio económico que todos podemos comprender es la ventaja estructural de nacer en una familia adinerada y cómo eso define nuestras posibilidades laborales futuras.
El movimiento feminista del último siglo ha logrado varios avances en cuanto a los derechos de la mujer y por eso es tan difícil darse cuenta de nuestro privilegio masculino (aunque algunas mujeres opinan que solo necesitaríamos abrir los ojos). Creo que las palabras “sutil” e “invisible” son fundamentales para comprender esto. Muchas veces necesitas primero dormir en la calle o pasar hambre para darte cuenta de cuan afortunado eres de tener una cama y un plato caliente de comida en la mesa. Sino pregúntenle a sus hijos.
El privilegio se define como situaciones y condiciones que nos afectan a nivel estructural y que definen nuestro futuro y nuestro desempeño más allá de nuestras capacidades y de nuestro esfuerzo personal
Si hablamos de privilegio masculino, creo que podemos calificar de ello el hecho de que haya sido mi mujer la que haya asumido el cuidado completo de mis hijos luego de nuestra separación, lo cual me permite dedicar tiempo precioso y abundante a escribir y elaborar mis ideas. Pero sacando cuentas creo que mi privilegio en estos escritos es de otro tipo. El hecho de que me haya convertido en escritor y haya adquirido reconocimiento como investigador social tuvo poco que ver con que haya sido varón. Mi primer libro académico y el inicio de mi carrera profesional fue el “Pequeños misterios de la fiesta grande” (2009). Ahí no entré con ningún privilegio, aunque haya sido hombre: era un externo, no pertenecía a la elite local, no era promesante y no contaba con recursos económicos propios, todos ellos factores que podrían haber apoyado mi entrada al mercado. Haber sido hombre tuvo poco que ver, aunque reconozco que una mujer en una fiesta de hombres como esta habría tenido mayores problemas en ser reconocida.
Que todos los escritores de San Roque hayan sido varones tiene que ver más con la estructura social y sensibilidad de elite de medio siglo atrás, que era también una estructura de clase. Si hubiera sido por ellos yo no habría escrito nada. No por hombre, sino por mi origen social y por no representar sus intereses de clase. Entonces mi condición masculina no fue definitoria. Me gané mi espacio y el reconocimiento de mi gente por esfuerzo propio.
En algún momento empecé a disfrutar de un reconocimiento particular y un espacio privilegiado en el discurso local. Logré generar una estructura editorial propia que me posibilitó la publicación de mis obras de manera regular, lo cual a su vez me permitió consolidar mi reconocimiento social. Otro factor fue mi presencia permanente en la prensa local, por lo cual les debo mi agradecimiento a los y las periodistas que me abrieron las puertas. Creo que de haber sido mujer hubiera aparecido más en la prensa, por la novedad, aunque también hubiera sido atacada con más saña por ser mujer.
Como hombre tuve que pelear permanentemente con el establishment local, pero llegó un momento en el que me pude liberar de esas restricciones y me convertí en autoridad indiscutible del conocimiento de San Roque y en representante directo de la vanguardia intelectual tarijeña. Aquí fue cuando empecé a ganar privilegios tangibles para opinar sin miedo y con la certeza de ser escuchado en temas polémicos y hasta prohibidos en Tarija.
Si yo hubiera sido mujer mi camino hubiera sido diferente y hubiera tenido más problemas al enfrentarme a la ortodoxia local; pero el resultado final hubiera sido el mismo. Conociéndome, si yo hubiera sido mujer y San Roque me hubiera llamado, hubiera sido chuncha infiltrada. Habría escrito toneladas sobre la fiesta grande y hubiera investigado a los chunchos solo para conocer dónde me estaba metiendo. Hubiera ido a visitar a los otros chunchos para saber cómo se siente bailar abiertamente de chuncha mujer y me hubiera metido de alférez para saber cómo se siente vivir la tradición sin miedo. Pero no lo soy y ese es precisamente el punto.