La épica intimidad del grabado: Tarija recibe al III Concurso Nacional Miniprint Bicentenario
En la Casa de la Cultura, 54 obras en pequeño formato revelan la potencia poética y política del grabado boliviano, con Tarija como escenario y testigo.
En tiempos en que el arte tiende a lo monumental y a la sobreexposición digital, el miniprint propone lo contrario: una resistencia desde lo diminuto. La tercera versión del Concurso Nacional Miniprint, organizada por Ágora Taller Cultural, llegó a la Galería de la Casa de la Cultura de Tarija con 54 obras que condensan, en centímetros de papel, siglos de oficio, historia y pensamiento visual.
Lejos de ser una limitación, el pequeño formato es “una invitación a la síntesis, al detalle y a la contundencia de lo esencial”. Participaron grabadores de Oruro (8), Tarija (5), La Paz (18), Sucre (1), Potosí (3), Cochabamba (3), Santa Cruz (13) y El Alto (3), reflejando un mapa vivo de la gráfica boliviana.
Tres ganadores, tres técnicas, una misma intensidad
El jurado, integrado por Jaime Guzmán (Oruro), Óscar Velásquez y Lucio Guarachi (La Paz), premió obras que, sin ser obligatoria la temática del bicentenario, dialogaron con ella en técnica y concepto:
Las menciones honoríficas fueron para Modesta Isabel Soruco Gonzáles (“Diablitos de Yesera”), Gilberto Darío Rodríguez Peralta (“Epifanía de la Virtud burocrática, o la carcoma de los principios”), Edwin Enrique Cartagena Arancibia (“Diversidad”) y Matías Santiago Ramos Rivera (“Gran Poder”).
La trama invisible que sostiene el concurso
El grabador y gestor Carlos Cordero recuerda que, aunque el Miniprint es bienal, esta edición coincidió con el bicentenario:
“Tuvimos la suerte de poder hacerlo bajo esa temática… y el apoyo de instituciones como Vinos Vilte, RT Colección de Grabados y Canson Bolivia fue clave. Esto lo hacemos desde la autogestión, con un propósito claro: difundir, visibilizar y promocionar a nuestros grabadores, emergentes o consolidados.”
Además de los auspicios, el concurso se nutrió del impulso de talleres en varias ciudades: desde Paulo Paricagua en Tarija, que alentó a nuevos artistas locales (logrando un premio y una mención para el departamento), hasta espacios como el Taller de Altura 3700 en Oruro, con Edwin Cartagena, y el área de artes de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno en Santa Cruz, con Daniela Terceros.
Itinerancia y futuro
El objetivo es que el Miniprint viaje por todo el país, acompañado de demostraciones y talleres. Tarija es apenas una estación, y se proyecta llegar a Potosí en septiembre y, en 2026, a Sucre, Oruro, Cochabamba y Santa Cruz. La mirada ya apunta al 2027 para la cuarta versión, y a una ambición mayor: lograr un concurso internacional latinoamericano que, eventualmente, abra sus fronteras al mundo.
En la galería, los grabados están a la venta sin marco, y cada participante recibe estampas de otros artistas, generando una red de intercambio y coleccionismo que refuerza la dimensión comunitaria del evento.
Pequeños en tamaño, inmensos en resonancia, los miniprints del Bicentenario no solo celebran una técnica; interrogan la historia, trazan un mapa del arte boliviano contemporáneo y, desde el silencio de la tinta y el papel, reclaman un lugar en la memoria cultural del continente








