“Contrastes”, la fuerza de un ariete en el arte tarijeño
¿Puede una galería ser a la vez refugio, espejo y campo de batalla? Una exposición audaz llega para sacudir la calma artística tarijeña, al menos hasta hoy, en la Galería de la Casa de la Cultura.
Hay exposiciones de arte que decoran las paredes. “Contrastes” pertenece a la categoría de las que interpelan. La muestra colectiva, disponible hasta hoy en la Galería de la Casa de la Cultura, es un conjunto de obras bien ejecutadas que plantean un diálogo a veces incómodo y siempre necesario. En palabras de su curador en Tarija, el artista Reinerio Subelza Delgado, la muestra llega “con la fuerza de un ariete a nuestro espíritu adormecido de cotidianeidad y desesperanza”. Esa fuerza se siente desde la primera mirada.
Subelza propone en su texto curatorial que nos despojemos de “prejuicios estéticos” para escuchar la voz de cada obra. Habla de creaciones “muy honestas” que han sido “trasuntadas, desde algún espacio misterioso, a este otro espacio que llamamos realidad”. Esta visión mística enmarca una colección de artistas mayoritariamente paceños cuya llegada a Tarija rompe con la tendencia costumbrista que a menudo define el panorama local. Aquí no hay tanto paisaje chapaco como paisaje del alma, y un universo de simbolismo, surrealismo, abstracción y realismo fantástico nos obliga a mirar hacia adentro y hacia afuera.
El primer contraste es el de la mirada. La exposición está dominada por la presencia de artistas mujeres, como Gilka Wara Liberman, formada en la rigurosa plástica mexicana; Susana Cayoja, quien transita con maestría entre la cerámica y el diseño; la gestora y grabadora Tania Aneiva; o Silvia Mamani, escultora emergente. Sus obras dialogan con las de sus colegas masculinos, Yasmani Espejo, Jorge Aranda, Flavio Ochoa Quispe y Francisco Flores Garnica, quienes hacen de la figura femenina el eje central de sus exploraciones de la piedra, el metal y la madera, tejiendo así una conversación sobre el cuerpo, la identidad y el ser mujer, contada desde la propia piel y la admiración externa.
En este cruce de perspectivas, la voz de la única artista tarijeña, Edith Paz Zamora, resuena con una intimidad conmovedora: “Pinto mujeres con cuellos largos porque representan una mirada que va más allá. Pinto ojos grandes porque son ventana al alma”. Sus figuras son íconos de una feminidad que es a la vez fuerza y vulnerabilidad, un ancla local en un mar de visiones foráneas.
Otro tema poderoso es la naturaleza, no como telón de fondo, sino como entidad activa y sufriente. La obra de Milka Ponce es emblemática en este sentido, y se presenta como una forma de “resistencia y amor por el planeta”, una trinchera de color contra la crisis climática y el extractivismo. Es la conciencia colectiva de una generación de artistas que ya no se permite el lujo de crear en una burbuja, y cuyo trabajo dialoga con la historia, desde el telurismo de un Cecilio Guzmán de Rojas hasta las preocupaciones ecológicas contemporáneas.
Pero el contraste más agudo no cuelga de las paredes. Mientras la entrada a la galería es gratuita, un gesto que celebra el arte como bien público, las etiquetas de precios cuentan la historia de un mercado del arte que inevitablemente sigue siendo un producto exclusivo. En medio de una crisis económica que aprieta el bolsillo de la mayoría, la adquisición de una de estas obras es una quimera. Y ahí radica la gran paradoja de “Contrastes”: es una exposición que busca romper barreras espirituales y estéticas, pero que al mismo tiempo levanta los muros invisibles de la realidad económica. Un banquete para los ojos, en una mesa a la que pocos pueden sentarse a comprar.
Pese a ello, la clave es la invitación de Subelza Delgado a recibir estas obras “con las ventanas del alma, abiertas de par en par”, más sabiendo que se trata de una oportunidad fugaz. “Contrastes” es un desafío, una ráfaga de aire fresco y un espejo complejo de nuestro tiempo. Hay que visitarla no con la intención de poseer, sino con la de ser poseído por un instante. Hay que ir a escuchar ese “canto profundo del Colectivo Artístico”, una polifonía de voces nuevas que, por unos días, nos recuerdan que el arte no es solo para ser visto, sino para que nos vea.








