Abel Pintos canta las ruinas íntimas del amor en “La Culpa”
El músico argentino estrena una canción atravesada por preguntas incómodas sobre las despedidas, acompañada por un videoclip que convierte el paso del tiempo en una espiral visual.
Hay rupturas que no sanan, permanecen abiertas durante años, habitadas por preguntas que regresan cuando ya parece demasiado tarde para responderlas. En ese territorio emocional se mueve “La Culpa”, el nuevo sencillo de Abel Pintos, una canción que observa el final de una relación sin buscar culpables absolutos ni ofrecer consuelos fáciles.
A lo largo de más de tres décadas de carrera, Abel Pintos construyó una obra marcada por la exploración de los vínculos humanos. Desde sus comienzos como una de las grandes voces del folklore argentino hasta su consolidación como figura central de la canción popular contemporánea, el artista bahiense ha desarrollado una escritura cada vez más interesada en los matices emocionales. “La Culpa” continúa ese recorrido.
La canción se detiene en aquello que suele quedar suspendido después de una separación, en las palabras que nunca llegaron a decirse, los silencios que fueron creciendo entre dos personas y la dificultad de medir responsabilidades cuando una historia compartida empieza a desarmarse. Pintos evita el dramatismo grandilocuente y prefiere trabajar desde una fragilidad reconocible, cercana.
Esa misma búsqueda aparece en el videoclip dirigido por Niko Sedano, una pieza visual que encuentra una idea tan sencilla como inquietante. Toda la historia sucede dentro de un mismo living. Allí transcurren distintas etapas de una relación interpretada por Inés Palombo y Fabio Di Tomaso: encuentros, rutinas, gestos mínimos, momentos de cercanía y pequeñas fracturas que se acumulan con el tiempo.
La particularidad está en la forma de mirar. La cámara avanza constantemente hacia un televisor encendido. Cuando la pantalla ocupa todo el encuadre, el espectador descubre una nueva escena dentro de ella. Luego otra. Y otra más. Cada fragmento contiene al siguiente, como si los recuerdos estuvieran atrapados en un mecanismo infinito donde pasado y presente conviven simultáneamente.
El recurso podría haber sido un mero ejercicio estético, pero dialoga de manera precisa con el corazón de una canción que retrata esa tendencia a revisar una y otra vez las mismas escenas cuando una relación termina, buscando una explicación que nunca resulta definitiva.
Con “La Culpa” de Abel Pintos, está claro que hay canciones que no necesitan levantar la voz para dejar una marca profunda.





