Analizan sostenibilidad del sistema
YPFB se juega la credibilidad en nueva certificación de reservas
Desde 2018, fecha en la que se presentó la última certificación con 10,7 TCF (ajustado después a 8,35), no se registran nuevos éxitos exploratorios, sino lo contrario, por lo que se han recortado las reservas



Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) anunció en mayo que lanzaría la licitación para contratar la certificación de reservas hidrocarburíferas en el país, pero no fue hasta el 1 de septiembre que se hizo efectiva. El mecanismo es obligatorio de forma anual de acuerdo a la normativa, aunque bien es cierto que la mayor parte de las gestiones se ha obviado realizando cuantificaciones, es decir, la cuenta rutinaria de cuánto se ha incorporado y cuánto se ha exportado y consumido en el mercado nacional para dar con una cifra que aproximadamente cifrara la cantidad de gas que queda en las entrañas del país.
El último reporte lo hizo público el exministro de Hidrocarburos durante la gestión de Jeanine Áñez, Víctor Hugo Zamora. Fue un reporte a la baja, pero no tanto. Concretamente el 31 de enero de 2020, YPFB dijo que había 8,34 trillones de pies cúbicos en el país (TCF por sus siglas en inglés), corrigiendo los 8,95 que la misma institución había develado en noviembre de 2019 corrigiendo el informe de agosto de ese año de la consultora canadiense Sproule, que lo cifró en 10,7 TCF con datos de diciembre de 2017.
"Confirmamos la validez de la certificación de reservas efectuada al 31 de diciembre de 2017, que estima que Bolivia tenía, a esa fecha, 10.7 TCF de reservas probadas totales, 12.5 TCF de reservas probadas más probables (mejor estimado) y 14.7 TCF de reservas probadas más probables más posibles de gas", mencionó el boletín de YPFB.
El manejo de la certificación tiene que ver no tanto con el potencial en sí, sino con la capacidad de recuperarlo en condiciones comerciales óptimas, por ello las reservas probadas son las que están prácticamente en explotación, mientras que las probadas y las posibles se estiman en función del nivel de estudio que se tiene de las mismas. Un mayor estudio convierte las posibles en probables y finalmente, en probadas. Pero del mismo modo, sucede a la inversa.
Fracasos
El problema de la certificación es que en demasiadas ocasiones se basa en estimaciones sobre el papel, que después en la práctica deben ser corregidas. Los fracasos, por ende, deben ser restados de las cuentas de la certificación, así como la modificación de los planes exploratorios.
Desde 2018 a esta parte no ha habido ningún éxito notable en la exploración hidrocarburífera. Tan solo la puesta en marcha de algunos pozos notables en San Antonio, por ejemplo, pero que a efectos de cuantificación de reservas no tiene ningún efecto, ya que ya eran conocidas.
En ese sentido, la actualización de la certificación será a la baja, estimando el volumen de gas exportado a Brasil y Argentina y el consumido a nivel interno, que más o menos es de 0,5 TCF por año. Los cambios en los contratos, particularmente sobre las exigencias de entregas obligatorias, ha podido rebajar el consumo hasta 0,4 anual.
La cuestión es que, además de esos ajustes, hay que restar los fracasos exploratorios que habían inflado reservas en la certificación.
Es el caso, por ejemplo, de Boyuy, en el área Caipipendi y perforado por Repsol hasta su abandono en 2019. Boyuy ostenta el récord de ser el pozo más profundo del continente, también el mismo siendo improductivo, es decir, inútil, pero la expectativa era grande.
Otro caso es el de Jaguar, en Huacareta, al oeste de Entre Ríos. Otro pozo que se estimaba muy beneficioso para sumar reservas – se estimaban hasta 15 TCF en Huacareta -, pero por el momento ha resultado fallido en la parte tarijeña.
Otro proyecto como el de Mayaya, al norte de La Paz y articulado, como casi siempre, en consonancia con las elecciones en 2018. Hasta la fecha no tiene socios seguros ni respuestas, por lo que sumaría una resta.
En la cuantificación de reservas también deberá descontar, por ejemplo, el gas que se preveía encontrar en San Telmo, dentro de la Reserva de Tariquía, y cuyo proyecto ha sido abandonado por YPFB Chaco, también debe restar buenas expectativas que se tenían con ese pozo en el corazón de la Reserva de Tariquía.
Según algunas estimaciones que llegan desde el ámbito económico, Bolivia debería estar entre los 6-8 trillones de pies cúbicos. La estimación a la baja influye, sin embargo, en las capacidades de endeudamiento tanto del TGN como de los departamentos y en una mayor limitación de maniobra del TGN.