Día Internacional del Cóndor
Cóndor Andino: el símbolo olvidado de la identidad tarijeña
En Rosillas, una familia protege desde hace 25 años a los señores del cielo, demostrando que la conservación y el turismo sostenible pueden crear un futuro donde el “Rey de los Andes” vuele sin fronteras.
Este 7 de julio, el mundo conmemora el Día Internacional del Cóndor Andino, y Tarija tiene una historia de más de tres mil metros de altura, donde cerca de 200 cóndores andinos hallan refugio en las montañas de Rosillas, haciendo de la región un santuario natural con la capacidad de redefinir la identidad tarijeña.
Julia Peña lleva más de 30 años observando el cielo. Desde que llegó a Rosillas en 1991, esta mujer ha sido testigo de un desconocimiento que se ha transformado en respeto. Ella y su familia se han convertido en los principales guardianes de una especie que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza cataloga como “Casi Amenazada”.
“Aquí en Rosillas los llamaban cuervos, y hacían bromas acerca de preparar sopa de cuervo, y que la carne negra estaba rica. No sabían lo que era”, recuerda Julia. La ignorancia se disipó cuando su compañero, Vincent Danhier (†), identificó correctamente a estas aves majestuosas. Así nació en el año 2000 el proyecto “Valle de los Cóndores”, un emprendimiento familiar que combina turismo sostenible y conservación activa.
Ave sin fronteras
El cóndor andino (Vultur gryphus), Kuntur Mallku, conocido como el “Rey de los Andes”, es una de las aves más emblemáticas de Sudamérica. Con 1,3 metros de altura, 3 metros de envergadura y hasta 18 kilogramos de peso, estos gigantes del aire ejercen un rol fundamental como limpiadores naturales del ecosistema, consumiendo carroña y evitando la proliferación de bacterias nocivas.
De plumaje negro, resaltan las plumas blancas que llevan en el cuello. Los machos se diferencian de las hembras por una cresta carnosa sobre la cabeza y el pico, y por tener mayor tamaño. Pueden comer hasta dos kilos y medio de carroña y acumular grasa suficiente para sobrevivir varias semanas sin comida.
En Sudamérica no existen más de 7,000 ejemplares, y Argentina y Chile concentran la mayor población con unos 2,000 individuos. Bolivia, y específicamente Tarija, alberga una población que se extiende desde Rosillas hasta San Francisco, El Carmen y el Abra de San Miguel, conformando un corredor biológico de importancia continental.
“Me gustaría que aprendamos del cóndor que no tiene fronteras”, reflexiona Julia. “Todos los proyectos de protección son tripartitos, con países como Argentina o Paraguay. Se tiene que trabajar de forma unida para protegerlo, porque de nada sirve que nosotros hagamos algo si lo matan en Argentina o en otro lado”.
La tragedia de Laderas
La fragilidad de esta especie quedó demostrada trágicamente en Laderas, donde 34 cóndores murieron envenenados. “No es que quieren matar a los cóndores”, explica Julia. “Hubo un puma que bajó y mató a las ovejas de un comunario. Y él quiso matar al puma envenenando una oveja muerta. Pero los cóndores se la comieron, y como ellos comen en comunidad, y vuelan desde lejos para encontrar comida, entonces la posibilidad de que otros se envenenaran fue alta”.
Este desastre ambiental dio origen a la Ley 1525 de protección del Cóndor Andino y reforzó la importancia de iniciativas como la del Valle de los Cóndores, donde el turismo responsable se convierte en una herramienta de conservación.
Desafíos del turismo de conservación
El modelo desarrollado por Julia y sus cuatro hijos (Eva, Hugo (Phuyu), Salvador y Max) demuestra que es posible generar ingresos sin alterar el comportamiento natural de las aves. “Nosotros no damos carroña a los cóndores para asegurar el avistaje”, enfatiza Julia, diferenciándose de otros destinos turísticos.
En Rosillas, los visitantes deben caminar entre 6 y 8 horas hasta la cima de la montaña, respetando el hábitat natural de los cóndores. “Por eso le decimos a los turistas que, si tienen suerte, van a observar cóndores. Y si no, van a ver aguiluchos, halcones, colibríes, y toda clase de pájaros paseriformes”, explica Julia, quien reporta un 80% de éxito en el avistaje.
Los cóndores enfrentan múltiples amenazas: son especies monógamas con baja tasa de reproducción (ponen un huevo cada dos años), sufren cambios en su hábitat por factores ambientales, y siguen siendo víctimas de envenenamiento accidental y caza furtiva.
“Lo interesante es ver cómo ellos ponen un huevo cada dos años. Y el macho y la hembra crían juntos a un solo cóndor hasta que vuela. Entonces, es un tiempo largo que dedican a la crianza, por eso es que están amenazados”, detalla Julia.
El proyecto familiar ha logrado involucrar a la comunidad local. “En 2005, hicimos un proyecto de difusión en escuelas, y ahora se ve que los niños dibujan cóndores en sus paisajes”, cuenta Julia con orgullo.
El vuelo de la conciencia
Julia no oculta su preocupación por la falta de interés académico en la región. “Hace poco tuvimos una convención de ornitología en la Universidad Católica, pero no llegaron alumnos. No sé si no hay interés, o no se hizo publicidad, pero son encuentros de investigación muy importantes, y parece que en Tarija no queremos ver esta situación que tenemos que estudiar”.
Su mensaje es claro: “A mí me gustaría que la respeten, que no se envenene animales, porque es trágico. Me gustaría que realce su presencia en esta parte de Bolivia, porque el cóndor está en nuestros símbolos, en el arte andino”. En efecto, en la mitología andina el cóndor es considerado como el representante del Janaq Pacha.
En este Día Internacional del Cóndor Andino, Tarija tiene la oportunidad de reconocer en estas aves majestuosas no sólo un símbolo patrio, sino un puente hacia una identidad regional que abraza la conservación como herramienta de desarrollo sostenible.
“El cóndor lo tenemos que estudiar”, concluye Julia. “Me gustaría que la gente tome conciencia de la nobleza de estos seres que limpian las montañas”. Un mensaje que vuela alto, como los cóndores que desde hace 25 años encuentran en Rosillas un hogar protegido por una familia que entendió que conservar es también una forma de resistir.
Para quienes deseen vivir esta experiencia de conservación, el acceso a Rosillas se realiza mediante transporte público desde el Mercado Campesino de Tarija, con un recorrido de aproximadamente 1 hora. Rosillas se encuentra a 2,088 metros de altitud, y el Refugio del Valle de los Cóndores a unos 62 kilómetros de la ciudad de Tarija, y desde allí comienza la caminata hacia las montañas donde habitan los cóndores.
En la portada, la foto de un cóndor andino, por Marian Florinel Condruz (pexels).








