Tokwa’j el intermediario entre los dioses y los “weenhayeks”
Basado en la investigación de Edgar Ortiz Lema Wichis era el nombre originario que recibían los integrantes de una etnia indígena del Chaco Central y del Chaco Austral. En Argentina pervive esta denominación y significa “gente”. En nuestro país los wichís son denominados weenhayek...



Basado en la investigación de Edgar Ortiz Lema
Wichis era el nombre originario que recibían los integrantes de una etnia indígena del Chaco Central y del Chaco Austral. En Argentina pervive esta denominación y significa “gente”. En nuestro país los wichís son denominados weenhayek que significa “diferentes”. Sin embargo, antiguamente para denominar a estos dos grupos indígenas del Chaco se utilizaba la palabra “matacos”, empero, más tarde numerosos escritores explicaron que este vocablo provenía del quechua y tenía significado despectivo.
Por la naturaleza de su creación este ser nunca fue considerado una deidad
Para fines de este reportaje usaremos el antiguo término, desligando su mal significado y solo lo emplearemos con el fin de hacer alusión a estos dos grupos. Así comenzaremos explicando que en el mundo “mataco” (de wichís y weenhayeks) siempre ha sobresalido lo mítico, personajes complejos que tenían similitudes o directa relación con los dioses. Personajes que han sido creadores de ríos, que han inventado el fuego y que han dado un orden a la vida de este pueblo. Uno de ellos es Tokwa’j, quien forma parte de la tradición oral de estos originarios.
Para describirlo nos remitimos al escrito del Dr. Edgar Ortiz Lema, quien ha investigado mucho sobre el tema. En sus hallazgos describe que esta personalidad mítica no sólo se constituyó en el intermediario entre los dioses y el hombre sino en el innovador de varias técnicas. Entre sus características está su inteligencia picaresca inigualada, pero también se muestra como un tonto en algunos pasajes míticos.
Según la tradición oral el Creador del Universo les prometió a los “matacos”-antes de su partida definitiva- que no los abandonaría jamás, y cumpliendo esa promesa ordenó al señor de “Todos los Demonios” (Ajatáj) que creara a Tokwa’j como un nexo de unión entre los hombres y los dioses.
Por la naturaleza de su creación este ser nunca fue considerado una deidad, según Ortiz, Ajatáj hizo un muñeco de barro, lo sopló y éste se convirtió en hombre. Más aún, a pesar que fue creado por el Dios de los demonios no entra en la clasificación demoniaca.
Se trata solamente de un humano, inteligente, loco, pícaro y siempre al lado de estos nativos. Se dice que el tiempo originario y el presente se conectan a través de él. No se trata de un ser maligno, sino de un intermediario.
Según cuenta Ortiz Lema este personaje se burla de los animales, de los dioses y de los mismos hombres. Don Mariano Segovia que en mataco se llama Nowajé cuenta que un día Tokwa’j resolvió engañar al tigre y para ello se presentó ante él comiendo un sabroso pedazo de carne. Cuando el tigre le preguntó de dónde lo había obtenido, le respondió que era su propio corazón que lo extrajo metiendo la mano a su cuerpo. El tigre engañado por Tokwa’j le rogó que haga lo mismo. Tokwa’j, ni corto ni perezoso, efectuó la operación y mató al tigre.
Pero la tradición oral cuenta también que cuando tiene hambre engaña a los pájaros, diciéndoles que si quieren parecerse a él deben zambullirse en una laguna. Cuando lo hacen Tokwa’j los espera dentro de una laguna, los despluma y se los come
Para Aurora Gallego, quien también investigó sobre el tema, “Todo pueblo primitivo posee un actor protagonista dentro de su mitología, conocido entre los etnólogos como el transformador, debido a que este personaje suele transformar al mundo, dándole su actual conformación. Se trata de un héroe cultural o también artero…, funciona como un transformador que establece el orden actual de las cosas e interviene activamente en los problemas del hombre y del mundo.
Según Ortiz Lema dos características esenciales posee Tokwa’j: la de poder sufrir cambios en su ser (metamorfosis) y la de tener naturaleza ambivalente.
De acuerdo a Gallego y Ortiz la primera que es inherente a su esencia, le permite enfrentarse con éxito a las más inverosímiles circunstancias, tiene dos formas principales a las que recurre y que específicamente le fueron atribuidas: la de humano, con figura de hombre y la de animal con figura de perro.
Originalmente Tokwa’j fue creado con figura de hombre, partiendo del barro, sin embargo, Ajatáj, modeló inmediatamente una figura de perro, y señaló a Tokwa’j “que ésta será la otra figura que podrá adoptar durante sus andanzas. Sin embargo, por su naturaleza de Aját en circunstancias de peligro podrá cambiarse en cualquier otra forma. Pero las figuras propias serán siempre las de hinnó (hombre) y sino’j (perro).
Más aún, en todos los relatos de este pueblo este personaje intenta asemejarse a otros seres o imitar sus acciones. Uno de los rasgos que se destaca es su posibilidad de sustituir partes de su cuerpo o de unirlas cuando se desprenden.
Otra característica interesante es su naturaleza ambivalente que lo hace actuar como un hombre y a veces como un inocente niño. Las acciones de Tokwa’j son buenas y malas.
Su labor de intermediario
Pero ¿qué acciones lo convierten en un héroe entre los matacos? Se cuenta que antiguamente los “matacos” comían los alimentos crudos y fue Tokwa’j quien les enseñó la técnica de cocerlos, pero para ello, tuvo que ingeniárselas y obtener el fuego. La obtención del fuego aparece en la mayoría de los relatos míticos como obra de este personaje.
Añadido a eso le atribuyen la formación de los ríos tras la liberación de las aguas. Según los relatos las aguas y todo lo que contienen estaban almacenadas en un gran árbol de Yuchán (palo borracho). El dueño de esas aguas y de los peces, Chila’j, prohibió expresamente flechar al pez Dorado. La transgresión cometida por Tokwa’j, hizo que se rajara el Yuchán, habiendo originado con este hecho la formación de los ríos Bermejo (Tewkitáj) y Pilcomayo (Te- wok).
Los “matacos” también llegaron a considerar firmemente que Tokwa’j, en una acción benéfica enseñó las prácticas terapéuticas a los chamanes. Empezó por elegir a un joven a quien le enseñó todo lo concerniente a las funciones de chamán, posteriormente, lo transformó en un Aját Welán, encargado de preparar e iniciar a nuevos chamanes.
Según Ortiz Lema, “Tokwa’j es omnipresente en la vida cotidiana de estos pueblos, a él se debe que los hombres hayan aprendido variadísimas técnicas, gracias a él aprendieron cómo cazar los diferentes animales, a distinguir entre cuáles cazar y cuáles no, cómo pelarlos, desplumarlos e incluso prepararlos; sin sus enseñanzas los hombres no supieran cómo confeccionar las redes para pescar, sean éstas de tijeras o de bolsa, cómo fabricar el arco y la flecha, y cómo utilizar el perro y la soga en labores de caza, y, no sólo eso, sino también, enseñó a los perros a olfatear a las presas. La apetecida miel hubiera sido imposible encontrarla si Tokwa’j no les hubiera enseñado cómo hacerlo”.
La recolección de los frutos, las reglas de su distribución y el compartirlos entre todos, es también obra de Tokwa’j, como son las de enseñar a las mujeres cómo recolectar el chaguar (bromilácea) a meterlo al agua sobre el fuego, a rasparlo hasta obtener fibras del grosor del hilo, a darle color utilizando tinturas, a tejer con esas fibras bolsas llamadas llicas para transportar los efectos personales.
En un resumido recuento de estas obras benéficas, que enseñó, podemos anotar aquella referida a la forma de combatir las tempestades sacudiendo los porongos.
Es el autor de algunas costumbres como la de prohibir a las mujeres salir fuera de sus chozas cuando el arco iris es visible, o acercarse al río cuando tienen su regla, para evitar que los peces desaparezcan. El enseñó a enterrar a los muertos bajo tierra.
Las acciones dañinas
Pero por su naturaleza ambivalente Tokwa’j no solo hizo buenas acciones sino también malas como enseñar la infidelidad a los hombres, les enseñó a emborracharse y pelear, pero también a asesinar e impulsar guerras.
[caption id="attachment_228703" align="alignnone" width="1020"] Wichís, aborígenes argentinos[/caption]
Wichis era el nombre originario que recibían los integrantes de una etnia indígena del Chaco Central y del Chaco Austral. En Argentina pervive esta denominación y significa “gente”. En nuestro país los wichís son denominados weenhayek que significa “diferentes”. Sin embargo, antiguamente para denominar a estos dos grupos indígenas del Chaco se utilizaba la palabra “matacos”, empero, más tarde numerosos escritores explicaron que este vocablo provenía del quechua y tenía significado despectivo.
Por la naturaleza de su creación este ser nunca fue considerado una deidad
Para fines de este reportaje usaremos el antiguo término, desligando su mal significado y solo lo emplearemos con el fin de hacer alusión a estos dos grupos. Así comenzaremos explicando que en el mundo “mataco” (de wichís y weenhayeks) siempre ha sobresalido lo mítico, personajes complejos que tenían similitudes o directa relación con los dioses. Personajes que han sido creadores de ríos, que han inventado el fuego y que han dado un orden a la vida de este pueblo. Uno de ellos es Tokwa’j, quien forma parte de la tradición oral de estos originarios.
Para describirlo nos remitimos al escrito del Dr. Edgar Ortiz Lema, quien ha investigado mucho sobre el tema. En sus hallazgos describe que esta personalidad mítica no sólo se constituyó en el intermediario entre los dioses y el hombre sino en el innovador de varias técnicas. Entre sus características está su inteligencia picaresca inigualada, pero también se muestra como un tonto en algunos pasajes míticos.
Según la tradición oral el Creador del Universo les prometió a los “matacos”-antes de su partida definitiva- que no los abandonaría jamás, y cumpliendo esa promesa ordenó al señor de “Todos los Demonios” (Ajatáj) que creara a Tokwa’j como un nexo de unión entre los hombres y los dioses.
Por la naturaleza de su creación este ser nunca fue considerado una deidad, según Ortiz, Ajatáj hizo un muñeco de barro, lo sopló y éste se convirtió en hombre. Más aún, a pesar que fue creado por el Dios de los demonios no entra en la clasificación demoniaca.
Se trata solamente de un humano, inteligente, loco, pícaro y siempre al lado de estos nativos. Se dice que el tiempo originario y el presente se conectan a través de él. No se trata de un ser maligno, sino de un intermediario.
Según cuenta Ortiz Lema este personaje se burla de los animales, de los dioses y de los mismos hombres. Don Mariano Segovia que en mataco se llama Nowajé cuenta que un día Tokwa’j resolvió engañar al tigre y para ello se presentó ante él comiendo un sabroso pedazo de carne. Cuando el tigre le preguntó de dónde lo había obtenido, le respondió que era su propio corazón que lo extrajo metiendo la mano a su cuerpo. El tigre engañado por Tokwa’j le rogó que haga lo mismo. Tokwa’j, ni corto ni perezoso, efectuó la operación y mató al tigre.
Pero la tradición oral cuenta también que cuando tiene hambre engaña a los pájaros, diciéndoles que si quieren parecerse a él deben zambullirse en una laguna. Cuando lo hacen Tokwa’j los espera dentro de una laguna, los despluma y se los come
Para Aurora Gallego, quien también investigó sobre el tema, “Todo pueblo primitivo posee un actor protagonista dentro de su mitología, conocido entre los etnólogos como el transformador, debido a que este personaje suele transformar al mundo, dándole su actual conformación. Se trata de un héroe cultural o también artero…, funciona como un transformador que establece el orden actual de las cosas e interviene activamente en los problemas del hombre y del mundo.
Según Ortiz Lema dos características esenciales posee Tokwa’j: la de poder sufrir cambios en su ser (metamorfosis) y la de tener naturaleza ambivalente.
De acuerdo a Gallego y Ortiz la primera que es inherente a su esencia, le permite enfrentarse con éxito a las más inverosímiles circunstancias, tiene dos formas principales a las que recurre y que específicamente le fueron atribuidas: la de humano, con figura de hombre y la de animal con figura de perro.
Originalmente Tokwa’j fue creado con figura de hombre, partiendo del barro, sin embargo, Ajatáj, modeló inmediatamente una figura de perro, y señaló a Tokwa’j “que ésta será la otra figura que podrá adoptar durante sus andanzas. Sin embargo, por su naturaleza de Aját en circunstancias de peligro podrá cambiarse en cualquier otra forma. Pero las figuras propias serán siempre las de hinnó (hombre) y sino’j (perro).
Más aún, en todos los relatos de este pueblo este personaje intenta asemejarse a otros seres o imitar sus acciones. Uno de los rasgos que se destaca es su posibilidad de sustituir partes de su cuerpo o de unirlas cuando se desprenden.
Otra característica interesante es su naturaleza ambivalente que lo hace actuar como un hombre y a veces como un inocente niño. Las acciones de Tokwa’j son buenas y malas.
Su labor de intermediario
Pero ¿qué acciones lo convierten en un héroe entre los matacos? Se cuenta que antiguamente los “matacos” comían los alimentos crudos y fue Tokwa’j quien les enseñó la técnica de cocerlos, pero para ello, tuvo que ingeniárselas y obtener el fuego. La obtención del fuego aparece en la mayoría de los relatos míticos como obra de este personaje.
Añadido a eso le atribuyen la formación de los ríos tras la liberación de las aguas. Según los relatos las aguas y todo lo que contienen estaban almacenadas en un gran árbol de Yuchán (palo borracho). El dueño de esas aguas y de los peces, Chila’j, prohibió expresamente flechar al pez Dorado. La transgresión cometida por Tokwa’j, hizo que se rajara el Yuchán, habiendo originado con este hecho la formación de los ríos Bermejo (Tewkitáj) y Pilcomayo (Te- wok).
Los “matacos” también llegaron a considerar firmemente que Tokwa’j, en una acción benéfica enseñó las prácticas terapéuticas a los chamanes. Empezó por elegir a un joven a quien le enseñó todo lo concerniente a las funciones de chamán, posteriormente, lo transformó en un Aját Welán, encargado de preparar e iniciar a nuevos chamanes.
Según Ortiz Lema, “Tokwa’j es omnipresente en la vida cotidiana de estos pueblos, a él se debe que los hombres hayan aprendido variadísimas técnicas, gracias a él aprendieron cómo cazar los diferentes animales, a distinguir entre cuáles cazar y cuáles no, cómo pelarlos, desplumarlos e incluso prepararlos; sin sus enseñanzas los hombres no supieran cómo confeccionar las redes para pescar, sean éstas de tijeras o de bolsa, cómo fabricar el arco y la flecha, y cómo utilizar el perro y la soga en labores de caza, y, no sólo eso, sino también, enseñó a los perros a olfatear a las presas. La apetecida miel hubiera sido imposible encontrarla si Tokwa’j no les hubiera enseñado cómo hacerlo”.
La recolección de los frutos, las reglas de su distribución y el compartirlos entre todos, es también obra de Tokwa’j, como son las de enseñar a las mujeres cómo recolectar el chaguar (bromilácea) a meterlo al agua sobre el fuego, a rasparlo hasta obtener fibras del grosor del hilo, a darle color utilizando tinturas, a tejer con esas fibras bolsas llamadas llicas para transportar los efectos personales.
En un resumido recuento de estas obras benéficas, que enseñó, podemos anotar aquella referida a la forma de combatir las tempestades sacudiendo los porongos.
Es el autor de algunas costumbres como la de prohibir a las mujeres salir fuera de sus chozas cuando el arco iris es visible, o acercarse al río cuando tienen su regla, para evitar que los peces desaparezcan. El enseñó a enterrar a los muertos bajo tierra.
Las acciones dañinas
Pero por su naturaleza ambivalente Tokwa’j no solo hizo buenas acciones sino también malas como enseñar la infidelidad a los hombres, les enseñó a emborracharse y pelear, pero también a asesinar e impulsar guerras.
[caption id="attachment_228703" align="alignnone" width="1020"] Wichís, aborígenes argentinos[/caption]